Mostrando entradas con la etiqueta igualdad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta igualdad. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de octubre de 2021

En los trigales

 Yo guardo mis palabras en tu cuerpo, y el que las oiga un día, recibirá una ráfaga de trigo y amapolas. (Pablo Neruda)


Eran los últimos años de la década de los sesenta, los adolescentes vivíamos nuestro propio proceso de crecimiento, en medio del sometimiento de un orden social que prohibía la expresión natural de nuestros deseos recién descubiertos. La educación que recibíamos en la escuela estaba teñida de preceptos religiosos, de normas morales arcaicas.

Vivíamos en un barrio obrero en el extrarradio de una ciudad provinciana, habitado por ferroviarios, muchos republicanos, antifranquistas, hijos de los represaliados, torturados y asesinados durante la guerra civil y la dictadura, gente que vivía diariamente con el miedo a ser detenido por hablar o por leer ciertos libros, o por escuchar radio pirenaica, o tener en casa una carta escondida o algún panfleto que se pasaba de unos a otros. O sencillamente por ser hijos o familia de ferroviarios, gremio con el que el franquismo se ensañó. Eran los hijos de “los hijos del hierro”.

La suerte que teníamos era que el barrio se hallaba cerca de la estación de Renfe y los padres nos llevaban a respirar el vapor de las locomotoras para evitar o curar la tos ferina y los catarros (nunca he sabido la razón científica de este hecho).

Los adolescentes disponíamos de nuestro propio mundo, como una isla en medio del autoritarismo y del miedo de los adultos a las visitas de la policía. Poblábamos esa isla de cuantas cosas íbamos descubriendo, entre ellas el placer y la alegría de conocer nuestro propio cuerpo y el de los compañeros del otro sexo. Aquí es donde entra el fervor por los trigales, que comenzaban a extenderse al final de las últimas casas del barrio. 

Desde pequeños habíamos jugado entre las espigas, habíamos comido su fruto, esquivado al capataz, habíamos disfrutado en días de viento de la música que generaba su cimbreo y del placer de apretar los cuerpos juntos, tumbados durante horas hasta que llegaba el atardecer, admirando el vuelo de algún águila, esperando descubrir el canto de una calandria, el silbo de los alcaravanes o siguiendo el vuelo interminable de los vencejos que alguien nos dijo copulaban en pleno vuelo, o la estela de un avión del que caían sueños de aventuras, todo bajo aquellos cielos tan azules y tan amplios. Así, de este modo natural y espontáneo, descubrimos el placer de gozar del sexo, al lado de las amapolas, esas flores que nadie plantó y que como dice Marcel Proust, “su llama recorre los campos como un mensaje”.  Eran tardes cálidas, emocionantes, sin tiempo (decíamos), solo nos devolvía a la realidad la caída del sol, los  tonos carmines y anaranjados que poblaban el cielo anunciaban la hora de  desprendernos unos de otros y volver a casa. Costaba esa ruptura, tras los besos ininterrumpidos y las pieles adheridas con la resina del deseo. 


Recuerdo una de aquellas tardes, porque viene a colación para tratar de explicar cómo descubrimos la violencia, en contraste con nuestros sentimientos tan tiernos y cómo esa violencia genera rechazo y asco desde tiernas edades. Oímos el grito de una amiga, y toda la pandilla salimos de nuestros rincones, la vimos corriendo hacia nosotros, asustada, y tras ella un grupo de chavales algo mayores, en actitud chulesca, que la perseguían riendo, insultándola, “¿con nosotros no quieres hacerlo, guarra?” decían desafiantes. Ninguno llegó a tocarla porque inmediatamente comenzó una pelea en la que participamos todos, y que terminó con la llegada del capataz, que llevó de las orejas a alguno sangrando hasta su casa.

A partir de aquella tarde, algo se rompió en cada uno de nosotros, toda la felicidad que habíamos vivido hasta entonces en nuestra isla, se quebró por alguna esquina, y empezamos a ser conscientes de que el mundo real no estaba en los trigales donde habíamos sido libres y felices, sino en el miedo y la violencia que veíamos en los adultos y que se reproducía desde edades tempranas.

En esos momentos fue cuando comprendí por qué la vecina de enfrente llevaba moratones algunos días alrededor de los ojos, por qué de noche se la oía gritar y llorar. Y comencé a rebelarme ante las demandas de los adultos que nos decían que las niñas debíamos de ser “recatadas” porque “no éramos iguales que los niños”, que no debíamos de andar solas por el campo, que teníamos que llegar a casa antes de anochecer, que no debíamos usar ropa provocativa (minifalda entonces), que no nos resistiéramos si alguien trataba de abusar de nosotras. Comencé a rebelarme porque algunas madres del barrio culparon a las nuestras de haber sido tan permisivas y dejarnos ir a los trigales con los niños. 

“El canto de las espigas”, Maruja Mallo, 1939

Reflexionando más tarde, ya de adulta, me di cuenta que mi compromiso social se generó durante esos años de adolescencia, tomé conciencia de que todo el miedo y el dolor que observaba en el mundo de los adultos se basaba en que unos eran los que mandaban y decidían sobre las vidas de los otros. ¿Cómo era posible entender que escuchar una radio, leer un texto, querernos entre las espigas o ser hijo de un trabajador, pudieran ser motivos de censura y represión?  O por qué razón algunos hombres decidían sobre la vida de sus compañeras, como el vecino de enfrente que se jactaba de ser muy macho por las palizas que le daba todas las noches a la madre de sus hijos. 

Transcurrida la mayor parte de la vida que voy a vivir, reconozco en aquellos trigales y en aquel barrio una escuela de conocimiento y de buen pan. Traigo su recuerdo al foro por si pudiera servir de acicate para rememorar las etapas de adolescencia y juventud.

Que no nos suceda lo que a los personajes de la novela “La policía de la memoria” de la escritora japonesa Yoko Ogawa, que eran perseguidos por conservar recuerdos. 

Y que nos salve esa memoria de la incomprensión hacia las generaciones más jóvenes. 

Eirene


viernes, 22 de enero de 2021

INSIGNIFICANTES GRANJEROS IMAGINATIVOS

 Somos granjeros porque la Historia escrita empezó poco después de que nos asentáramos en poblados al desarrollar la agricultura y ganadería, Sólo entonces, con la barriga llena, se desarrolló la palabra abstracta, que organizó la vida social y sofisticó la artesanía (utilitaria) para convertirla en arte (estético).

Pero pretendimos controlarlo todo con las palabras: explicar el devenir de la Naturaleza a base de leyendas y dioses, hasta el punto de creer que obedecían nuestras oraciones y que se encargaban de cuidarnos y hasta de vencer a nuestros enemigos. Nuestra imaginación, tan poderosa y fascinante, se convirtió en mentiras al servicio del poder.

Lo asombroso es que en este siglo XXI la Humanidad siga en ese delirio, alimentado por los líderes y concretado en el Dinero como convención que condena a la pobreza y a la escasez. Podíamos haber elegido el otro camino: hace 4.000 mil años el taoísmo y el budismo asumieron que el Todo era inabarcable, que cada persona desarrolla una imagen mental sumamente parcial, que el Ego zarandeado por las emociones nos aleja de la Serenidad. Pero la fuerza bruta de los pueblos que creían en los dioses sometió a los colectivos que vivían en armonía con la naturaleza sin ambicionar convertirse en imperios.

Hasta aquí ha llegado la Historia, a base de guerras y opresión. En el siglo XX nos libramos por los pelos de la hecatombe nuclear. En el siglo XXI tenemos como problemas incuestionables al cambio climático, la explosión demográfica y el colapso de la naturaleza. En otras palabras: contaminación, limitación de los recursos naturales y extinción de especies. Son los otros tres jinetes del Apocalipsis, que se unen al primero que es la Guerra, que sigue arrasando países.

Ante ello, una gran mayoría de los seres humanos debemos tomar conciencia y elegir la sobriedad como forma de vida, asumir que seguimos siendo “granjeros bastante imaginativos pero insignificantes”.

Insignificantes como los dinosaurios que se extinguieron por algo tan fortuito como un asteroide; es el pensamiento de cada uno quien atribuye Significado a las palabras que aprende y usa, ningún otro animal abstrae categorías, sino que responde a la situación presente, sin pretender explicar su pasado y menos prever el futuro que no pueden imaginar. “Granjeros” porque necesitamos comida y cobijo; un paso más supone ser “ciudadanos”, participantes de la polis, pero el individualismo y cierta ignorancia nos alejan de ese rol. “Imaginativos” porque la vida de cada persona se desarrolla dentro de su mente, y es allí donde reside su infelicidad o Serenidad. La imaginación es un elemento esencial de la persona: es la base de la creatividad y de los sueños reparadores, pero es frecuente que suponga un elemento de alienación, de aturdimiento tanto personal como colectivo.

El Sistema (Matrix) se sostiene en todo lo contrario: fomentar mentiras (dioses, bancos, progreso), en aturdir con Ruido permanente (pantallas, móviles, noticias sesgadas) y en fomentar el Miedo (a la escasez, al diferente, al futuro), con líderes que son títeres vocingleros.

Por mi parte, esta es mi aportación intelectual, por si es útil a alguien. Como granjero me ocuparé de mi hogar y de mi labor educativa como forma de participación en la sociedad. Como animal imaginativo disfrutaré de mis sueños y de los ajenos, de todas las artes. Como ente insignificante asumiré mi impermanencia, lo efímera que es mi vida y la paradoja de lo plena que puede ser cuando se vive cada instante serenamente en armonía con la naturaleza.

En resumen, mi “sabiduría” se resume en un acróstico conocido con otro sentido: G.P.S.:

Gratitud al respirar el oxígeno que nos dan las plantas, al pensar con palabras que hemos heredado de otras civilizaciones, al recibir el relevo de generaciones de humanos bondadosos.



Participación en una comunidad donde buscar compañeros para aportar y también denunciar que hay líderes mezquinos y una mayoría sumisa. Donde ganarme el pan honestamente sin ser un depredador.

Serenidad para vivir el momento Presente, con humildad, con sobriedad, en armonía con un planeta óptimo para la vida que es el único donde la evolución llegó hasta la Inteligencia.

El Lado Oscuro de la inteligencia es la Fantasía del Poder, el empeño en el control sobre los demás, la patética inmortalidad de los faraones. El Lado Luminoso de la inteligencia es la Lucidez de la humildad, el tratar a los demás con bondad y ternura durante los breves pero intensos años en que consistirá nuestra vida.

Hablar de “Insignificante Granjero Imaginativo” parece una simplificación pueril. Pero es una imagen mental muy poderosa que quiero compartir: visualizarse en una pequeña granja, pendiente de la huerta y de las gallinas para poder dar de comer a mi familia, y ofrecerles un hogar cálido de caricias en vez de sometido a la tecnología; reconocerme irrelevante en la Geopolítica que está en manos de cuatro chinos y cuatro yanquis pero capaz de colaborar con mis vecinos; con mi imaginación como herramienta para embellecer mi pequeño mundo y percibir la armonía que me rodea, sin caer en las fantasías de control sobre lo que me rodea.

Reconozco que mis frases son “dar vueltas a la noria”. Las palabras no alcanzan para expresar una Intución de que todo es más sencillo si acallamos el Ego y nos percibimos como parte del Todo.

Necesitaba publicar esto, por si sirve a alguien y para sentirme comprometido con lo que digo. No cambiaré el Planeta ni a los demás, pero sí mi mundo interior y mi actitud. Suficiente para dejar de criticar, de cargar con prejuicios y falsas expectativas, de hacerme mala sangre.

Me basta con ser positivo para mirar con bondad y ayudar en lo que está en mis manos. Ojalá la Sobriedad y Lucidez fueran tan contagiosas como lo ha sido la SubNormalidad que trajo el virus. Lo que tenga que suceder, lo veré con la serenidad de un granjero que se sabe mortal.

Muchas gracias por vuestra atención y paciencia. Ha sido muy enriquecedor “desaprender” con vosotros, con vuestras experiencias, reflexiones e incluso vuestras objeciones. 

Sentido Común

viernes, 3 de abril de 2020

LA FUERZA DE LA COSTUMBRE


Aquellos que anuncian que luchan en favor de Dios son siempre los hombres menos pacíficos de la Tierra. Como creen percibir mensajes celestiales, tienen sordos los oídos para toda palabra de humanidad. Stefan Zweig (1881-1942). Escritor austriaco.

El Experimento.

Un grupo de científicos metieron cinco monos en una jaula en cuyo centro colocaron una escalera y sobre ella un montón de plátanos.

Cuando un mono subía la escalera para coger los plátanos, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo.

Después de algún tiempo cuando un mono intentaba subir la escalera los otros se lo impedían y le golpeaban.

Pasado algún tiempo más ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de los apetitosos plátanos.

Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. La primera cosa que hizo el nuevo mono fue subir la escalera para coger los plátanos y comérselos, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le dieron una tremenda paliza.

Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera, aunque nunca supo el porqué de aquella agresividad.

Un segundo mono fue sustituido por otro y ocurrió lo mismo.

El primer sustituto participó con entusiasmo en la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho, lo volvieron a golpear. El cuarto y, finalmente, el quinto de los veteranos fue sustituido.

Los científicos quedaron, entonces, con un grupo de cinco monos que, aún cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba llegar al racimo de plátanos.

Si fuese posible preguntar a alguno de ellos por qué pegaban a quien intentaba subir la escalera, con certeza la respuesta sería:

“No sé, aquí las cosas siempre se han hecho así.”

¿Desde el punto de vista de las creencias humanas, suena de algo, verdad?

Quizás algunos/as de vosotros ya conozcáis el cuentito. Y me ha parecido interesante ponerlo de entrada como inicio de debate de algo que nos afecta a todos y a todas indefectiblemente, ya que somos “productos” de los condicionantes de formación y educación recibidos durante la niñez y primera juventud, que luego hemos querido “adaptar” a nuestro carácter con esa “libertad y conocimiento de causa” que cada cual se abroga, basada en la experiencia personal de lo cotidiano que nos atribuimos y que consideramos es lo mejor para sí, y para todo el género humano.

¿Se paran muchas personas alguna vez a preguntarse por qué siguen “golpeando” (en sentido metafórico) por la defensa de sus creencias y costumbres sin cuestionarse su validez, sólo porque siempre se ha hecho así, y porque supuestamente están haciendo las cosas de una manera, desde la coacción de lo que ellos creen que proviene de un principio trascendente si tal vez las pueden hacer de otra manera, es decir, desde la rica expectativa de la diversidad de su propia inmanencia?

Como dijo Einstein: Solo hay dos cosas infinitas en el mundo: El universo y la estupidez humana.

Flan Sinnata

sábado, 16 de noviembre de 2019

¿Complejo o complicado?: Ho'oponopono

Posiblemente el problema de la Nueva Era o del buen rollito es que pretende ofrecer una respuesta ingenua y simple a las grandes preguntas que se hace cada ser humano, al menos quienes se paran a pensar y afrontan ese vértigo de mirar al vacío. Durante siglos se nos ofreció una respuesta igualmente infantil: un Padre Todopoderoso que hace lo que le sale de los huevos, y que, a pesar de no estar aburrido en su Eternidad, crea un muñeco de barro para ver cómo sufre en un Valle de lágrimas.

La respuesta a la existencia humana podría ser muy hermosa, pero cuando se cuestiona la proliferación geométrica de 7.500 millones de seres, la cosa se pone bastante escabrosa e incomprensible. Si se le añade el empeño de crear armas monstruosas, uno se puede quedar sin palabras.

En un plano biológico, la especie humana ha desarrollado una capacidad única: la abstracción. Eso le podría permitir disfrutar de tener cubiertas todas sus necesidades y disfrutar de un desarrollo cultural exquisito, pero nos empeñamos en depredar cuanto hay hasta extremos demenciales.

En un plano filosófico, ya hace milenios en Oriente captaron la incapacidad para reducir al Cosmos a una estructura verbal, pero los griegos se empeñaron en darle vueltas y elucubrar en torno a Ideas que existen sin el hombre, como la Belleza, Bondad y Verdad, lo cual entiendo que es una entelequia de personas ociosas, profundamente falsa. Quizás fue la ociosidad la que les llevó a ese desvarío: cuando hay que ganarse el pan, uno no desbarra tanto; al sexo no se le llama amor y la ayuda de los vecinos no se pervierte para odiar al extraño.

En un plano espiritual, todo vale pero nada se sostiene. Ni la transcendencia ni la reencarnación; ni oír voces divinas ni temer un infierno que sólo existe en nuestros miedos obsesivos.

Pero la realidad de cada persona es mucho más compleja que encasillarnos con una etiqueta biológica o intelectual: cargamos con una historia individual, única e irrepetible. Nuestras experiencias, afectos, emociones y pensamientos son un proceso que se da dentro de un cerebro insondable, con una capacidad de procesamiento de la información que dudo que alcancen los ordenadores más sofisticados, pues tenemos la capacidad de atribuir significado a los sucesos, cuando las computadoras sólo gestionan los datos con mucha rapidez, nada más.

Toda esta “introducción” era para reconocer que somos inevitablemente Complejos, pero no hay motivo para Complicarnos la vida. Citaba Asier Bilbao un refrán de Madagascar:
"Las palabras son como la tela de araña,
para la persona inteligente, son un abrigo,
y para la torpe, una trampa".


Ayer mismo una amiga me habló del Ho´oponopono, de Hawaii.
“Higiene mental: conferencias familiares en donde las relaciones se corrigen a través de la oración, discusión, confesión, arrepentimiento, compensación mutua y el perdón".
Ho'oponopono es definido como “enderezar; poner en orden o en forma, corregir, revisar, ajustar, enmendar, regular, arreglar, rectificar, ordenar, arreglar ordenada o pulcramente”.
El psiquiatra Dr. Ihaleakala Hew Len, en Hawaii, habla del concepto de “Responsabilidad total”: “Resulta  que amarte a ti mismo es la mejor manera de mejorarte a ti mismo, y a medida que te mejoras, mejoras TU mundo”. Tiene cierta  relación con el solipsismo, con la creencia metafísica de que lo único de lo que uno puede estar seguro es de la existencia de su propia mente, y la realidad que aparentemente le rodea es incognoscible y puede, por un lado, no ser más que parte de los estados mentales del propio yo. Yo creo que sí hay existencias ajenas a mí, pero que lo esencial es mi interpretación particular de ellas, mi forma de concederles significado, valor y la respuesta que les doy.

Esta cita a otro chiringuito “Nueva Era” quiere añadir, a los planos ya citados (biológico, filosófico y espiritual) el plano material y económico.

Al Dinero le atribuimos un valor finalista: cuanto más dinero poseas, más eres. El éxito y satisfacción parecería tener una relación directa con los bienes que uno acumula. Pero lo cierto es que nuestras necesidades materiales están bastante bien cubiertas con un techo caliente, comida, ropa y salud. Ser conscientes de que todas nuestras necesidades físicas están satisfechas, nos debería proporcionar paz, pues era impensable para las generaciones anteriores, y fue por lo que se esforzaron y lucharon nuestros padres. Esa serenidad nos permitiría avanzar en la realización personal, en lo laboral aportando calidad humana, en lo artístico como admirador o creador, en la mera participación en los distintos aspectos de nuestro entorno que nos sean llamativos.

Pero se nos ha vendido la ansiedad por poseer, por hacer incluso del sexo una actividad de posesión y entrega en vez de una relación gratificante de dos seres humanos. La angustia por ser “normal” y sentirnos pertenecientes a una clase social o una tribu urbana que se identifica por ciertas prendas de vestir, una vivienda en determinado barrio y, por supuesto, el mantenimiento de un vehículo que nos define perfectamente ante el resto de la sociedad de consumo. Es un concurso de etiquetas, de marcas, de lugares sofisticados a los que se ha ido de turismo que parece que dan sentido a los 11 meses de mierda trabajando como negros.

Corren malos tiempos para la lírica, y esta generación ya está viviendo peor que la de sus padres. No es que se mueran de hambre, sino es que se mueren de asco, de insatisfacción, de envidia cochina por ver que otros poseen más que lo que ellos disponen. Y la mayoría no se plantea que exista una situación injusta que perjudica a una capa desfavorecida, sino sólo su deseo de “llegar arriba”, de ser de la élite que manda o, al menos, del grupo elegido de siervos especialmente preparados para mantener el Sistema funcionando en beneficio de esos pocos privilegiados. La escena recuerda al hámster que corre ansioso en su rueda, sólo para generar la energía que calienta la confortable mansión del dueño, mientras otros animales ni siquiera alcanzan a pillar las migajas de lo acaparado.

Una vida más sencilla nos haría más libres. Poner el foco en lo que nos enferma por dentro, en el rencor diario y aprender a buscar soluciones honestas como pedir perdón, dar las gracias o sonreír a todo lo bueno que nos rodea, nos salvaría de la crispación. Una vez sanados, nuestra labor sería más eficaz y con menos contradicciones, sin intereses bastardos como la ambición o el Poder.


Sentido común

jueves, 30 de mayo de 2019

¿JUNTOS, REVUELTOS O SEGUIMOS SEGREGADOS?


Escucha la entrada AQUI


Hace tres días las ganadoras del Campeonato de Squash de Asturias recibieron sendos trofeos y como obsequio un vibrador, cera depilatoria y una lima eléctrica para las durezas.

Los ganadores masculinos solo recibieron trofeos.

¿Pero qué habría pasado si a los chicos les hubiesen regalado también sendas muñecas hinchables, y cajas de 100 condones Durex?

Probablemente nada.

Pero bueno, al menos han dimitido tres personas en la Federación.
Tras la entrega del primer Balón de oro femenino a la futbolista Ada Hegerberg, el DJ francés Martin Solveig, le preguntó “¿Sabes hacer 'twerking'?"

O sea machismo por todas partes…

Ayer en la sesión inaugural de Congreso, el candidato y futuro presidente Pedro Sánchez se jactaba de que en el Congreso de los Diputados español había más mujeres diputadas que hombres en todo el mundo mundial, así como en el anterior Consejo de Ministros, había más ministras que ministros.

Hay intentos de que haya paridad en los Consejos de Administración de las empresas, del CGPJ y en todas las empresas, pero esto va lento.
Sabemos que la mujer se ha incorporado al Ejército, GC, Policía Nacional, Autonómica y Municipal, y no sé si se ha incorporado la mujer a las Fuerzas antidisturbios, y en las pruebas físicas se observa una gran discriminación entre las exigencias a hombres y a mujeres y no he leído en ningún sitio que el colectivo feminista se haya quejado por ese trato discriminatorio, que se disfrazado en esa frase tan ampulosa como “discriminación positiva”.

¿Pero qué sucede en el Deporte?

Poniendo en antecedentes que el Deporte no es tal, sino un negocio capitalista como cualquier otro.

Queremos paridad e igualdad, pero en el deporte cada sexo va por su lado o sea, están separados por sexos. Hay ligas de futbol, baloncesto, voleibol, etc., masculinas y femeninas. Esto viene a ser como la educación segregada o separada por sexos en España que además está avalada por el TC y por supuesto, financiada con dinero público.

Hay futbol masculino y futbol femenino, copa del rey y copa de la reina.

¿Pero por qué no juegan o compiten juntos o revueltos?

En las Olimpiadas, en todas sus modalidades, ¿Por qué no pueden competir juntos o revueltos?

En los campeonatos de Natación, ciclismo, esquí, baloncesto, voleibol etc.

¿Por qué no pueden competir juntos o revueltos?

Recuerdo que en la época en la que el futbol en España estaba un poco demodé, La Federación optó por traer a jugadores foráneos, aunque limitaron su número a dos por equipo. Claro que el que hace la ley hace la trampa y empezaron a nacionalizarse y ahora se hace la distinción entre comunitarios que no cuentan como extranjeros y extracomunitarios.

Claro que para llevarlo a cabo esta revolución, habría que poner de acuerdo a los 5 continentes, algo imposible e impensable, para que las competiciones fuesen generales.
Así que si se hiciesen los distintos deportes competitivos revueltos, se podrían ir incorporando jugadoras a los equipos en un número limitado e irlo aumentando hasta poder conseguir la ansiada paridad.

Si se hiciesen juntos, o sea que compitiesen los equipos masculinos y femeninos en una sola liga o campeonato, esto aunque sería posible, por los resultados nos daría de bruces con una realidad palmaria: En el 99% de los casos ganarían los equipos masculinos ¿Y esto por qué sería así? Pues porque físicamente son más fuertes que los femeninos y esa verdad pues es mejor que todavía duerma en la mente de algún loco, porque es una realidad machista ¿O no?
J

Untalivan