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sábado, 17 de diciembre de 2022

MI CASAAAAAA…


Hasta ET quería su casa.

Dicen que los españoles somos de los europeos que más interiorizado tenemos el afán de que la casa en que vivimos lo sea en propiedad. Dicen que los europeos tienen menos mentalidad de propietarios que nosotros, y que son muchos los que acaban sus días viviendo, tal como empezaron, de alquiler. 

Aquí, lo reconozcamos o no, consideramos a los jubilados o a los ancianos que no han alcanzado el estatus de propietarios llegados a la senectud poco menos que unos fracasados.

No sé si esto es así porque en España se haya favorecido de algún modo el acceso a la vivienda (bueno… sí lo sé, jeje… esto es retórico) o bien porque, sea cual sea el panorama económico y los incentivos o palos en las ruedas que nos coloquen en nuestro camino hacia la ansiada condición de propietarios, nosotros nos enrocamos en ese empeño, y aunque suponga no volver a poder disponer de tres días de vacaciones, ni poder tomar una caña alegremente sin desestabilizar el presupuesto mensual, y nos garantice además vivir en una constante zozobra y estado de renuncia, la tierra prometida que nos espera al final de semejante vía crucis nos resulta tan deseable que no nos importa el calvario previo.

El mercado, la oferta y la demanda, rige el precio de venta y también el de alquiler. Puede darse, y prometo que se da, el hecho de que en algunas ciudades pequeñas, incluso en algunas capitales de provincia, un funcionario de la parte media del escalafón o un empleado de banca o de empresas solventes, que tienen un salario fijo y no del todo miserable, puede adquirir una buena vivienda, con el triple de metros cuadrados, mayor luz, más céntrico y con mejores acabados que los mismos ciudadanos, con idénticas condiciones salariales, en una gran ciudad como -paradigma de la locura inmobiliaria- Madrid. 

En caso de no entrar entre sus planes adquirir una vivienda, pueden permitirse sin problema alguno alquilar viviendas con las características que menciono, mientras en Madrid lo que pueden alquilar es un zulo húmedo y oscuro, sin ventilación, en el que la cama se tiende sobre una estructura que sobrevuela la nevera y el sofá está a medio metro de la línea del fregadero… o menos.




Una vivienda en propiedad no es un bien imprescindible para vivir; pero una vivienda, a secas, sí lo es. 

Que un joven de más de treinta años (por ejemplo, es un suponer) no pueda independizarse de sus padres salvo que acepte compartir piso con un extraño (o varios), no sé si puede ser considerado un contexto aceptable y ‘normal’ en la evolución sociofamiliar de la juventud de un país.

Puede o debe el Estado intervenir de algún modo en la regulación de los mercados, tanto de venta como de alquiler de viviendas para garantizar, o al menos acercarse un poco, al concepto de garantía que los derechos fundamentales contemplan??


La especulación y el pelotazo es una tentación difícil de rechazar cuando se está en situación de sacar tajada de vender por cantidades astronómicas algo que se heredó o que costó infinitamente menos. Aprovechar el rebufo de la demanda para alquilar a precio de palacete la cuadra en que se ponía a defecar al perro es algo humano y esperable… Pero alguien podría poner algo de orden en esta caótica situación?? Debería hacerse o es un intervencionismo que podría evitarse con alguna otra estrategia que a mí se me escapa??

Pues me lo cuente, quien pueda y quiera… porque comparo lo que mi hija podría permitirse en mi localidad y lo que le va a tocar penar y aguantar soltando mensualidades a fondo perdido para la agencia; largándose de la casa pese a haber firmado contrato prorrogable por 5 años porque el propietario se reserva la posibilidad de reclamarlo para sí o para familiar de primer grado justo cuando se cumple el primer año; … dejando que lo enseñen en su presencia o ausente, si se le ocurre al casero que quiere ponerlo a la venta y prefiere (el inquilino) aguantar eso que largarse directamente para que lo ocupe el dueño (que es la otra vía que se reserva)… aunque luego lo venda…

De verdad, qué selva de fieras rabiosas, hambrientas y capaces de cercenarte una mano de una dentellada mientras la alargas para saludar…

zim

PS: disculpas porque he escrito esto ahora mismo y del tirón, más que en caliente, en ardiendo… que estoy que echo humo. NI negritas, ni imágenes ni niño muerto. No he cuidado nada. Sorry.

sábado, 10 de septiembre de 2022

.y seguído.

 Así titularía mi obra literaria, esa que jamás escribiré. .Y seguido.

¿A quién leches le interesa ya leer biografías de gente gris? casi sin altibajos sociales. Sin escollos ni aventuras dignas de mención, y sólo quién las sufrió o gozó, guarda recuerdos de ello. Recuerdos felices o dolorosos ¿A quién?

Desde una misérrima niñez plagada de piojos y hambres, pasando por la dureza de trabajos infantiles pero durísimos.

Y para liberarte de eso tirarte de un avión en marcha hasta 19 veces y salvarte por los pelos de la desgracia de algunos compañeros que quedaron desgraciados de por vida allá en el Aaiún.

Y, si una ventolera me da un día, ya habrá alguien con meridiana intención de llamarme al orden, señalándome como un plasta harto de tintorro garrafero, no, no.

Me quedo en este estadio de ignorante al 75% y autodidacta que me precede.! Total para lo que me queda en este convento...créanlo, no merece la pena. Mí retirada será pródiga en conocimientos ganados desde la nada pues no fue la universidad quién me enseñó, no tuve esa opción de cultivarme. Pero no es mi hándicap, no, es mi orgullo.

Hay políticos mil veces más bestias y carcas que yo. Y de ricos multimillonarios ni te cuento. Pero cuentan con el "poderoso caballero" que citaba Quevedo.

Hoy sería -quizás un subteniente del ejercito con una curiosa paguita bastante más digna que la actual y sin que la piel se hubiese quedado en el camino.! Cosas de la vida, y de no saber elegir el mejor árbol a donde arrimarmate.

Hoy batallando entre compañeros que siendo de mi misma fila nos cuesta "uno" de los dos ponernos de acuerdo en quién es más culpable en esa maldita (como todas) guerra y las otras que no se nombran a diario pero que siguen consumiendo vidas y recursos necesarios para la humanidad.


Unos que piden la retirada inmediata de una parte sin acordarse de que la otra parte también está invadiendo y esquilmando los recursos de paises débiles en armas. Otros que piden la fulminación de los imperios que ejercen la tiranía asesina de quemar vidas, pueblos y naciones y además robándoles cuanto pueden.

Aquí es donde creo que está el quid de la discusión y del no entendimiento.

Vergonzoso, que en el siglo que estamos con los medios de que disponemos y que un pais se permita  por el uso de las armas someter a otros y robarles impunemente sus recursos, amen de su dignidad. Totalmente vergonzoso.

Toda la culpa de los males del siglo pasado se la reparten los rusos y los alemanes,! Ya quisieran los más pobres de USA disponer de los beneficios que tuvieron aquellos. Ni de lejos soñarán con lo que tenían los libios. Ni quizás un Venezuela con sus carencias.

!!!¿Qué le pasa a la humanidad, cada día más entregada en los lauros de un falsa opulencia, qué le pasa?!!! 


¿Cómo no hay en cada árbol un rebelde apostado, dispuesto a todo para acabar con esta aberración de statu quo que nos invade y asfixia que nos sumerge en un estado cataliptico como zombies. Este fétido azote de Universal y loca Injusticia ¿Nunca va a tener fin, puede esta remedo de sucia democracia ser eterno?

Por el bien de la humanidad esperemos que no. Lo malo conocido no siempre es mejor que lo bueno por conocer. No.

Tenía que decirlo.


Antonio RL

viernes, 5 de agosto de 2022

CADA LOCO CON SU TEMA

Si uno observa la naturaleza, puede colegir que hay una energía de cohesión y avance que ha dado lugar a la vida y a la inteligencia humana. Esa tendencia se equilibra con el caos, con catástrofes de extinciones masivas y con la muerte imprescindible para dejar paso a nuevas generaciones. 

Pero si uno analiza la sociedad, llega a la conclusión contraria: las tensiones son mucho más patentes que los acuerdos y la brutalidad empaña la esperada inteligencia colaborativa. Y eso a pesar de que cada civilización surgió de un consenso donde el beneficio común, aun mal repartido, exigía cierta cooperación. Llegamos al siglo XXI con herramientas inimaginables y poderosísimas: Internet para acceder a las fuentes pero también difundir Mentiras; los avances en medicina y en neurociencia; la tecnología que nos puede hacer más fácil la vida pero que recalienta el planeta y lo llena de basura. 

El colmo, las guerras que nos arruinan. Si miramos más cerca, tenemos políticos que son actores "la voz de su amo", empresaUrios, trabajadores que aborrecen lo que hacen y personas capacitadas que no tienen acceso a un puesto de trabajo digno. El colmo, los pensionistas al límite.



Pero es que el vecino es un insolidario, el cuñado es prepotente y hasta la pareja está en un bucle de insatisfacción que oscila entre el hastío y la depresión. Qué panorama, si se añade los achaques propios y los problemas del día a día.

La Derecha aplaude al millonario y defiende al corrupto, la supuesta Izquierda consiente la estafa de la "subasta energética" y no plantea soluciones para el pueblo. Media España ha dejado de votar, pero tampoco se implica en su barrio. Aquí termina el sermón de Jeremías el Llorón, y se abre el gran interrogante: ¿QUÉ HACER ante tantos problemas y tanto individualismo?

Porque es obvio que muchos han tirado pá lante sin pensar: los que viven de la explotación, sus beneficios se han duplicado; los explotados, bastante tienen con llegar a fin de mes sin que les corten la luz, les desahucien ni les despidan. Quedamos aún millones que aún tenemos cierto margen de recursos y de libertad: ni sobrevivimos al límite ni estamos con la conciencia acorchada por el dinero.


Supongo que, sin hijos, ese camino es muy tentador: "Ande yo caliente..." "El que venga atrás, que arree". Pero es muy duro soltarle eso mirándoles a los ojos: "Te dejo una mierda de mundo, con muchas menos oportunidades de las que dispuse yo y con una situación ecológica, económica, política y ética al borde del abismo".


El enfoque para que mis hijos no pierdan la cordura, la esperanza ni la dignidad es concebir la vida como una obra de teatro. Recoger PARA EMBELLECER la idea de Calderón en La vida es sueño, y de Shakespeare en Macbeth, Acto V, Escena V:
La vida no es más que una sombra en marcha; un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario y después no vuelve a saberse de él: es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada”


Cada uno hemos subido a un escenario que nos ha sido dado, concebidos por unos padres no elegidos y en estos momentos estamos rodeados de personajes con quienes apenas congeniemos y que ni siquiera entienden igual ciertos conceptos. Pero tenemos la libertad de posicionarnos en los muchos huecos que hay libre; sólo el Rey tiene reservado el trono para su penoso papel de espermatozoide privilegiado. Y de empezar a elegir el texto que decimos, la coherencia de éste con los actos que realizamos y los compañeros de actuación, incluso el adversario que merece la pena enfrentar y no perder el tiempo con enemigos furibundos o tóxicos.


Como me he pasado la vida trabajando con la infancia, mis metáforas tienden mucho al jardín de infancia donde se cultivan todos las facetas de cada niño. Y propongo que ese papel teatral que cada uno asume y construye sea UNA CANCIÓN. Porque la música es más antigua que la palabra, y es capaz de trancender idiomas y culturas. Porque el Universo tiene su propio ritmo y la Tierra su propia melodía vital que no se abarca con explicaciones científicas sino con la escucha silenciosa, desde el respeto al entorno y con la admiración por tanta belleza que llena nuestros sentidos.

Ese sentimiento de actuar o contemplar intuyendo una Armonía es lo que hace que el albañil sepa que construye hogares, que el tendero sienta que ofrece alimentos, que el administrativo colabora en hacer la vida más fácil a las personas en sus gestiones. Es lo que dignifica el estudio para aprehender el mundo que nos rodea , cómo nos afecta y buscar cómo mejorarlo. Es lo que nos puede proteger de quienes "desafinan" con delitos, corrupción o maldades y asumir que el Caos también participa en el escenario pero que hay formas de distanciarse y disminuir el daño que generan personas enfermas, ignorantes, crueles o egoístas. Una minoría. Todos nos consideramos Protagonistas de nuestra película, y pobre de quien se sienta "actor secundario" por estar al servico de su familia de su Dios (oigo voces"). Pero en el escenario de cada vida hay decenas de actores que se cruzan, apoyan, interfieren, enriquecen o echan la zancadilla. Por experiencia, calculo que hay una décima parte de personas negativas, y sólo un uno por ciento son profundamente malas en su comportamiento: dañinas a conciencia y con poder para perjudicar. Me refiero a que nunca se puede dejar que esas personas lleven la voz cantante en nuestras vidas, incluso si eso requiere alejarse y renunciar a la comodidad de lo conocido. Lo más triste son esa masa indiferente que se inhibe ante la injusticia. 

Y lo más gratificante, el compañero que da la cara, que protege o al menos nos acompaña. Y la lealtad recíproca que tanto tiene de verdadera heroicidad. Me encantaría que mis hijos entendieran ese juego de puntos de vista: uno es Protagonista de su vida, pero ha de aceptar y facilitar que sus amigos lo sean a su vez. Saber que hay personas que eligen papeles patéticos por su educación o que asumen roles atroces por su historia personal de maltratos o abandono. 

Los roles que vayan eligiendo a lo largo de su vida será lo más parecido a esa "esencia" que nos empeñamos en buscar y que sólo es un constructo mental. "Somos" tal cual, y un día "dejamos de ser",  así de simple.


Sentido Común

viernes, 24 de junio de 2022

LA CELESTINA, DE PLENA ACTUALIDAD

Para la encuesta de normas se ha pedido una nueva Entrada, y aunque creo que es entrar en una telaraña estéril y paralizante de leyes, jueces y abogados, ofrezco esta reflexión recién pergeñada con unos apuntes de repaso de literatura que me han hecho ver que "La tragicomedia de Calisto y Melibea y la puta vieja CELESTINA" (editada en 1499) es de rabiosa actualidad, que España tiene un color especial que no ha perdido después de 500 años: (pongo en MAYÚSCULAS las glosas que añado a los apuntes originales, más por recochineo que por aclarar lo que es decepcionantemente obvio).

  • Calisto, muestra del nuevo rico cuya vida se basa en las apariencias, representando así el cambio de valores de la sociedad del siglo XV. Inseguro, indolente, egoísta y amoral (transgrede cualquier norma para satisfacer su apetito erótico), es un personaje que carece de heroísmo, a quien el autor le reserva una muerte sin ninguna grandeza dramática. A veces, aparece grotesco ante sus criados, que lo ridiculizan (sobre todo, cuando utiliza un lenguaje ampuloso y afectado porque se siente desamado). Calisto no es un joven romántico al que guía la noble pasión del amor. El sentimiento que experimenta no es una fuerza benéfica, sino que le lleva a las mayores locuras. El autor presenta esta forma de amar como poco atractiva probablemente porque de ella extraerá su enseñanza moral. SEGURO QUE CADA UNO VE A SU POLÍTICO "PREFERIDO" REFLEJADO, Y A TANTO DIRECTIVO.
  • Melibea representa el ideal femenino de belleza que es común al final de la Edad Media y a todo el Renacimiento. Un retrato que tiene más de ideal y de sueño que de real. Pero aunque el retrato físico de Melibea pertenece a un ideal de belleza propio de una época, no así su personalidad. Melibea es ya profundamente individual; sabe actuar de modo práctico y directo, buscando enérgicamente aquello que anhela. Melibea, enamorada, ya no se detendrá ante nada. Pactará con la vieja, engañará a su madre y se entregará a Calisto. Cede a su pasión: no le importan la educación, el recuerdo de sus padres, ni tiene escrúpulos que la atormenten; es una mujer enérgica, apasionada, e incluso arrogante porque lo exige su pasión. ¿HABLAMOS DE LAS TREPAS EN CADA PARTIDO, DE LAS INFLUENCERS Y YOUTUBERS…? ¿PENSAMOS EN TODAS LAS CHICAS QUE SE CREEN QUE SE VAN A COMER EL MUNDO SIN TENER ALGUNA GUÍA ÉTICA ADEMÁS DE SU CAPRICHO?
  • Celestina es, sin duda, el personaje mejor logrado y el más complejo, cuyo antecedente más directo es la Trotaconventos del Libro de buen amor del Arcipreste de Hita (1330). Su móvil principal, su pasión, es la avaricia. Es la avaricia la que la lleva a pervertir a los criados de Calisto, por avaricia no se detiene ante nada ni le importan los medios. Su conocimiento de la naturaleza humana, el engaño, la falsedad, la pretendida compasión, el cinismo y la ironía, la hechicería y sobre todo su inmensa experiencia, todo lo pone al servicio de la avaricia. Celestina es un personaje que vive del vicio y de las bajas pasiones de los demás. Y todo esto lo aprovecha en beneficio propio. Pero sin los vicios y miserias morales de la ciudad, Celestina no sería posible. LA GRAN PUTA INTERNET, QUE LO SABE TODO DE CADA UNO, AMORAL Y DISPUESTA A CORROMPER INCLUSO A LOS NIÑOS…

○ Secundarios

  • Sempronio: representa a la servidumbre vinculada al provecho económico. Movido por el interés y la lujuria, es falso, desleal, cobarde y violento. LOS BROKERS, EJECUTIVOS DE MEDIO PELO, LOS PUBLICISTAS, LOS CONCEJALILLOS QUE PREGUNTAN "¿QUÉ HAY DE LO MÍO?"
  • Pármeno inicialmente se muestra fiel a su señor y le censura que quiera contratar a Celestina, pero más tarde, después de una lucha interior y de grandes dudas, claudica y acaba convirtiéndose en otro Sempronio. EL PURO QUE SE HA HARTADO DE SER EL PRINGADO…
  • Elicia y Areúsa: también se rigen por la constante búsqueda del provecho. Manifiestan repetidas veces su envidia y resentimiento hacia la clase dominante. Ambas encarnan el resentimiento. LOS MIEMBROS DEL LUMPENPROLETARIADO, QUE VIVEN DEL CUENTO…
  • Alisa y Pleberio son los padres de Melibea y tienen más importancia social que dramática. Son el reflejo de un matrimonio burgués, orgulloso de su hija y confiado en su inocencia. Pero su seguridad y confianza en la hija facilitan los manejos de Celestina y, en definitiva, el desenlace trágico. Alisa es autoritaria, pagada de su posición e ignorante en todo lo que se refiere a su hija. Pleberio es padre amoroso y preocupado por la seguridad económica de su hija, de la que, en definitiva, también lo desconoce todo. LOS PADRES SUPERPROTECTORES QUE NO QUIEREN VER QUE EL MUNDO SE DESMORONA Y QUE SUS HIJOS ESTÁN INDEFENSOS PORQUE NUNCA SE LES HA EXIGIDO TOMAR RESPONSABILIDADES EN SU VIDA.

En fin, ustedes son mucho más perspicaces que yo a la hora de encontrar paralelismos o rebatir las cuatro ideas esbozadas. Yo ya he cumplido mi labor de provocación, ahora toca el debate sobre hasta qué punto este siglo XXI tiene un atisbo de esperanza o es la vuelta a la Edad Media, oscurantista, asolada por la peste/covid y por la miseria/inflación.

Sentido común

domingo, 5 de junio de 2022

SÍ SE PUEDE, OBVIANDO EL RUIDO



Cambiar el mundo es posible: lo vemos cambiar cada día. Casi siempre creemos que es a peor, que la suma de las malas noticias que nos llegan supera a las informaciones y hechos positivos que conocemos. Pero si apagamos el Ruido de los medios de Des-información y sólo nos quedamos con lo que percibimos a nuestro alrededor, la vida de nuestra gente va fluyendo, a veces hasta alegre a trancas y barrancas.El planeta se ensucia, pero aún hay plantas y animales, bosques y océanos que volverán a revivir en cuanto los humanos dejemos de destruirlos. No está en nuestra mano el comportamiento de 8.000 millones de individuos, únicamente el propio que puede influir en unas cuantas personas y favorecer su mejora.

Ningún ser vivo es capaz de concebir el planeta, todos se limitan a desenvolverse en su instante vital. Ni siquiera el Universo "se piensa" a sí mismo: no es Dios, esa entelequia antropomorfa que piensa, diseña el futuro y, según los monoteístas, actúa sobre su pueblo elegido y ayuda a quienes le rezan.

El Mundo es un constructo humano y cada persona elabora su propia imagen del mundo, muy distinta a la del vecino. Es el sumatorio de todas esas imágenes, cada una multiplicada por su factor de poder (también arbitrario), lo que da como resultado el mundo colectivo donde se desarrolla la Humanidad.

¿Qué está en manos de cada persona?: acallar el Ruido que hace ineficaz el pensamiento y amarga las emociones. La propia mente es "la loca de la casa", la que salta de los rencores del pasado a los miedos al futuro y me impide percibir y actuar con eficacia en mi presente. Desde siempre ha sido así: los filósofos orientales milenarios (budismo, taoísmo) ya plantaban aquietar la mente para seguir un Sendero Correcto según la Consciencia de quien estuviera dispuesto a abrir los ojos frente a la fantasía aparente. "Para todos los demás"... la religión, llena de Ruido, de palabrería, de ritos, sacrificios y chamanes adoctrinando en la sumisión del pueblo al servicio de los gobernantes.

¿Qué ha cambiado después de tantos siglos? Para bien, el acceso a la información y a la cultura, la proclamación de los derechos humanos, tantos avances científicos y tecnológicos que han duplicado nuestra esperanza de vida. Para mal, el Ruido que manipula los contenidos, la forma de dar prioridad a la propiedad privada frente a las necesidades básicas de las personas, una industria volcada en el consumismo desmedido e irresponsable.
El Ruido de la des-información se encarga de descalificar cada iniciativa que logra tener relevancia y de acallar muchísimas experiencias de éxito que no interesa que sirvan de modelo. El Ruido en los debates y conversaciones se centra en demostrar al otro que no tiene nada de razón, en vez de escuchar en qué pequeño aspecto coincidimos y, a partir de él, ACTUAR en nuestro pequeño entorno para mejorarlo.

Por mi parte, tengo claro que cada día puede aportar algo en mi trabajo: recoger y apoyar las iniciativas en marcha, escuchar a las familias y acordar pasos que ayuden a resolver el conflicto. Entiendo que no hay Soluciones inmediatas, sino una actitud de colaboración y un abanico de técnicas que han demostrado su eficacia. El Ruido es maldecir de la Administración, despreciar a las familias egoístas y encabronarse con los compañeros que se escaquean. Una pérdida de tiempo que no puede durar más allá de un "ATPC".

En el mundo del Blog, una mayoría de personas son jubiladas que os habéis dejado los cuernos en el trabajo y en la lucha sindical cuando suponía jugarse la cárcel y el despido, también en la colaboración vecinal y en la solidaridad con los cercanos. Y ahora este espacio virtual sirve de lugar de encuentro, de conversación y hasta discusión, con el aliciente de poder aprender algo y compartir experiencias. Él ruido es lo que cada uno considere inadecuado o tóxico: absorbe gran parte del tiempo, de energías y de humor.

Sin Ruidos de pesimismo y de crítica destructiva es posible descubrir espacios reales donde nuestras manos aún pueden ser útiles. Puede ser entretenido polemizar a ver cuál de los políticos es el más infame de la película, si merece la pena votar o no... pero el día a día no se basa en el acto electoral, sino en las actuaciones personales respecto al consumo, a las relaciones de cercanía, a la actitud ante el trabajo y el tiempo libre del que disponemos. Que no os amargue el Ruido: los médicos avisar que genera estrés y, consecuentemente, impotencia.

Aprovecho para cerrar el círculo de esta entrada: frente a la impotencia, "sí se puede". La impotencia social es alentada por los medios para desmoralizar a las masas y también por quienes justifican su pasividad a base de despreciar toda iniciativa.

Sí se puede cambiar el propio mundo: mirar a los ojos y saludar con respeto y estima; procurar tomar decisiones correctas y trabajar honestamente; colaborar con las propuestas reales de transformación que encontramos SI las buscamos en vez de seguir acomodados tecleando desde el sillón.

El Colapso (económico, climático, demográfico) está cerca: cada uno tiene su cuota de responsabilidad. El Poder es la suma de las decisiones de 8.000 millones de personas: su lo decidimos, los poderosos actuales tendrían que suplicarnos de rodillas algo de comida, pues la produce el pueblo, no ellos. Mientras, en vez de correr hacia el abismo, prefiero apostar por la calma, por la solidaridad y por un decrecimiento sereno.
Nada es inevitable, salvo la muerte. Mejor que nos llegue con la cabeza alta por haber dejado el mundo un poco mejor de como lo encontramos, en vez de haber sido cómplices en su depredación, degradación y colapso final.




Sentido Comun

viernes, 8 de abril de 2022

ÉPICA Y HEROÍSMO (PERO HASTA EL FINAL)

"Se cubren de ropajes de violencia" (Salmos 73: 6).

"Ojo por ojo, diente por diente" (Código de Hammurabi).

 "Tiempos nuevos, tiempos salvajes; toma un arma, eso te salvará; levántate y lucha, ésta es tu pelea" (Los Ilegales).

Voy a seguir el principio de "camina por el lado salvaje", que diría Lou Reed. Por tanto, ésta será una entrada provocadora e incorrecta, tal que una conversación de taberna después de cuatro cubatas y cinco gin-tonics. Con palillo en la boca si hace falta y escupiendo al hablar. Advertidos quedáis, como esos carteles antes de las películas que dicen “estas imágenes pueden herir la sensibilidad del espectador”. Ya está bien de entradas buenrrollistas y correctas, hombre. Demos rienda suelta a la épica y al heroísmo. Con su dosis de odio si fuera menester. Una entrada salvaje y destroyer. Y que les den a los buenistas equidistantes que buscan el equilibrio, a los eruditos que buscan el diálogo y a las flojeras y blanditos budistas Zen que buscan la armonía. Aquí lo que se necesita es épica, héroes y motivación. Y sobre todo odio. Porque sin odio no hay héroes ni épica y no se alcanza el poder, que es lo que se pretende. 

 Así que ya está bien de entradas academicistas, correctas, mainstream y blandengues con personajes históricos aburridos, filfas académicas y ejercicios de teoría hueca. Hagamos una entrada dura (como la droga), alternativa y que remueva conciencias. Un puñetazo en los higadillos y partes blandas, un masaje intracraneal. Una entrada épica que hable de actitudes épicas de peña que toma el poder de forma épica. Una oda a los héroes que se la juegan para llegar al poder. Con mucho odio si hace falta, como cuando Aníbal juró a su padre odio eterno a los romanos. O como Gramsci hablando del odio a los indiferentes y de hacer valer la voluntad para tomar el poder. O como los bolcheviques cuando apiolaban a revisionistas, burgueses y contrarrevolucionarios. O como el Che Guevara diciendo antes de morir “serénese y apunte bien: va usted a matar a un hombre”. O cuando Ho Chi Minh dijo “por cada diez de los nuestros que matéis, nosotros mataremos a uno de los vuestros. Y al final vosotros os cansaréis antes “. Si el mundo es una mierda, necesitamos cambiarlo por una realidad que nos haga sentir vivos y con sentido de historia. Y no ser aburguesados acomodaticios, revolucionarios de sofá ni hípsters de diseño que se van a la sierra a hacer un retiro de fin de semana en plan budismo Zen Prêt-á-Porter. O sí o no, o frío o calor, o arriba o abajo, o dentro o fuera, pero mariconadas, las justas (sí, he dicho mariconada, está en la RAE, aunque alguien se ofenda). 


Por eso pregunto en corto y por derecho, ¿es correcto utilizar la violencia para alcanzar el poder? ¿es justificable el derramamiento de sangre para lograrlo? ¿deben rodar cabezas en una revolución “comme il faut”? ¿el fin justifica los medios? Parafraseando a Hegel cuando decía que la guerra es justa, buena, santa y fecunda, ¿es justo, bueno, santo y fecundo que los oprimidos, perdedores y desheredados les corten los huevos a los mandamases? ¿hay déficit de guillotinas? 

La respuesta que me pide el cuerpo es que sí. En esta sociedad anestesiada de adocenamiento, infantilismo, consumo, Poder Blando, Neuromarketing emocional, Psicopolítica y demás zarandajas postmodernas, uno echa en falta algo de la épica de los antiguos héroes clásicos.  Necesitamos nuevos Aquiles de guerras de Troyas modernas, nuevos Odiseos postmodernos y nuevos Espartacos con un par que nos liberen de tanta tontería social “líquida”. Otro Durruti fusil en mano y otro Lenin con los perendengues bien puestos y dispuestos a darlo todo. Incluso la vida. El mundo es de los atrevidos, de los que asumen riesgos, de los que se la juegan sabiendo que todos moriremos, pero que podemos elegir cómo y cuándo. Por eso Putin es un tío con un par, tenga razón o no (eso son minucias, detalles sin importancia). Por eso Robespierre estará siempre en nuestros corazones y el Che en nuestras camisetas. Y por eso casi nadie recuerda a Kerenski y Stolypin, unos pringaos y pusilánimes que no supieron defender sus convicciones con un par. Necesitamos menos flojos y más héroes duros, menos pragmáticos posibilistas y más maximalistas que lo den todo. 


 Si Durruti viviera ahora y le hablaran de democracia representativa, diría que esa mierda burguesa no la quiere ni en pintura. Si al Che le hablaran de democracia occidental, se limpiaría el culo con ella y pensaría que hay mucho cobarde suelto que merece ser fusilado. Si a Ho Chi Minh le hubieran propuesto un arreglo con los yankees, diría que “yankees go home” y a tomar por culo.  Y nosotros, mientras tanto, seguiríamos tomándonos una cervecita en el bar mientras comentamos el partido de futbol de la Champions. O esperando el finde para echar un polvo en condiciones después de apretarnos un buen chuletón entre pecho y espalda. 

Si hacemos algo, hagámoslo bien y hasta el final. En la odiosa y estupidizada sociedad actual, ya basta de ser influencer, youtuber,  instagramer o gilipoller haciendo dialéctica en red y virtual. Así que, pasemos a la acción y despertemos ese lado épico oculto que llevamos dentro, esa fuerza de la venganza histórica y social. Si decidimos algo, hagámoslo bien, en condiciones y hasta el final (como diría Bukowski, que no se andaba con remilgos ni medias tintas). Por eso yo digo “sí a la guerra”: la guerra de los perdedores cansados de serlo. O como diría un colega con el palillo en la boca: “el mundo es una mierda, lo que yo te diga”. Así que ¿lo limpiamos? 


Seamos épicos, coño. Si queremos cambiar las relaciones de poder, echemos toda la carne en el asador. Violencia incluida.  Mejor vivir luchando que arrastrarse y sobrevivir en una existencia gris. Mejor morir peleando que seguir de rodillas en una existencia mediocre y aburrida. Nada es gratis y todo tiene un precio. ¿Estamos dispuestos a pagarlo? ¿o seguiremos engordando en nuestros sofás acumulando lorzas y michelines cerebrales? Como decía Bowie, “podemos ser héroes, aunque sea por un día”. Justo lo contrario que decía Tina Turner: “no necesitamos otro héroe”. Porque los necesitamos. Y mucho. 


Un Tipo Razonable

viernes, 10 de diciembre de 2021

CIENCIA Y METAFISICA: ¿DOS VIAS DE APROXIMACIÓN A LA REALIDAD?

 A efectos de la presente entrada, voy a englobar como “científico” todo lo que describe realidades verificables, medibles o comprensibles según métodos racionales admitidos por la comunidad de académicos e investigadores. Dentro del término “metafísica” incluiré todo lo referente a lo religioso, lo espiritual y lo místico.


En estos tiempos de racionalismo y secularización parece vergonzante hablar de “conocimiento interno”, o de “experiencias interiores” ya que, por ser subjetivas en principio, sólo pueden ser reconocidas y comunicadas entre sujetos de la misma experiencia, pareciendo ajenas al resto. En consecuencia, la mayoría de las veces todo este campo de conocimiento interno (que parte de dentro) ha sido tradicionalmente relegado como irracional, mágico u oscurantista. Hoy día se hace imprescindible, no obstante, la unificación de estos dos campos de experiencia humana, ya que el racionalismo desnudo y el cientifismo de los datos y de los hechos siguen sin ofrecernos una explicación global del Cosmos y de la Vida y, en definitiva de nuestras propias vidas.


Desde hace siglos se ha fragmentado el conocimiento y la ciencia, al separar el conocedor de lo conocido, el sujeto del objeto, el experimentador de lo experimentado. Muchos científicos reconocen hoy día la imposibilidad de una absoluta objetividad científica, puesto que el observador influye en lo observado (Werner Heinserberg) y el mundo “de fuera” no es sino una creación del mundo “de dentro” (Frithof Capra).


Con gran humildad, Max Planck reconocía ya en 1930 que los medios de investigación del físico no le enseñaban nada sobre el mundo real, a pesar de constituir el conocimiento de éste su objetivo e ideal. Posteriormente, científicos como David Bohm, Neils Bohr, John Wheeler y el ya citado Fritjof Capra, entre otros, no bastándoles con la mera toma de conciencia de los límites de los postulados físicos admitidos hasta la actualidad, han emprendido estudios interdisciplinares, abriendo el campo a una “expresión científica” de la unidad entre el conocimiento científico y el conocimiento interno, entre los grandes principios de la Física moderna y las aportaciones hechas por las llamadas tradiciones espirituales.


Igualmente, en el área de la Psicología, fundamentalmente transpersonal, Richard Bucke, Abraham Maslow, Stalinaf Grof, Ken Wilber, Charles Tart y France Vaughan, entre otros, han hecho aportaciones fundamentales en el campo de la investigación de la conciencia, partiendo, en la mayoría de los casos, de experiencias o investigaciones personales. Uno de sus méritos fundamentales es el de haber ampliado la Psicología, desde el terreno de las “tradicionales” patologías psíquicas, al de la autorrealización y trascendencia. Han empezado a poner palabras “científicas” a los llamados estados ampliados, o modificados de conciencia, a las experiencias de supuesto carácter místico y las revelaciones de los grandes clásicos espirituales, que habían quedado tradicionalmente relegados como textos puramente literarios.


Es así como cada vez mayor número de personas que experimentan lo que Abraham Maslow ha denominado experiencia-núcleo o trascendental, han podido comenzar a conceptualizar sus respectivas experiencias, al tiempo que muchos profesionales de la Psicología han comenzado a abrirse a otros enfoques, hasta el punto que se haya podido afirmar la casi identidad de objetivo entre la curación psíquica y las vías de conocimiento interno.


Y es aquí donde quizá haya que distinguir entre religión, espiritualidad y mística. El fenómeno religioso, como todos/as sabemos, es un fenómeno humano vinculado a un sistema de creencias, ritos y normas morales. Como tal, puede ser considerado un fenómeno cultural vinculado a la creación, cohesión y mantenimiento de las civilizaciones que se han ido sucediendo a lo largo de la historia de la humanidad. Se podría convenir con ello en que es “espiritual” todo movimiento que parte del interior hacia el exterior, que está inspirado por el amor incondicional, que tiene una visión global y que sirve el bien de la totalidad mayor a nivel local. En este sentido lo “espiritual” estaría vinculado a un sentimiento que trasciende las necesidades materiales más básicas. En el campo de lo místico sólo incluiríamos la experiencia interna directa: la presunta aprehensión de lo real sin que haya mediación ninguna entre el experimentador y lo experimentado.


Llegados a este punto toda transmisión de la experiencia por medio de las palabras no es la experiencia misma. Es aquí donde las palabras, dentro de su contexto subjetivo, se vuelven poéticas y, como tales, puramente simbólicas, como diría un tal Maestro Eckhart: “El ojo en que veo a dios, es el mismo ojo en el que dios me ve. Mi ojo y el ojo de dios son un sólo y mismo ojo, una sola y misma visión, un sólo y mismo conocimiento, un sólo y mismo amor”… Con la misma dificultad de transmisión se han encontrado místicos cristianos como Teresa de Ávila y Juan de la Cruz, o sufís como Rumi, Djami, Indries Shah, o el indú-islámico Kabir. Sus escritos poéticos son sólo evocación y pálido reflejo de la supuesta realidad experimentada.





Esta experiencia interna ha sido llamada según las diferentes tradiciones, dioses, transcendencia, el ser, la iluminación, el estado búdico, satori, nirnava, conciencia crística, el fanâ, la revelación, el yo superior, la supraconciencia, el samadhi, etc… A la luz de la historia, de la reciente aproximación entre oriente y occidente y de la multiplicación de experiencias internas de muchas personas, me atrevería a firmar que hoy día el “conocimiento interno” y la “experiencia mística” no son sino un potencial común a cualquier ser humano al margen de su universo de creencias personales. El campo de lo “metafísico” ha dejado de ser patrimonio exclusivo de teólogos, sacerdotes, monjes, gurús, yoguis, ascetas e iniciados esotéricos. El problema que plantea esta “democratización de lo trascendente” es el de la verificación de su autenticidad o inautenticidad y la integración de su profundidad. El científico, como profesional de la Ciencia, formula teorías e hipótesis y, hasta cierto punto, es controlado por la comunidad de científicos. Pero, ¿cómo se reconoce a un “profesional de la espiritualidad” y cómo puede ser controlada su autenticidad y profundidad? No basta con que tenga seguidores, ya que debe ponerse en duda su eventual objetividad legitimadora. Es aquí donde cada persona no puede sino remitirse a la subjetividad de su propia experiencia interna, corroborándola con las de otras personas y grupos que le sirvan de espejo.


Ken Wilber, tras referirse a Marx, Freud y Habermas, elogiando su aportación fundamental emancipadora en los campos de la crítica económica-histórica, sexual-emocional y de la acción comunicativa, respectivamente, se lamenta de que todavía no se ha hecho un análisis que estudie “las opresiones de la espiritualidad, la represión de la trascendencia, la política del Tao y la negación del Ser por parte de los seres”. Pero parece que su llamada ha tenido eco y quizás, vayan apareciendo trabajos unificadores desde las diferentes disciplinas, como así es observable desde hace tiempo, que al criticar los postulados mismos en que se basa tanto la Ciencia como la Espiritualidad conocida, en su amplitud de manifestaciones, vayan eliminando los obstáculos para una comprensión más global, auténtica e integral de lo real.


Flan Sinnata





viernes, 3 de diciembre de 2021

MULTICULTURALIDAD

 “No hace mucho tiempo, la tierra estaba poblada por dos mil millones de habitantes: quinientos millones de hombres y mil quinientos millones de indígenas. Los primeros disponían del Verbo, los otros lo tomaban prestado (…). En las colonias, la verdad aparecía desnuda; las metrópolis la preferían vestida; era necesario que los indígenas la amaran (…). La élite europea se dedicó a fabricar una élite indígena”.  

 

Sartre dice esto a propósito de la colonización de Argelia por Francia (y del mundo por la cultura europea), en el prólogo del libro de Franz Fanon “Los condenados de la tierra “. Pero la colonización no es un fenómeno exclusivamente occidental sino mundial y ancestral, porque desde la noche de los tiempos el Mono Sapiens siente curiosidad por conocer, explorar nuevos territorios y conquistarlos (¡qué HDP y cabrón que es!). Y a partir de estos territorios forma jerarquías, poderes, países, estados e imperios. Y eso trae como consecuencia la coexistencia entre culturas colonizadoras y nativas, con la consiguiente multiculturalidad. 

 

Estas afirmaciones serían un poco fatalistas e irían en la línea de la visión racional de la Historia de Hegel, en la que la razón rige el mundo y la Historia Universal transcurre racionalmente: el hombre es un ser pensante y por eso, más que Historia, lo que hace es Filosofía de la Historia al contemplarla filosóficamente. Así, siguiendo el procedimiento científico hegeliano, la supuesta libertad humana sería fatalismo y la multiculturalidad sería un destino ineludible. Este fatalismo también iría en línea con la visión determinista del materialismo histórico al hablar del inevitable advenimiento de la sociedad comunista como consecuencia de las contradicciones del capitalismo (aunque esto parece que está tardando, mecachis).

 

Dejándonos de zarandajas fatalistas y deterministas sobre el “final de la Historia” de Hegel y Marx (Fukuyama es un pringao que les copió la idea), hablar de multiculturalidad es hablar de colonialismo e imperialismo. Pero estos conceptos son distintos y provocan distintas actitudes. Por ejemplo, el colonialismo es un concepto chungo y lleno de carga peyorativa, porque implica imperialismo, opresión y conquista. Pero en cambio la multiculturalidad es un concepto molón y “modelno” a tope porque indica diversidad, progreso, tolerancia, diálogo de civilizaciones (¿o era alianza?), avance económico y social, apertura de mente y mil cosas más. Todas positivas, claro. Y aquel que tenga una opinión distinta es un troglodita, además de supremacista, racista y xenófobo. Vale. Pero ¿es esto así? 

 

La respuesta a esta pregunta está en los distintos puntos de vista según las ideologías políticas. Por ejemplo, desde el análisis marxista tradicional, la multiculturalidad no sería tan importante como la desaparición de la división social entre burguesía y proletariado, entre clases explotadoras y explotadas. Y por eso el internacionalismo marxista obrero terminaría con los problemas de la agrupación de los seres humanos en etnias, pueblos, naciones y países, que serían procesos impersonales que no controlan y que, para más inri, son constructos y relatos artificiales impuestos por las clases dominantes a lo largo de los siglos. La posición en el sistema de producción social y la relación con los medios de producción serían más importantes que las distintas culturas. Por eso la izquierda es más globalista y multicultural que la izquierda.  

 

En una línea parecida a la marxista estarían los autores de la teoría decolonial, que hablan de la retórica y falsa multiculturalidad de Occidente como reflejo de la opresión y destrucción de culturas colonizadas por él. Así, Houria Bouteldja habla de la impostada multiculturalidad de un Occidente colonial, capitalista, imperialista y eurocéntrico que comete epistemicidios culturales y destruye cosmogonías. Y Enrique Dussel, que hace un pensamiento crítico transmoderno, critica la modernidad occidental que impide el desarrollo de otras culturas y habla de la necesidad de liberarse de esa “monoculturalidad occidental hegemónica”. 

 

Ante esta tensión irresoluble entre la pulsión identitaria de Occidente y la pulsión multicultural de las culturas colonizadas, los conservadores y tradicionalistas afirman que la multiculturalidad podría ser una amenaza a las identidades de las naciones y países, porque causaría una disminución de la cohesión social y la dilución de su identidad. Y ésa es una de las razones del auge de los movimientos reaccionarios e identitarios en Europa y USA (y en otros países). Estos movimientos reivindicarían las raíces culturales históricas y sociales, lo cual chocaría frontalmente con la multiculturalidad. Y por eso la derecha es menos multicultural y menos globalista que la izquierda (Hungría y Polonia se habrían pasado de frenada). 

 

Entre estas dos posturas, aparentemente irreconciliables, habría otras más posibilistas y pragmáticas. Y aquí me viene a la memoria el krausismo español, cuya influencia modernizadora en la España del XIX se tradujo en la Institución Libre de Enseñanza (Julián Sanz del Río y Francisco Giner de los Ríos). La filosofía del derecho krausista apuesta no tanto por la europeización, como por la universalización y humanización de la filosofía del derecho tradicional. De este modo el proyecto de Europa no sería necesariamente occidental e imperialista, sino progresista, tolerante, armónico con otras culturas, no paternalista y conciliador. 





 ¿Hay culturas más multiculturales que otras a lo largo de la Historia? Pues a según y depende, unas más y otras menos. En el Imperio Persa había mucha tolerancia con las distintas etnias y culturas bajo su poder, pero Alejandro Magno acabó con su multiculturalidad (Alejandro, otro cabrón imperialista). El Imperio Romano fue multicultural “de aquella manera” con los distintos pueblos colonizados y su multiculturalidad seguía el lema “si vis pacem, para bellum”. Por eso acabó regulín regulera (Julio César fue poco multicultural con Vercingetorix). El Islam no fue especialmente multicultural, se extendió a sangre y fuego, no con flores y besos, y cobraba la yizia, un impuesto especial a los no musulmanes. El Imperio azteca era poco multicultural con los Totonacas y Tlaxcaltecas, pueblos avasallados y sojuzgados por los mexicas. Por eso estos pueblos oprimidos se aliaron con Hernán Cortés (este cabrón de Cortés no sé si era multicultural, pero diplomático y maquiavélico, un rato). Poco multiculturales fueron los descendientes de los colonizadores british del Mayflower con los indios, a los que, además de apiolarlos, les dejaron clarito que su destino era quedarse en las reservas con sus casinos y sus performances para turistas (los cuatro que quedaron vivos y alcoholizados). Y ya en pleno colonialismo europeo, los imperios europeos fueron poco multiculturales. El rey belga Leopoldo II no se anduvo con miramientos en el Congo, como tampoco lo hicieron los ingleses en la india con los hindúes o en Australia con los aborígenes. Ni los franceses con sus colonias de la actual Francofonía. Por no hablar del imperialismo soviético, que sería superado y mejorado por el actual imperialismo de USA (con permiso de China, claro).  Pero no todo es imperialismo chungo:  Nueva Zelanda es el ejemplo perfecto de la fusión y convivencia entre la cultura maorí y la occidental. Y en Singapur conviven culturas asiáticas y europeas. 

 

 ¿Y cómo andamos hoy de multiculturalidad en el planeta? ¿hay un límite o porcentaje máximo de personas de distintas culturas a partir del cual la estructura y tejido social se resiente? ¿son todas las sociedades igual de multiculturales? Pues también a según y depende. Occidente se ve moralmente obligado a ser multicultural por su reciente pasado colonial: sería una especie de deuda histórica con sus pueblos colonizados y reconocimiento de su culpabilidad. Esta multiculturalidad occidental supone la coexistencia de distintas culturas, pero coexistir no es convivir y es frecuente que las distintas culturas no cohabiten, sino que lleven vidas paralelas y separadas, influyendo poco unas sobre otras sin ser permeables a las demás. Por eso en Europa hay zonas “no go” o guetos donde se agrupan personas no muy multiculturales que digamos y con pocas ganas de integración. Aunque este dato es discutido por la izquierda, que dice que esto no es verdad sino alarmismo, posverdad y fake de la ultraderecha. 

 

China no parece muy multicultural con los uigures, tibetanos y hongkoneses (estos cabrones no quieren ser comunistas, mecachis).  Y Taiwán está calentando, no vaya a ser que el slogan “"un país, dos sistemas" de Deng Xiaoping se lo expliquen según les meten algún portaviones en Taipéi (mientras tanto, los chinorris explican al mundo su imperialismo económico). Otra afirmación discutible, claro, y algunos foreros dirán que esto es fake también. 

 

¿Es el Islam multicultural con Occidente? Bueno, Líbano podría ser un ejemplo de multiculturalidad…cuando no están a hostias entre ellos. Hamás, Hezbollah y los talibanes son poco multiculturales y los pirados fundamentalistas de Al Qaeda, ISIS y Al Shabaab necesitarían un curso acelerado de multiculturalidad (amén de las teocracias islámicas como Arabia Saudita, Irán, etc.). En cambio, el Islam en Indonesia es multicultural con otras religiones. 

 

Aunque Samuel Huntington hablaba del choque de civilizaciones, lo que hay es un choque de estadios evolutivos o fases históricas de todas las civilizaciones: la mágico-mítica, la filosófica y la técnico-científica (como decía Augusto Comte). Cada cultura está en su fase histórica y por eso hay un choque cultural entre el Islam (fase mítica y religiosa) y Occidente (fase técnico-científica) y no hay choque cultural entre Japón o Corea del sur y Occidente (ambos en fase técnica científica). 

 

Sea como sea, la multiculturalidad ha llegado aquí para quedarse. Y hay que vivir con ella (o a pesar de ella). Las espadas siguen en alto y hay controversia entre partidarios y detractores. Al final la multiculturalidad es consecuencia de nuestra historia. Y la historia no se reescribe. Eso sería hacer un Ministerio de la Verdad de George Orwell cuando decía que “quien controla el pasado y la historia, controla el presente y el futuro”. Y controla la verdad, o sea, el relato: el relato de la multiculturalidad en este caso. Y la verdad es que las posibilidades son infinitas y no hay fin de la historia ni fatalismo ni determinismo histórico. El futuro está abierto y se llama Mono Sapiens Multicultural. Como cantaba Ana Belén "ven, contamíname y mézclate conmigo".





viernes, 12 de noviembre de 2021

Investiga, imagina y comparte

Cuentan los sabios que la imaginación nos diferencia del resto de los animales. Mediante la imaginación creamos pasados y futuros creíbles, barajamos probabilidades y posibilidades de acción que, gracias a la empatía, además de proyectos individuales, son muchas veces colectivos.

    Los animales carecen de estas herramientas. Imaginamos tanto que antropomorfizamos todo, desde los mismos dioses a las montañas, pasando por nuestras mascotas. Donde una gaviota ve una montaña con dos picos nosotros vemos “Dos hermanos” (punta sur de Tenerife) e imaginamos una historia en la que dos gigantes se convierten en piedra.


    Imaginando y poniéndonos en la piel del otro la humanidad progresa, si bien a trompicones, hacia la conquista de la galaxia… y, en este proyecto, los nacionalismos están fuera de lugar.

    Son dos herramientas poderosas que junto a la curiosidad innata a la inteligencia producen “la conciencia”, el saber ser y estar. Pero… la empatía normalmente solo alcanza un círculo muy menguado, solo alcanza a los más próximos, a la tribu y poco más. Ya con los vecinos reina una rivalidad que nos acerca a los chimpancés; una rivalidad que llevada a los extremos degenera en guerra y que en la paz se refleja en muchos ámbitos de la vida. Un claro ejemplo son los derbys deportivos (putos giputxis) o las selecciones nacionales.

    La Humanidad tiene que superar esas actitudes para conseguir de verdad la libertad del hombre.

    El único recurso para lograrlo es la fraternidad de los pueblos, la solidaridad de clase; consiguiéndola llegaremos a la igualdad entre las personas, y con ella, a la ansiada libertad.

CapitanRed

lunes, 18 de octubre de 2021

En los trigales

 Yo guardo mis palabras en tu cuerpo, y el que las oiga un día, recibirá una ráfaga de trigo y amapolas. (Pablo Neruda)


Eran los últimos años de la década de los sesenta, los adolescentes vivíamos nuestro propio proceso de crecimiento, en medio del sometimiento de un orden social que prohibía la expresión natural de nuestros deseos recién descubiertos. La educación que recibíamos en la escuela estaba teñida de preceptos religiosos, de normas morales arcaicas.

Vivíamos en un barrio obrero en el extrarradio de una ciudad provinciana, habitado por ferroviarios, muchos republicanos, antifranquistas, hijos de los represaliados, torturados y asesinados durante la guerra civil y la dictadura, gente que vivía diariamente con el miedo a ser detenido por hablar o por leer ciertos libros, o por escuchar radio pirenaica, o tener en casa una carta escondida o algún panfleto que se pasaba de unos a otros. O sencillamente por ser hijos o familia de ferroviarios, gremio con el que el franquismo se ensañó. Eran los hijos de “los hijos del hierro”.

La suerte que teníamos era que el barrio se hallaba cerca de la estación de Renfe y los padres nos llevaban a respirar el vapor de las locomotoras para evitar o curar la tos ferina y los catarros (nunca he sabido la razón científica de este hecho).

Los adolescentes disponíamos de nuestro propio mundo, como una isla en medio del autoritarismo y del miedo de los adultos a las visitas de la policía. Poblábamos esa isla de cuantas cosas íbamos descubriendo, entre ellas el placer y la alegría de conocer nuestro propio cuerpo y el de los compañeros del otro sexo. Aquí es donde entra el fervor por los trigales, que comenzaban a extenderse al final de las últimas casas del barrio. 

Desde pequeños habíamos jugado entre las espigas, habíamos comido su fruto, esquivado al capataz, habíamos disfrutado en días de viento de la música que generaba su cimbreo y del placer de apretar los cuerpos juntos, tumbados durante horas hasta que llegaba el atardecer, admirando el vuelo de algún águila, esperando descubrir el canto de una calandria, el silbo de los alcaravanes o siguiendo el vuelo interminable de los vencejos que alguien nos dijo copulaban en pleno vuelo, o la estela de un avión del que caían sueños de aventuras, todo bajo aquellos cielos tan azules y tan amplios. Así, de este modo natural y espontáneo, descubrimos el placer de gozar del sexo, al lado de las amapolas, esas flores que nadie plantó y que como dice Marcel Proust, “su llama recorre los campos como un mensaje”.  Eran tardes cálidas, emocionantes, sin tiempo (decíamos), solo nos devolvía a la realidad la caída del sol, los  tonos carmines y anaranjados que poblaban el cielo anunciaban la hora de  desprendernos unos de otros y volver a casa. Costaba esa ruptura, tras los besos ininterrumpidos y las pieles adheridas con la resina del deseo. 


Recuerdo una de aquellas tardes, porque viene a colación para tratar de explicar cómo descubrimos la violencia, en contraste con nuestros sentimientos tan tiernos y cómo esa violencia genera rechazo y asco desde tiernas edades. Oímos el grito de una amiga, y toda la pandilla salimos de nuestros rincones, la vimos corriendo hacia nosotros, asustada, y tras ella un grupo de chavales algo mayores, en actitud chulesca, que la perseguían riendo, insultándola, “¿con nosotros no quieres hacerlo, guarra?” decían desafiantes. Ninguno llegó a tocarla porque inmediatamente comenzó una pelea en la que participamos todos, y que terminó con la llegada del capataz, que llevó de las orejas a alguno sangrando hasta su casa.

A partir de aquella tarde, algo se rompió en cada uno de nosotros, toda la felicidad que habíamos vivido hasta entonces en nuestra isla, se quebró por alguna esquina, y empezamos a ser conscientes de que el mundo real no estaba en los trigales donde habíamos sido libres y felices, sino en el miedo y la violencia que veíamos en los adultos y que se reproducía desde edades tempranas.

En esos momentos fue cuando comprendí por qué la vecina de enfrente llevaba moratones algunos días alrededor de los ojos, por qué de noche se la oía gritar y llorar. Y comencé a rebelarme ante las demandas de los adultos que nos decían que las niñas debíamos de ser “recatadas” porque “no éramos iguales que los niños”, que no debíamos de andar solas por el campo, que teníamos que llegar a casa antes de anochecer, que no debíamos usar ropa provocativa (minifalda entonces), que no nos resistiéramos si alguien trataba de abusar de nosotras. Comencé a rebelarme porque algunas madres del barrio culparon a las nuestras de haber sido tan permisivas y dejarnos ir a los trigales con los niños. 

“El canto de las espigas”, Maruja Mallo, 1939

Reflexionando más tarde, ya de adulta, me di cuenta que mi compromiso social se generó durante esos años de adolescencia, tomé conciencia de que todo el miedo y el dolor que observaba en el mundo de los adultos se basaba en que unos eran los que mandaban y decidían sobre las vidas de los otros. ¿Cómo era posible entender que escuchar una radio, leer un texto, querernos entre las espigas o ser hijo de un trabajador, pudieran ser motivos de censura y represión?  O por qué razón algunos hombres decidían sobre la vida de sus compañeras, como el vecino de enfrente que se jactaba de ser muy macho por las palizas que le daba todas las noches a la madre de sus hijos. 

Transcurrida la mayor parte de la vida que voy a vivir, reconozco en aquellos trigales y en aquel barrio una escuela de conocimiento y de buen pan. Traigo su recuerdo al foro por si pudiera servir de acicate para rememorar las etapas de adolescencia y juventud.

Que no nos suceda lo que a los personajes de la novela “La policía de la memoria” de la escritora japonesa Yoko Ogawa, que eran perseguidos por conservar recuerdos. 

Y que nos salve esa memoria de la incomprensión hacia las generaciones más jóvenes. 

Eirene


viernes, 8 de octubre de 2021

LA MODERNIDAD

 Somos lo que somos y pensamos lo que pensamos por ideas que alguien pensó en el pasado. Y esto solemos asociarlo a conceptos como “lo antiguo, lo retrógrado, lo atrasado”. En contraposición a esto se habla mucho de “modernidad”. Pero ¿qué es exactamente ser moderno? ¿cuándo empezó la modernidad? 

Académicamente hablando, la modernidad, mejor dicho, la Edad Moderna, empieza en el siglo XV con el Renacimiento, con los posteriores cambios políticos, económicos y sociales debidos a las revoluciones industrial, científica, política, etc., el paso de la sociedad preindustrial y tradicional a otra industrial y urbana, el triunfo de los sistemas parlamentarios, la burguesía, el capitalismo, etc.  

Vale. Pero esto es una gilipollez académica antigua y casposa, propia de mentes ortodoxas y estrechas. Como en este foro somos heterodoxos y críticos (o sea “modelnos” y progresistas a tope), tenemos que verlo con otra perspectiva (moderna, claro, aunque alguno dirá “de género”). Así que hagamos una relectura de este concepto, hablemos de otras modernidades, alejémonos de bobadas academicistas (los académicos son unos pringaos, lo que yo te diga) y definamos mejor ese concepto tan gaseoso y etéreo de este “palabro tótem”.  

En estos tiempos de acción humana sobre el entorno natural, lo moderno es la ecología y creer que todo lo natural es bueno y todo lo humano es chungo (sobre todo si es capitalista, claro). El hombre es malo por definición y todo lo que hace es una mierda pinchada de un palo. No cuidamos el planeta, lo estropeamos y en algún momento nos pasará factura, sean terremotos, huracanes, erupciones volcánicas, tsunamis, etc. Incluido el choque con un asteroide (que ya está tardando). Nos empeñamos en antropomorfizar la Tierra e idealizarla llamándola “madre naturaleza, madre Gaia, Pachamama, Gea” y demás, atribuyéndole inteligencia, cuando la realidad es que la Tierra va a su bola, estuvo aquí antes que nosotros y seguirá cuando ya no estemos. Y mientras tanto, consumimos productos bio, filetes vegetales, proteínas de origen no animal, probióticos, vitaminas y suplementos sin gluten y lactosa. Lo cual no impide que estemos gordos como cepos y nos pongamos de buen año: la obesidad es la modernidad con lorzas (aunque hay otros cuyo concepto de modernidad es estar fitness y niquelados). 

La modernidad es la anestesia que nos produce la sociedad del espectáculo, con su mundo virtual de Internet, pantallas y móviles. Ser moderno es tener un perfil molón en el que el “yo virtual” sea una proyección idealizada del “yo real” y en el que el Photoshop transmita el mensaje de que somos guays y superenrollados. Así que la modernidad es la mentira colectiva de este “capitalismo de ficción” en el que lo que importa es lo que parecemos y no lo que somos: lo moderno es la mentira, no la realidad (concepto antiguo y demodé) y la imagen que damos, no la persona. 

Si hay algo a la vanguardia de la modernidad, es la guerra. Muchos historiadores creen que el siglo XX empieza con la Primera Guerra Mundial, la primera guerra moderna e industrial en la que se pasa del caballo a los tanques y de la muerte personalizada y cara a cara a la muerte anónima, despersonalizada, en masa y a escala industrial. Y de ahí a la muerte con drones teledirigidos a miles de kilómetros sólo hay un paso (modernidad a tope). Así que la modernidad sería matar y morir a distancia y sin mancharnos las manos, como en un videojuego: donde esté la muerte tecnologizada que se quite la muerte primitiva a garrotazos y navajas (ahora somos más modernos porque tenemos armas más molonas).  

La modernidad es la cultura pop de Andy Warhol, Deborah Harris, los comics y Hollywood con su martilleo constante sobre nuestros cerebros para que vivamos esa felicidad moderna del “american way of life”. Aunque a mí particularmente siempre me ha gustado más la modernidad del cine europeo, como “la nouvelle vague”, “les cahiers du cinemá”, el neorrealismo italiano o el cine social de Ken Loach (entre otros). O la imagen de la modernidad europea que teníamos los españoles de los 60 y 70 cuando aparcamos a Raphael, Marifé de Triana y Bambino y empezamos a oír a Deep Purple y Leed Zeppelin. 

La modernidad es Peter Fonda y Dennis Hopper buscando su destino y alejándose en el horizonte con sus Harley Davison chopper en Easy Rider mientras se oye “nacido para ser salvaje”. La modernidad es McCartney cantando “Revolution” y Patti Smith cantando “La gente tiene el poder”. Mi modernidad personal empezó cuando mi hermana mayor trajo cintas de casetes de los Beatles y Marc Bolan de Londres. Con el tiempo aprendí que la modernidad iba en paralelo con la música rock, el  Rhythm and Blues, el soul,  Elvis Presley y demás. Como decía La Mode en su disco “la evolución de las costumbres “, “son los tiempos modernos que nos toca vivir, se aplazó el sueño eterno, es mejor no reír, se hacen ferias de muestras de la modernidad”. Así que la modernidad no eran los hippies creyendo en el amor libre, el sexo a tutiplén y el cuelgue sicotrópico con LSD mientras meditaban con su budismo “prêt a porter”.  



La modernidad es hacer las revoluciones pendientes, como la Revolución Francesa y la caída del viejo régimen. Pero no sé yo si el ilustrado y revolucionario Napoleón era muy moderno, porque extendió su modernidad ilustrada a sangre y fuego.  Por no hablar de la revolución rusa de 1917, que fue “necesaria” porque los ecos del marxismo aún resuenan en las conquistas laborales de la clase obrera que se tradujeron en una socialdemocracia europea. O la modernidad truncada de la II República, recuerdo melancólico para la izquierda española.  

China protagonizó la mayor revolución moderna de las últimas décadas a partir de 1978 con Deng Xiaoping, en la que el PCCh dio a luz el socialismo de mercado, ese extraño híbrido entre comunismo y capitalismo. Y mientras China se pone en órbita, sigue pendiente la revolución y modernización del Islam, que se quedó obsoleto y anclado en una dinámica de frustración y resentimiento hacia Occidente.

La modernidad es la deconstrucción del pasado, ser “enfants terribles” y mandar a la porra conceptos antiguos. Y eso hicieron Marx, Nietzsche y Freud, los “filósofos o maestros de la sospecha” (término acuñado por el filósofo francés Ricoeur). Los tres critican la sociedad de entonces y los paradigmas filosóficos asentados para cambiarlos radicalmente. Los tres afirman que el sujeto no se construye a sí mismo, sino que es resultado de condicionantes históricos y económicos (Marx), morales y sexuales (Freud) y culturales y religiosos (Nietzsche), por lo que es necesario un nuevo hombre (superhombre) que supere estas debilidades humanas (voluntad de poder). Y tras inspirarse en ellos, llegaron las modernidades del Mayo del 68 y las modernidades nihilistas, existencialistas, líquidas y hedonistas que autores como Foucault, Camus, Sartre, Kerouac, Bukowski y otros nos dejaron plasmadas.  

La modernidad es un concepto variopinto. Para los transhumanistas sería la de un ser humano mejorado y con capacidades aumentadas por la tecnología. Para Thomas Pikkety sería una regresión al siglo XVIII, porque el capital está concentrado cada vez en menos manos: la nueva aristocracia. Para Umberto Eco y Roberto Vacca la modernidad sería una “Nueva Edad Media”, en la que habría una estructura neofeudal con nuevos señores feudales: multinacionales, oligarquías financieras y clase política. Para Noam Chomsky la modernidad iría en paralelo con el control social por los medios de comunicación de masas (estrategias de manipulación mediática y doctrina del shock). Para otros la modernidad sería una dicotomía entre una élite capitalista global y movimientos reaccionarios o identitarios (modernos neofascismos).  

La modernidad para la izquierda pasaría por la implementación del marxismo e incluso se llegó a hablar del “nuevo hombre soviético”, arquetipo ideal y moderno de persona con cualidades socialistas.  Tras la Escuela de Frankfurt, el colapso del bloque comunista europeo y el eurocomunismo de Berlinguer y Marchais, el marxismo tuvo que tunearse, modernizarse y centrifugarse en otra neoizquierda moderna que es ahora ecologista, verde, sostenible, feminista, LGTBIQ-friend y habla de ecosocialismo, decrecimiento armónico y teoría decolonial. Con lo cual la modernidad sería sustituir la lucha de clases marxista por la lucha de grupos étnicos, religiosos, culturales y sexuales (moderna izquierda woke). 

Una bonita modernidad sería la de una moderna democracia digital en la que podamos votar por Internet sin el corsé de estados e instituciones y donde el Bitcoin y monedas digitales nos liberen de los poderes políticos y bancos centrales. No sé si esto sería el triunfo del anarquismo digital o del neoliberalismo (o ambos juntitos de la manita). 

La modernidad en economía parece que nos lleva a un mundo a dos velocidades con división de zonas desarrolladas y zonas no desarrolladas, enfrentadas y separadas por un muro económico. Sería una especie de “Imperio Romano” y “Mundo Bárbaro” en el que los nuevos bárbaros serían los países pobres. Una versión global de “hombre rico, hombre pobre”. Aunque podría ser la coexistencia de culturas y civilizaciones en un mundo multipolar con varios centros de poder y áreas de influencia: Occidente, China, Rusia, Islam, etc., con sus sistemas distintos, como el capitalismo duro o salvaje (USA), el capitalismo liberal-socialdemócrata (UE), el socialismo de mercado (China) y sistemas autoritarios (Islam).   

¿Y cuál es mi concepto de modernidad? 

La autocrítica, la revisión ideológica constante, el cambio continuo, ponernos en cuestión y repensarnos permanentemente.  Y por eso Occidente es muy moderno, porque al ser autocrítico, es capaz de contemplar sus errores, aprender de ellos, cambiar y adaptarse. Y como alguno pensará que soy eurocéntrico diré que también podríamos hablar de la modernidad china, japonesa, asiática o musulmana, que también serían posibles. 

La modernidad está en que cada uno de nosotros haga su revolución personal y se convierta en su mejor versión. Y esto incluye priorizar la ética sobre la tecnología y el factor humano sobre el factor económico. Porque desde que el Mono Sapiens no era moderno y los bonobos sí, la tecnología y la economía van a toda pastilla mientras que la ética va a pedales ¿Podremos “bonobizarnos”? Seamos optimistas y pensemos que sí. Uno se cansa de todo. Incluso de ser “Homo tecnológicus y Económicus” en vez de “Homo Éticus y Modernus”.  


Un Tipo Razonable