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viernes, 27 de mayo de 2022

SOÑAR CON EL SOCIALISMO

Yo, lo confieso, soy libertaria de corazón. Creo que la única sociedad feliz sería aquella que consiguiese un igualitarismo absoluto y en todos los campos de la vida. Me gusta imaginarme al planeta compuesto por pequeñas comunidades humanas autogestionadas, cooperativistas, no patriarcales y liberadas del trabajo alienante, donde el ocio y el amor libre ocuparan la mayor parte de la vida y el mayor derecho fuese, como reclamaba Lafargue, el de la pereza...

¿Dije "de corazón"? Pues sí, es un deseo, un ideal en el que recreo mi mente pero como a otras personas les gusta imaginar otros  mundos también ideales, llenos de unicornios blancos, hadas bienhechoras y duendes saltarines. Pero la realidad es que ese tipo de sociedades, libertarias  socialistas o comunistas, con o sin estado por medio, son impracticables. El socialismo, sobre el papel, lo aguanta todo pero cuando se ha intentado llevar a la práctica en cualquiera de sus formas, o ha fracasado o se ha quedado a medias. Sin retrotraernos a los diversos intentos por crear sociedades igualitarias a lo largo de la historia,  bien mediante revoluciones o a través de proyectos aislados alejados de la civilización o de sistemas políticos jerárquicos, que han durado un suspiro, los ejemplos más recientes nos indican que algo falla cuando se lleva el anarquismo o cualquier otro socialismo (incluso con vistas a llegar al comunismo) a la práctica.

Sin salir de Europa ni irnos más atrás del s.XX, las revoluciones anarquistas de Macedonia, la rusa de 1905, la Majnovista en Ucrania o la llevada a cabo durante la Guerra Civil española fueron las más importantes y, aunque fueron aplastadas por factores externos contrarios a su implantación, queda por saber cuánto hubiesen tardado en caer en desviaciones y colapsar a causa de factores internos. Pero sí sabemos qué pasó con la experiencia comunista en Rusia (si podemos hablar de Comunismo tal como Marx lo entendía, puesto que no se llegó a la eliminación del Estado y no se pasó de la Dictadura del Proletariado, que solo era una fase intermedia en la teoría marxista). Y qué ha dado de sí el llamado socialismo cubano, coreano o venezolano, que más bien se han quedado en intentos, vías para llegar a un socialismo que nunca se acaba de completar. 

Objetaréis algun@s, y con razón, que el poderoso sistema capitalista que domina el mundo, no les deja respirar, les impide completar el proyecto socialista y llevar a sus sociedades a esa Arcadia feliz a la que, sin duda, llegarían si no sufriesen el boicot y el intervencionismo de las potencias capitalistas pero este argumento no nos sirve con la URSS, por ejemplo, pues aunque también sufrió desde el primer momento y hasta su colapso estas presiones externas, fueron también causas internas las que desviaron desde el primer momento la sociedad comunista que teorizó el marxismo hacia formas autoritarias y jerarquizadas de gobierno..En las mentes de los jerifaltes del partido nunca estuvo deshacerse del Estado ni ceder las riendas al proletariado de forma real.

Arcadia Feliz, 1890, de Konstantin Yegorovich Makovsky (1839-1915, Rusia)

Y es que yo pienso que -salvo en pequeñas comunidades no contaminadas y asentadas en formas de vida que no salieron del neolítico- es una quimera pensar que las sociedades afectadas por siglos, milenios de civilización puedan hacer una transición -traumática o no- a cualquier tipo de socialismo de forma completa y permanentemente exitosa. ¿Y por qué? Pues porque el ser humano producto de siglos de civilización tendría que hacer antes un trabajo de desaprendizaje de un montón de vicios y de hábitos relacionales que están grabados a fuego en su inconsciente colectivo. El egoísmo, la ambición, la avaricia, la territorialidad, el ego individual..etc, acabarán siempre por aparecer y malograr cualquier exitosa revolución socialista por muy buenas intenciones que se tengan y por muy exitosas que aparezcan en las teorías de grandes pensadores..

Y otro factor que teóricos como Marx no han tenido en cuenta a la hora de establecer las bases y condiciones para que se pueda desarrollar el socialismo y llegar al comunismo es el de la psicología de los pueblos, su espíritu colectivo..El análisis materialista de la historia olvidó o despreció este "detalle" y por eso Marx falló en sus previsiones, pues creía que el comunismo triunfaría en sociedades industrializadas mientras lo descartaba para sociedades precapitalistas que permanecerían en el semifeudalismo hasta que sufrieran procesos de industrialización y se generara una clase proletaria lo suficientemente importante para hacer la revolución.

¿Y qué pasó con la teoría cuando se dio de frente con la realidad? Pues que donde debería haber triunfado el socialismo (Alemania, que era donde Marx vaticinaba que triunfaría por ser una sociedad altamente industrializada con una importante masa proletaria) lo que triunfó fue el fascismo...y donde triunfó la revolución comunista fue en Rusia, una sociedad de campesinos y en muchos aspectos, semifeudal.

¿Qué no tuvo en cuenta Marx, entonces? El factor espiritual, la historia no solo materialista sino espiritual de los pueblos, su alma colectiva...Y la naturaleza del ser humano viciado por milenios de civilización.

maleficae

viernes, 10 de diciembre de 2021

CIENCIA Y METAFISICA: ¿DOS VIAS DE APROXIMACIÓN A LA REALIDAD?

 A efectos de la presente entrada, voy a englobar como “científico” todo lo que describe realidades verificables, medibles o comprensibles según métodos racionales admitidos por la comunidad de académicos e investigadores. Dentro del término “metafísica” incluiré todo lo referente a lo religioso, lo espiritual y lo místico.


En estos tiempos de racionalismo y secularización parece vergonzante hablar de “conocimiento interno”, o de “experiencias interiores” ya que, por ser subjetivas en principio, sólo pueden ser reconocidas y comunicadas entre sujetos de la misma experiencia, pareciendo ajenas al resto. En consecuencia, la mayoría de las veces todo este campo de conocimiento interno (que parte de dentro) ha sido tradicionalmente relegado como irracional, mágico u oscurantista. Hoy día se hace imprescindible, no obstante, la unificación de estos dos campos de experiencia humana, ya que el racionalismo desnudo y el cientifismo de los datos y de los hechos siguen sin ofrecernos una explicación global del Cosmos y de la Vida y, en definitiva de nuestras propias vidas.


Desde hace siglos se ha fragmentado el conocimiento y la ciencia, al separar el conocedor de lo conocido, el sujeto del objeto, el experimentador de lo experimentado. Muchos científicos reconocen hoy día la imposibilidad de una absoluta objetividad científica, puesto que el observador influye en lo observado (Werner Heinserberg) y el mundo “de fuera” no es sino una creación del mundo “de dentro” (Frithof Capra).


Con gran humildad, Max Planck reconocía ya en 1930 que los medios de investigación del físico no le enseñaban nada sobre el mundo real, a pesar de constituir el conocimiento de éste su objetivo e ideal. Posteriormente, científicos como David Bohm, Neils Bohr, John Wheeler y el ya citado Fritjof Capra, entre otros, no bastándoles con la mera toma de conciencia de los límites de los postulados físicos admitidos hasta la actualidad, han emprendido estudios interdisciplinares, abriendo el campo a una “expresión científica” de la unidad entre el conocimiento científico y el conocimiento interno, entre los grandes principios de la Física moderna y las aportaciones hechas por las llamadas tradiciones espirituales.


Igualmente, en el área de la Psicología, fundamentalmente transpersonal, Richard Bucke, Abraham Maslow, Stalinaf Grof, Ken Wilber, Charles Tart y France Vaughan, entre otros, han hecho aportaciones fundamentales en el campo de la investigación de la conciencia, partiendo, en la mayoría de los casos, de experiencias o investigaciones personales. Uno de sus méritos fundamentales es el de haber ampliado la Psicología, desde el terreno de las “tradicionales” patologías psíquicas, al de la autorrealización y trascendencia. Han empezado a poner palabras “científicas” a los llamados estados ampliados, o modificados de conciencia, a las experiencias de supuesto carácter místico y las revelaciones de los grandes clásicos espirituales, que habían quedado tradicionalmente relegados como textos puramente literarios.


Es así como cada vez mayor número de personas que experimentan lo que Abraham Maslow ha denominado experiencia-núcleo o trascendental, han podido comenzar a conceptualizar sus respectivas experiencias, al tiempo que muchos profesionales de la Psicología han comenzado a abrirse a otros enfoques, hasta el punto que se haya podido afirmar la casi identidad de objetivo entre la curación psíquica y las vías de conocimiento interno.


Y es aquí donde quizá haya que distinguir entre religión, espiritualidad y mística. El fenómeno religioso, como todos/as sabemos, es un fenómeno humano vinculado a un sistema de creencias, ritos y normas morales. Como tal, puede ser considerado un fenómeno cultural vinculado a la creación, cohesión y mantenimiento de las civilizaciones que se han ido sucediendo a lo largo de la historia de la humanidad. Se podría convenir con ello en que es “espiritual” todo movimiento que parte del interior hacia el exterior, que está inspirado por el amor incondicional, que tiene una visión global y que sirve el bien de la totalidad mayor a nivel local. En este sentido lo “espiritual” estaría vinculado a un sentimiento que trasciende las necesidades materiales más básicas. En el campo de lo místico sólo incluiríamos la experiencia interna directa: la presunta aprehensión de lo real sin que haya mediación ninguna entre el experimentador y lo experimentado.


Llegados a este punto toda transmisión de la experiencia por medio de las palabras no es la experiencia misma. Es aquí donde las palabras, dentro de su contexto subjetivo, se vuelven poéticas y, como tales, puramente simbólicas, como diría un tal Maestro Eckhart: “El ojo en que veo a dios, es el mismo ojo en el que dios me ve. Mi ojo y el ojo de dios son un sólo y mismo ojo, una sola y misma visión, un sólo y mismo conocimiento, un sólo y mismo amor”… Con la misma dificultad de transmisión se han encontrado místicos cristianos como Teresa de Ávila y Juan de la Cruz, o sufís como Rumi, Djami, Indries Shah, o el indú-islámico Kabir. Sus escritos poéticos son sólo evocación y pálido reflejo de la supuesta realidad experimentada.





Esta experiencia interna ha sido llamada según las diferentes tradiciones, dioses, transcendencia, el ser, la iluminación, el estado búdico, satori, nirnava, conciencia crística, el fanâ, la revelación, el yo superior, la supraconciencia, el samadhi, etc… A la luz de la historia, de la reciente aproximación entre oriente y occidente y de la multiplicación de experiencias internas de muchas personas, me atrevería a firmar que hoy día el “conocimiento interno” y la “experiencia mística” no son sino un potencial común a cualquier ser humano al margen de su universo de creencias personales. El campo de lo “metafísico” ha dejado de ser patrimonio exclusivo de teólogos, sacerdotes, monjes, gurús, yoguis, ascetas e iniciados esotéricos. El problema que plantea esta “democratización de lo trascendente” es el de la verificación de su autenticidad o inautenticidad y la integración de su profundidad. El científico, como profesional de la Ciencia, formula teorías e hipótesis y, hasta cierto punto, es controlado por la comunidad de científicos. Pero, ¿cómo se reconoce a un “profesional de la espiritualidad” y cómo puede ser controlada su autenticidad y profundidad? No basta con que tenga seguidores, ya que debe ponerse en duda su eventual objetividad legitimadora. Es aquí donde cada persona no puede sino remitirse a la subjetividad de su propia experiencia interna, corroborándola con las de otras personas y grupos que le sirvan de espejo.


Ken Wilber, tras referirse a Marx, Freud y Habermas, elogiando su aportación fundamental emancipadora en los campos de la crítica económica-histórica, sexual-emocional y de la acción comunicativa, respectivamente, se lamenta de que todavía no se ha hecho un análisis que estudie “las opresiones de la espiritualidad, la represión de la trascendencia, la política del Tao y la negación del Ser por parte de los seres”. Pero parece que su llamada ha tenido eco y quizás, vayan apareciendo trabajos unificadores desde las diferentes disciplinas, como así es observable desde hace tiempo, que al criticar los postulados mismos en que se basa tanto la Ciencia como la Espiritualidad conocida, en su amplitud de manifestaciones, vayan eliminando los obstáculos para una comprensión más global, auténtica e integral de lo real.


Flan Sinnata





viernes, 12 de noviembre de 2021

Investiga, imagina y comparte

Cuentan los sabios que la imaginación nos diferencia del resto de los animales. Mediante la imaginación creamos pasados y futuros creíbles, barajamos probabilidades y posibilidades de acción que, gracias a la empatía, además de proyectos individuales, son muchas veces colectivos.

    Los animales carecen de estas herramientas. Imaginamos tanto que antropomorfizamos todo, desde los mismos dioses a las montañas, pasando por nuestras mascotas. Donde una gaviota ve una montaña con dos picos nosotros vemos “Dos hermanos” (punta sur de Tenerife) e imaginamos una historia en la que dos gigantes se convierten en piedra.


    Imaginando y poniéndonos en la piel del otro la humanidad progresa, si bien a trompicones, hacia la conquista de la galaxia… y, en este proyecto, los nacionalismos están fuera de lugar.

    Son dos herramientas poderosas que junto a la curiosidad innata a la inteligencia producen “la conciencia”, el saber ser y estar. Pero… la empatía normalmente solo alcanza un círculo muy menguado, solo alcanza a los más próximos, a la tribu y poco más. Ya con los vecinos reina una rivalidad que nos acerca a los chimpancés; una rivalidad que llevada a los extremos degenera en guerra y que en la paz se refleja en muchos ámbitos de la vida. Un claro ejemplo son los derbys deportivos (putos giputxis) o las selecciones nacionales.

    La Humanidad tiene que superar esas actitudes para conseguir de verdad la libertad del hombre.

    El único recurso para lograrlo es la fraternidad de los pueblos, la solidaridad de clase; consiguiéndola llegaremos a la igualdad entre las personas, y con ella, a la ansiada libertad.

CapitanRed

viernes, 24 de septiembre de 2021

ELOGIO DEL ODIO

  “Donde el amor rige, no existe el deseo de poder; y donde el poder predomina, falta el amor” (Carl Jung). 

Esta frase me lleva a pensar que si el amor y el “no poder” van unidos y si el ser humano tiene “voluntad de poder” (Nietzsche), podríamos concluir que el ser humano es un ser de odio: voluntad de poder à voluntad de no amor à voluntad de odio. Vale, esta conclusión es retorcida, está traída por los pelos y es un sofisma, pero, ¿y si fuera verdad? 

Hablar de odio es hablar del mal, pero ¿existen el bien y el mal como conceptos categóricos y entidades absolutas? En la filosofía occidental quizás sí, porque está basada en la filosofía griega (Platón y Aristóteles), que sirvió de base para la moral judeo-cristiana (basada en conceptos de culpa y pecado).  Pero para la filosofía oriental (taoísmo, budismo e hinduismo) son entidades relativas, no absolutas. Por eso no establece división entre el bien y el mal (en el taoísmo no hay nada bueno ni malo, todo parte de una raíz y hay que buscar la armonía).  

Yo creo que los binomios amor-odio y bien-mal son personales. Y por eso comparto la idea de Albert Camus de una “ética de situaciones, endógena y pragmática”. Esta idea llevada al extremo podría llevarnos a la aberración de una “ética líquida” en una modernidad líquida sin moral ni convicciones (Zygmunt Bauman). Sin llegar a ese extremo, Schopenhauer decía que el mal tiene su origen en nosotros mismos y forma parte de nuestra naturaleza. Schelling decía que “nosotros albergamos el bien y el mal” y que “en el hombre está el abismo más profundo y el cielo más alto”. A Chesterton le preguntaron si era un demonio y respondió: “soy un hombre, y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios”. Gramsci hablaba del “odio a los indiferentes” porque “vivir significa tomar partido”. Marx, Engels y Lenin reconocen la violencia revolucionaria como única forma de transformación radical de la sociedad. El historiador Jerzy W. Borejsza en su libro “La escalada del odio” analiza los sistemas fascistas en Europa. Y Pablo Iglesias habla de los medios de comunicación que amparan el discurso del odio. 

Por tanto, habría que considerar el odio como una parte más de la condición humana. Dicen que el odio es un sentimiento destructivo para quien lo siente, pero yo creo que hay que ampliar ese concepto. Digo esta boutade porque sin su fuerza e impulso, muchas cosas no hubieran sido posibles (vuelvo al párrafo anterior de “voluntad de poder-odio”).  Mayormente porque el ser humano es un ser que odia (los animales no odian, quizás porque no tienen esa pulsión de poder) y la historia de la Humanidad es una historia de odios. Y de amor, claro, (que no se me olvide). El odio ha sido motor en la formación de imperios y subsiguientes revoluciones para acabar con ellos. El odio es fundamental en el ser humano, en sus narrativas y en su literatura (y el amor también, que se me olvida otra vez). 

La cosa empieza con una odiosa historia fraternal entre Caín y Abel que terminó mal (para Abel, digo). Y después la Biblia nos habla de mucho odio: “el que dice que está en la luz y odia a su hermano, está en tinieblas” (1ª Juan 2:9). Pero como medio mundo odia al otro medio, creo que estamos a oscuras (necesitaríamos una buena empresa eléctrica pública con luz barata). Además, veo difícil que sigamos el ejemplo de San Pablo, que pasó del odio a los cristianos a ser su líder amoroso (todo un ejemplo a no seguir). 

El odio religioso es imprescindible para entender la historia. El filósofo francés Michel Onfray dice que “la Torá, la Biblia y el Corán practican el mismo odio en su libro “Tratado de ateología”. Pero tampoco es cuestión de hacerle mucho caso porque, obviamente, es un ateazo que odia la religión (y yo odio las generalizaciones). Además, como el Islam tiene un mensaje del odio al infiel, El Corán es un libro violento lleno de odio y la yihad habla de guerra santa, pues por comparación tampoco estamos tan mal en el Occidente cristiano en cuestión de odio (aunque vamos bien servidos, porque la Biblia tiene muchas historias de odio). Claro que hay división de opiniones, porque, aunque la Iglesia dice que el cristianismo es una religión de amor, el escritor colombiano Fernando Vallejo no opina igual en su libro “La puta de Babilonia”. Lo cual me recuerda la idea del odio del pueblo (perdón, el opio del pueblo). 

En temas de odio el Budismo flojea y pierde con diferencia, porque dice que el odio es un fuego que debemos trabajar porque nos consume (los otros dos son la ignorancia y el apego). Lo dicho, flojea y es demasiado buenista. No me extraña que los hippies, los escritores de la generación beat y alguna estrella de Hollywood lo practiquen (el Dalai Lama es un flojo de la vida:  necesitaría un poco más de odio). 

 La antropología y la neurociencia nos hablan de la agresividad del Mono Sapiens porque tenemos más de chimpancé que de bonobo. Si fuera lo contrario, arreglaríamos los conflictos con más sexo y menos guerras. Pero donde esté una buena guerra, que se quite el sexo y es mejor joder al prójimo que follar bien. Por eso el odio se relaciona con la agresividad (y con el poder, claro). 

Tras el primitivo y rudimentario odio entre las tribus de Homo Sapiens (por territorios, recursos y esas cosillas sin importancia), en la antigüedad el odio se va puliendo y perfeccionando: el odio entre griegos y persas es un clásico, las guerras púnicas empezaron cuando Aníbal juró a su padre odio eterno a Roma y la máxima sofisticación se alcanzó con el Imperio Romano:  estos sí que sabían odiar bien (a los bárbaros y entre ellos mismos). Y esto del odio acabó mal para Viriato (entre otros). 




En todas las revoluciones ha habido mucho odio (vaya mierda de revolución sería si no lo hubiera). Y por eso desde Marx y Engels, el odio de clase (perdón, la lucha de clases), es un concepto fundamental en el materialismo histórico. Por ello un buen marxista debe sentirlo con toda su alma. En el caso de que ésta exista, claro, porque un marxista sabe que el alma es un instrumento de manipulación y dominio por parte de la odiosa clase explotadora, dominante, burguesa y demás cabrones poderosos sobre la clase obrera y proletariado. Y este odio finalizará cuando se llegue a una sociedad sin clases y sin poderosos (o sea, que tenemos odio para un rato y más, porque el ser humano es un ser jerárquico con voluntad de poder-odio).  

En España andamos bien servidos de odio y somos una potencia mundial en PIB de rencor. Ya en la Reconquista (palabra odiada por muchos que dicen que no fue tal) había una buena dosis de odio mutuo. Unos hablaban de “odio al sarraceno” y otros de “odio al infiel”: todo en orden, empate en este tema. Claro que también había historias de colaboración mutua e incluso de amor entre ellos, pero esto no viene al caso (y además, estropearía esta bonita entrada de odio). 

Finiquitado el odioso Islam en España, hacía falta un nuevo motivo para odiar. Y en esto que llegó el odioso Lutero con sus 95 tesis clavadas en las puertas de la iglesia de Wittemberg y se lo puso a huevo al odioso Carlos V, que convocó la Dieta de Augsburgo, en la cual se enfrentaron luteranos y católicos con un odio “comme il faut”. Luego vino el Edicto de Worms y la excomunión de los odiosos luteranos, porque Carlos quería salvaguardar la unidad cristiana. Y para ello hacía falta odio (que no falte). Como respuesta, los luteranos de las “órdenes reformadas”, formaron la “Liga de Esmalcalda de los protestantes”. Luego vino el Concilio de Trento, el inicio de la guerra en 1545, la batalla de Mühlberg, la Paz de Augsburgo, etc. Esta guerra de Calos V contra los príncipes alemanes es el ejemplo perfecto de lo que debe ser una bonita historia de odio (en España sabemos mucho del tema y tenemos una tradición consolidada). 

Ya metidos en la época del Imperio español, el odio a la pérfida Albión fue primordial en nuestra historia (ahí empezó el odio al imperio español y la leyenda negra). Luego llegó el odioso Napoleón y el correspondiente odio a los franceses. Y después de odiar a Europa, nos odiamos a nosotros mismos en las guerras carlistas, con un odio fantástico entre carlistas-reaccionarios y liberales-modernizadores. Después llegaron los nacionalismos, con su odio a la malvada España.  Y después la guerra civil española, una odiosa tormenta perfecta.  Luego llegó el odioso franquismo con su odioso relato de la conspiración judeo-masónica-comunista y correspondiente odio fachilla a comunistas, anarquistas y rojillos en general. Y ya en la actual España (con su odiosa polarización), la izquierda nos habla de la odiosa y casposa derecha, connivente con el machismo, xenofobia, homofobia y delitos de odio hacia el colectivo LGTBIQ (en estos temas el Islam nos gana por goleada).  

¿Odia más la izquierda o la derecha? Difícil respuesta, porque el tema está muy reñido, por no decir a la par. La izquierda europea odia su pasado occidental colonial con su correspondiente relato eurocéntrico y occidental de imposición cultural (teoría decolonial). En el caso de España, ese pasado incluye la Hispanidad, el “genocidio indígena”, la añoranza de la II república, su derrota por los golpistas y los odiosos 40 años de franquismo. Por no hablar de la odiosa leyenda negra (con su buena Inquisición incluida). 

En cambio, la derecha europea odia todo aquello que amenace su identidad, su pasado y su historia. Y odia ese revisionismo histórico woke que considera a Occidente culpable de todos los males de la Humanidad. Capitalismo incluido, claro, ese odioso sistema económico y civilizatorio de muerte que destruyó al resto de civilizaciones, cosmogonías e identidades culturales a través de la globalización de su pensamiento único (neoliberal, claro).  

¿Y cómo está el odio en Occidente? Bien, gracias, porque es un valor en alza. El odio occidental tradicional que hubo en sus revoluciones (francesa, inglesa, americana, rusa, etc) y en sus guerras (religiosas, napoleónicas, primera, segunda, de los Balcanes, etc) está bien representado en la actual guerra cultural entre wokistas e identitarios, versión actualizada de las tradicionales izquierda y derecha. 

¿Y el odio en el planeta? Pues también goza de excelente salud. Superada la odiosa guerra fría del siglo XX entre capitalismo y comunismo, en el mundo moderno el odio va por barrios. Así, en el de Oriente Medio, el odio mutuo entre judíos y palestinos es de máxima calidad: Hamás y Hezboláh lo llevan incorporado en sus  Kaláshnikov AK-47 y cohetes katiusha, mientras los colonos judíos y sionistas lo llevan incorporado en su Tashal. O el odio a Occidente de los pirados de Al Qaeda y yihadistas, compensado a su vez por el odio identitario de neofascistas y ultraderechistas occidentales. Por no hablar del odio tribal africano: entre hutus y tutsis de Ruanda, xhosas y zulús de Sudáfrica, dinkas y nuers de Sudán, etc. O el odio entre musulmanes e hindúes en la India. Quizás sea odio entre civilizaciones (choque de civilizaciones, que diría Samuel Huntington). 


 
¿Y el odio hacia uno mismo? Pues depende, porque Occidente se odia a sí mismo por su pasado imperial y colonial, cosa que las demás culturas no hacen. Los turcos no odian la historia del imperio otomano, los rusos no odian su pasado imperial, los japoneses no odian su histórico imperio nipón y los chinos no odian las jugarretas que les han hecho a los uigures y tibetanos (Hong Kong está calentando). Y es difícil encontrar un musulmán que odie la expansión histórica del Islam a sangre y fuego, así como su pasado esclavista con los negros subsaharianos y el esclavismo de los piratas berberiscos. Por eso el Islam dedica todo su odio al exterior, a Occidente, USA, Francia, Inglaterra y demás países europeos coloniales imperialistas (en realidad lo odian desde las odiosas cruzadas). 

En los medios de comunicación hay mucho odio y últimamente se habla de los “delitos de odio” por raza, religión y orientación sexual. El odio al imperio USA y los  yankees es un clásico. Hollywood no es nada sin una buena historia de odio y venganza. El sanguinolento Tarantino es un aprendiz en este tema, porque las películas clásicas del cine negro americano de los 30 y de los 40 tenían una buena dosis de odio por medio (aunque era un odio mejor tratado que el odio-espectáculo del cine de Hollywood actual). 

En el blog andamos bien surtidos de odio: un forero me dijo “yo te odio” (literal) y hay un forero que lleva el odio en su nick. Mostramos nuestro odio a políticos, partidos, colectivos, instituciones y a todo: supongo que será nuestra pequeña “voluntad de poder” (o sea, de odio). Lo cual que este blog sin su correspondiente dosis de odio e insultos sería un ente empalagoso de paz, amor y plus en el salón. 

Los escritores saben odiar bien. Y con cultura, que no es lo mismo el odio sofisticado de un cultureta que el odio bellotero de un indigente intelectual indocumentado. Yukio Mishima odiaba la imposición del estilo de vida occidental en Japón: este tipo sabía odiar con estilo y hasta el final (así acabó). Ernst Jünger decía que en la guerra había que matar bien al enemigo, pero sin odio (otro flojo de la vida).  Y Bertrand Russell decía que pocas personas consiguen ser felices sin odiar a otra persona, nación o credo. En la música se habla de odio, aunque sea un odio banalizado (como en la canción "Odio" de Alaska y los Pegamoides).

Y para terminar esta odiosa entrada, un poco de ironía y humor. Si hacemos algo, hagámoslo bien. Así que en la odiosa y estupidizada sociedad actual, ya basta de ser influencer, youtuber,  instagramer o gilipoller para intentar convencer al mundo entero de que somo tipos excelentes y positivos. No finjamos buenrollismo y abracemos nuestro odioso lado "hater”. Si decidimos odiar, hagámoslo bien, en condiciones y hasta el final (como diría Bukowski, que no se andaba con remilgos ni medias tintas).


 



Un Tipo Razonable



viernes, 10 de septiembre de 2021

LA HUIDA

 “A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de qué huyo, pero ignoro lo que busco” (Michel de Montaigne). 

“Con frecuencia he pensado que la mejor forma de vida para mí consistiría en encerrarme en lo más hondo de una vasta cueva con una lámpara y todo lo necesario para escribir” (Kafka). 

Dos puntos de vista, dos opciones vitales: huir o quedarse. Y esto ya lo sabían Homero y su personaje, Ulises, cuya odisea representa el viaje de la vida (tema recurrente en la literatura). También la literatura es, de algún modo, un viaje,  una huida. 

El hombre es un ser que huye y la historia de la Humanidad es una historia de viajes y huidas sin fin. O no, porque quedarse en el lugar al que uno pertenece es una opción. La historia humana es una dicotomía entre atrevidos y cobardes, inquietos e inmóviles, aventureros y conformistas, Montaignes y Kafkas. 

Está claro que esto de la huida empezó hace cientos de miles de años cuando el hombre apareció en África y desde allí “huyó” por lo ancho y largo del planeta, empezando por Asia y después Europa y Oceanía. Esto es muy conocido, pero pocos conocen la historia de los bantúes (originarios del antiguo Lago Chad), que desarrollaron durante el segundo milenio A.C. unas capacidades agrícolas y un dominio de la metalurgia que originaron un aumento de población y la necesidad de emigrar. Esto les enfrentó a pueblos cercanos,  que tuvieron que huir. Se ve que  esto de la huida, como  el  rascar, todo es empezar (y no conoce de etnias ni culturas).  

Las huidas bárbaras (perdón, las invasiones bárbaras), son un clásico. Los alemanes llaman a este periodo  “Völkerwanderung” (migración de gentes) y los anglosajones “The Migration Period” (periodo de migraciones). Lo cual que godos, suevos, vándalos, anglos, sajones, jutos, francos, lombardos, burgundios  y demás,  huían mientras emigraban y se empujaban unos a otros (además de a los romanos, claro). Huidas que conformaron esa Europa a la que hoy quieren venir los huidos del hambre y la miseria.

El descubrimiento de América supuso una buena huida para mucha gente sin oficio ni beneficio: entre 1820 y 1930 más de 50 millones de europeos huyeron a América. Voluntariamente, claro, porque  la migración forzada de esclavos entre los siglos XVII y XIX, llevó a millones de africanos a América, cosa que inauguró España en el año 1501 cuando llevó a los primeros esclavos africanos a la isla de La Española. En apenas 350 años entre 12 y 15 millones de africanos cruzaron el Atlántico para ser esclavizados en América. A esto habría que sumar los más de millón y medio que murieron en el transporte.



 Pero no pensemos que esto de la “huida” forzada de esclavos es cosa del “malvado hombre blanco eurocéntrico, occidental y dominante” que apareció con el descubrimiento de América. En absoluto, porque ya los egipcios utilizaron el Nilo como ruta de esclavitud (que fue utilizada más tarde por otras civilizaciones). Después le llegó el turno de los omaníes, quienes pusieron en Zanzíbar el mayor nudo comercial de esclavos de la época. Y después los negreros musulmanes, que trabajaban a destajo (17 millones  de esclavos), más que los negreros europeos (11 millones). Por no hablar de los piratas berberiscos, que hicieron “huir”  a europeos al norte de África: hasta un millón y cuarto de cristianos europeos que capturaron en las costas del Mediterráneo, llegando a Paises Bajos, Inglaterra e incluso Islandia  (que se lo cuenten a Cervantes, que estuvo “huido” en Argel). Por no hablar de la esclavitud prehispánica de los mayas, aztecas e incas (supongo que les incrustarían a sus esclavos su relato dominante “mayacéntrico, aztecocéntrico e incacentrico” mientras los “huían”). Ah, y los chinos también (para los admiradores del ascenso geopolítico de China que hablan con victimismo de su opresión colonial por Occidente). 

Habría que citar la huida del exilio republicano tras la Guerra Civil Española hacia Francia y América (un millón de españoles). Y la de los judíos que salieron de Europa (principalmente Alemania y Austria) cuando Hitler llegó al poder y que huyeron a Israel tras el holocausto (siglos antes los españoles ya les habíamos hecho huir). Y los alemanes que huyeron de Polonia, Rusia o Ucrania a la nueva Alemania tras cambiar las fronteras después de la Segunda Guerra Mundial (14 millones). Y los 30 millones de desplazados tras dicha guerra. Y la huida de  los griegos de Turquía y turcos de Grecia antes, durante y después de la Primera Guerra Mundial. Y la huida de musulmanes e hindúes de India y Pakistán tras la partición de 1947. 

La huida sigue hoy en las guerras en Siria,  Afganistán, Irak, Somalia, Libia Yemen, Eritrea  y muchos otros países. Y en las huidas de emigrantes que buscan una nueva vida en Europa y Estados Unidos. Y las huidas de españolitos del campo a las ciudades en los 50, 60 y 70 del siglo pasado. 

Las huidas de las que he hablado son colectivas, grupales, externas. Pero hay otras individuales, internas e inherentes al ser humano: las huidas personales, de nosotros mismos. Son huidas dolorosas de recuerdos traumáticos del pasado, de un amor no correspondido, de una familia poco cariñosa, de una religión que no nos llenó, de un ideal político que nos decepcionó. Huidas en busca de un nuevo yo con una nueva vida. Estas huidas van con una sensación de no lugar en el mundo, de sentido perdido o nunca encontrado, de la inutilidad de cualquier propósito humano.  

Muchas personas se pasan la vida huyendo. Creen que evolucionan, que crecen, que mejoran, pero en realidad huyen de su mediocridad, miedos, fracasos y frustraciones. Huidas existenciales de una vida aburrida y predecible tras esperar demasiado tiempo a Godot. Huidas de responsabilidades y obligaciones, huidas por dejación y abandono de la lucha vital. Huidas de la realidad real para sumergirse en una realidad virtual de pantallas, monitores e Internet que nos acoge en la sociedad del espectáculo. Huidas del yo real al yo idealizado de Photoshop y Facebook. Por no hablar de la huida final: el suicidio, muy frecuente en este Occidente opulento.

Sea exógena o endógena,  la huida forma parte de nuestra vida. Aunque no sepamos hacia donde, como decía Montaigne. Claro que la alternativa es quedarse estático y fosilizado. No sé qué es peor. Como decían The Clash, ¿debería quedarme o debería irme? 

Un Tipo Razonable 

viernes, 6 de noviembre de 2020

En algo hay que creer: el dios de las pequeñas cosas

   

  ¿Para qué hablar de lo patético que resulta ver al país más poderoso de la Tierra intentando librarse del inquilino más mugriento de la Casa Blanca, y de todas sus argucias para aferrarse a la poltrona antes tener que responder ante los tribunales de sus Trampas financieras? Uno se pregunta si el pueblo estadounidense asume que la alternativa que se le ofrece es elegir "susto o muerte": Ultraderecha salvaje o Derecha Neoliberal. Pero ese es "su" problema, quizás parecido a nuestra alternancia en el poder entre el PP y el PSOE. 

Los problemas mundiales son: el agotamiento de recursos y la contaminación, la explosión demográfica y de consumo, la concentración del capital en pocas manos. Ningún país está dando una solución a ello, algunos ponen parches estéticos pero a una velocidad ridícula para el cambio climático que será irreversible en el 2030.

Una introducción descorazonadora, agravada porque la Pandemia podía haber servido para que en España hubiéramos abierto los ojos los que vamos a sufrir el Colapso Económico del "Sálvese quien pueda" en cuanto se nos pase la factura a pagar después de los confinamientos, de los gastos extraordinarios y de los despidos pòr millones, sin visos de recuperación con un turismo que no volverá a los 80 millones de turistas anuales, ni de una oferta inmobiliaria que muy pocos podrán afrontar.

Eso en el plano económico. En lo social: 7.500 millones de personas afanados en el rol que les toca: una cúpula que acapara con sus cómplices especializados; una mitad que lucha por sobrevivir; y otra mitad que busca la forma de mantener y mejorar su estado de bienestar. Tres mundos paralelos con intereses opuestos pero un único dios: el Dinero, que a veces obra el milagro de elevar a alguno a las alturas pero que casi siempre, despiadado, hunde en la pobreza del paro a millones de ingenuos a pesar de lo que lo adoraron. Para apestarlo aún más: las jerarquías tres religiones monoteístas actúan como momias milenarias arrastrando a sus creyentes: Trump y Bolsonaro se las dan de protestantes, el islamismo más cerril aterroriza al planeta, los judíos hacen piña en Israel y como dueños de las finanzas mundiales.

¿Y en el plano personal?. Como maestro, veo que no da tiempo para que la generación que estamos educando pueda reencauzar esta carrera del progreso consumista. Como padre, me angustia que mis hijos tengan que aceptar que hay que abrirse paso a codazos, que pertenecer a la clase media sea un privilegio cuando ellos crezcan. No me gusta la perspectiva de que los robots hagan casi todo el trabajo, haya un millón de profesionales imprescindibles, otro de empleados necesarios y una gran parte de la población subsista en la dependencia del Estado o en la precariedad de la miseria, según lo decida el Club Bilderberg o el Banco Mundial y el FMI.



Uno constata la inutilidad de Dios para la Humanidad y el auge mundial del dios-Dinero que marca la vida y la muerte: guerras, Covid, hambre, esclavitud...o cierto bienestar cargado de miedo para el resto. ¿Y los que no queremos participar en esa carrera enloquecida de trabajo-consumo que intentan convencernos que se llama "Estado de Bienestar", que en España ya se está quedando en "Provincia de Medioestar", cada vez menos habitable y más cutre?

Porque al ser humano no le basta tener cubiertas sus necesidades "animales", y es un necio empeño creer que satisfacerlas de forma cada vez más sofisticada es la solución.

Una vez bien alimentados, jugamos a la alta gastronomía. No basta disponer de una vivienda confortable, sino poseer un chalet con más váteres que culos. ¿Entonces, nos quedamos dormitando ante las pantallas, que cada día nos ofrecen historias más de nuestros gustos... aunque quizás sea nuestra sensibilidad la que se ha acomodado a esa basura? Es sorprendente cómo la combinación de ruidos y colorines, de vídeos de Tik Tok, de conversaciones insustanciales y noticias falsas pueden absorber tanto como para privar de tiempo libre, de descanso auténtico, a tantos miles de millones de personas.

La explicación es que nuestra parte mental demanda también alimento, y si no se le ofrece una nutrición sana, se lanza a los productos-basura que son la base del negocio de Internet y sus grandes corporaciones. Ya se comprobó que la televisión tenía el aliciente de que no exigía ningún esfuerzo para encenderla, y que estaba diseñada para enredarnos con su ritmo, con sus cambios, para que no nos moviéramos del sillón durante horas. Leer un libro sí requiere un esfuerzo: elegirlo, abrirlo, concentrarse, ignorar estímulos de distracción, mantenerse un buen rato...y sólo así logramos sumergirnos en una historia que es mucho más seductora que cualquier serie, porque la recreamos plenamente dentro de nuestra cabeza, con detalles que no sugiere el autor pero que añadimos de nuestros propios recuerdos. Afrontar una tarea artesana o artística constituye ya otra dimensión, la creatividad, que requiere un esfuerzo de formación y equipación, compensado por la obra personal.

Como vacuna contra el desánimo y el adocenamiento, propongo rememorar el jardín de nuestra niñez y adolescencia. Un jardín con espinas, y para algunos demasiado oscuro, mísero y pequeño, pero la fuente de emociones muy intensas, muchas de ellas positivas. Los recuerdos no son exactos, pero son fieles a la sensación de plenitud, de intensidad, de compromiso que vivimos en esos años. Recuperar los juegos, ahora con los hijos o los nietos, la mirada de asombro ante cosas nuevas, dándonos permiso para usar los sentidos como lo hacíamos de niños, cuando aún no estábamos anquilosados ni las palabras clasificaban todo: ofrecer caricias y sentir el tacto de los objetos; apreciar de verdad, con los ojos cerrados, olores que remueven nuestras emociones como el humo o el barniz; morder un bocadillo de pan con chocolate o de tomate, aceite y sal; escuchar esas músicas que nos removieron por dentro siendo chavales.

No hablo de revivir lo que ya pasó, sino de estar Presente en lo que hoy siento, lo que percibo ahora, con la autenticidad de no enjuiciar ni clasificar. La música clásica puesta a un volumen que no sea de fondo sino protagonista de la vibración en el recinto que sea. El paisaje completo, con su belleza, descubriendo nuevas armonías o contrastes.

Eso no quita afanarse en el día a día en el trabajo o en las tareas cotidianas, colaborar con el tejido social para luchar por un aspecto de la justicia.

Lo que supone es cambiar la actitud derrotista ante tanto ruido y tanta dictadura del Dinero. 

Cambiar mi vida diaria para cambiar MI mundo. 

Si eso ayuda a mejorar el Mundo, estupendo. 

Y si no, "ahí queda eso".

Que nos quiten lo bailao





Sentido Común


viernes, 9 de octubre de 2020

ES TU PELÍCULA (consejos para los nacidos en el siglo XXI)

 

Te he visto pegado a las pantallas: cualquier cosa allí te parece más interesante que lo que sucede en tu entorno físico. Tú te lo pierdes.

Pero tengo la certeza de que un día te preguntarás si hay algo más que esa sucesión de imágenes y sonidos, cuál es tu lugar en el mundo.

La respuesta de "ser hijo de Dios" se ha quedado obsoleta. Incluso la de "estudiar, trabajar y tener hijos" queda ridícula si pensamos en qué información y formación se te ofrece, la precariedad de los empleos que te esperan y la viabilidad de criar hijos en un mundo superpoblado, sobreexplotado y peligrosamente contaminado.

Quisiera ofrecerte la sencilla conclusión a la que he llegado después de cinco décadas de vivencias, conversaciones y reflexiones: 

TU VIDA ES TU PELÍCULA, en un escenario que no has elegido. Estas son las claves que me llevan a afirmar eso:
  1. Escenario: el Universo es inabarcable e incomprensible en todos sus aspectos, PERO lo que llegues a APREHender es fascinante.
  2. Música: La vida es un proceso extraordinario, lleno de Armonía, PERO es Orden y el Caos (la Muerte) son imprescindibles en el devenir.
  3. Guión: La Inteligencia nos permite desenvolvernos, vivir sin precariedad, PERO el miedo mental nos lleva a acaparar y a no disfrutar del Presente
  4. Actor principal: Heredamos los genes de nuestros padres, lo que supone un 50% de nuestra vida, con una infancia también condicionada por ellos (autoestima, salud, significado de las palabras, escala de valores, experiencias en un entorno determinado) PERO somos dueños de nuestra adolescencia, de nuestro tiempo, de elegir amigos  intereses...y eso es lo que nos hará sentirnos felices o no.
  5. Actores secundarios: familiares, maestros, compañeros de colegio, vecinos... van a intervenir en nuestra vida, PERO somos nosotros quienes les vamos a dar importancia o no a sus opiniones y actos, los que les vamos a dar poder sobre nosotros o asumirlos como algo circunstancial.
  6. Productor: el Dinero es una herramienta, no una finalidad. Saber para qué lo necesitas y cuándo es suficiente te hace LIBRE.
  7. Efectos especiales: el bienestar de un ser humano reside en su armonía cuerpo-mente: son nuestros cinco sentidos los que dan significado profundo y emocional a nuestros pensamientos. El olfato y el tacto (los más primitivos) son los que nos producen más capacidad de evocación y más placer.
  8. Director: no juzgues, es agotador y estéril. No intentes complacer a todos los que te rodean. No importa qué opinen de ti, y ni siquiera es importante qué opinas tú de ellos: que vivan su vida.
  9. Fotografía: Hay momentos álgidos en tu vida, y no serán delante de una pantalla. Conocer personas apasionantes, disfrutar de una aventura o afrontar un reto exigente te pueden hacer crecer y son un tesoro. Las fotos o vídeos que puedas sacar son una mezquina caricatura de la realidad que has vivido por dentro.
  10. Montaje: El ritmo es la esencia de la vida. Está en el latido de tu corazón, en el día y la noche, las estaciones, las edades del hombre y las eras de la Tierra. Como sólo eres dueño de tu respiración, ahí reside la actitud con la que participar en armonía en un escenario prodigioso que te rodea. Respira-piensa-actúa, con serenidad, sin respuestas viscerales ni obsesivas.
  11. Precuelas y secuelas: nuestra mente es una máquina complejísima tan adaptable como vulnerable. Tendemos a las adicciones, a repetir compulsivamente lo que nos gratifica, sean drogas, sexo, aficiones o trabajos. Hay que saber romper los círculos viciosos, y poner en cuestión la saga familiar, sea de éxitos o de fracasos.



La película completa sólo tú la tienes en la cabeza, en una acumulación de miles de escenas grabadas de la realidad, pero también soñados y reinterpretados. Es un proceso orgánico, no lineal como en el cine: hay una historia de fondo, pero cada día uno se despierta con cierto recuerdo o cierta obsesión que nos hace elegir un tono distinto para el personaje que vamos a ser hoy, y el encuentro con otros personajes o con las tareas diarias nos lleva a impostar o suavizar ese rol inicial.

Toda esta metáfora para ir a parar a dos ideas:

- Tu vida está dentro de tu mente, y eres el único que la puedes definir como heroica, anodina o patética. Es tu deber, porque en ello te va tu autoestima. que tenga sentido en sí misma o sólo sea una sucesión de escenas aburridas o divertidas.

- Eres responsable de tu Relato/historia. No ante Dios ni para la posteridad, sino ante tu Consciencia si te atreves a abrir los ojos. Porque si sigues "dormido", el Espectador que permanece es un Juez arbitrario que, según tu educación, se pasará el día criticando lo bueno y malo de cada cosa, de cada acto, de cada intención. O será un Niño Caprichoso que se empeña en ser atendido, protegido y rodearse de más y más cosas. O será un Niño Domesticado que se desvive por complacer a los demás y hacer realidad las expectativas de sus padres frustrados.

Como eres el guionista del Relato (las cosas que suceden a tu alrededor, eres tú quien les da significado), según tu punto de partida (tu temperamento, tu familia, las circunstancias) puedes procurar que el guión se asemeje a una novela (una saga familiar), un poema (amores y desamores), una obra de teatro (con personajes que entran y salen) o incluso un ensayo (una explicación filosófica sobre el sentido de la vida....). También puedes elegir el tono, que puede ser de drama o de comedia, según tu carácter o sentido del humor, aunque la vida suele ser una tragicomedia.

  Piensa dónde han ido a parar la mayoría de las películas: al olvido. Por eso, no te desvivas por pasar a la posteridad, sino por vivir con autenticidad el día a día, siendo fiel a lo que crees en cada momento, a la tarea con la que has decidido participar en este mundo, siendo leal a las personas que tú has elegido por compañeros.

Tu vida es tu película, insisto. Eres el protagonista: la cámara siempre va a enfocar donde miren tus ojos; la banda sonora será el ruido, las palabras o la música a la que prestes atención.  Por eso te cuento esto: para que sepas que eres Libre, que tu vida la forjas con tu actitud alegre, tus acciones positivas y tus propias reflexiones y sentimientos.
Haz con ella lo que te plazca. Adelante

Letra del rap



Sentido Comun

viernes, 25 de septiembre de 2020

La flor, el humus y la Dialéctica

 Está en nuestra naturaleza hacernos preguntas, el asombro viaja con nosotros desde que nacemos. Sin embargo no son las ciencias las que se ocupan de saber o explicar qué es la realidad, éstas solo describen las relaciones entre los distintos aspectos de nuestra experiencia y predicen los resultados experimentales. Es la Filosofía la que siempre se ocupó de preguntarse por las cosas que vemos, cómo se originan, hacia dónde caminan, por qué son como son, qué es la realidad.

Hasta hace poco la filosofía occidental oficial estuvo impregnada de fantasmas, habiendo triunfado desde la antigüedad clásica la línea que separaba en el ser humano la mente del cuerpo, pensamiento sistematizado por Aristóteles y adoptado por el cristianismo y los poderes políticos, abandonando la línea dialéctica de los presocráticos, de Tales de Mileto, de Heráclito, de la escuela de Elea, y de cuantos siguieron sosteniendo (a espaldas de la línea oficial) que el mundo es una unidad sin división entre materia y espíritu y que la “fisis” o materia, era el elemento básico de todo lo existente. A esta visión dialéctica que se desarrolló a espaldas de la línea oficial, se le llamó “oscura”, pero corría paralela al pensamiento oriental que, al cabo del tiempo ha devenido en una convergencia con los nuevos avances de la Física actual, echando por tierra la corriente filosófica que, durante dos milenios, mantuvo un conflicto en el ser humano al separar la mente (que llamaban espíritu) y el cuerpo, provocando una fragmentación no solo en el individuo sino en la relación de éste con la naturaleza, con los nuevos avances de las ciencias y con la sociedad en su conjunto.

No voy a hablar de iluminación, ni de física cuántica, porque me perdería. Solo quiero hablar de la experiencia. Cuando miro la tierra en invierno y escucho los latidos de toda la vida que germina dentro, y de pronto en primavera me impresiona la explosión de los brotes en el manzano y luego observo la magnífica apertura de la flor, para dar paso al cambio cualitativo del fruto, estoy tocando de primera mano la mejor lección de la naturaleza. 




O si pensamos, por ejemplo, en algo tan elemental como son las hojas secas y cómo contribuyen a generar lluvia tal que si fueran imanes, o en qué modo a través de las bacterias que llevan adheridas y que son responsables de su descomposición, favorecen la transformación de la humedad de las nubes en gotas de lluvia y la formación del humus, nos habremos asombrado al comprobar que un simple grupo de hojas secas puedan fertilizar la tierra para que brote la vida.  

En este proceso de descomposición, generación de agua y fertilización de la tierra, está explicada toda la dialéctica, los cambios cualitativos, el movimiento perpetuo que no nace de la nada sino que se manifiesta por las tensiones internas inseparables de la vida y de todas las formas de la materia, incluida la conciencia como otro estado superior de la misma. No necesitamos para entender los fenómenos de la naturaleza, ni dioses, ni entidades espirituales volanderas, aunque a veces los humanos llamemos así a lo desconocido o a lo oscuro que las ciencias no pueden definir aún. 

Cuando nos hablan los físicos cuánticos sobre algunos fenómenos que solo tienen lugar si los observamos, nos parece absurdo. Y quizás lo que es absurdo es la explicación, puesto que bien podría ser que nuestro cerebro posea estructuras moleculares que puedan alterar su estado, en respuesta a un evento cuántico. Contado de una forma más simple: Podría ser que, al igual que se activan las neuronas para comunicarse por vía de señales eléctricas, igualmente cabría que al observar las partículas subatómicas fuéramos capaces de activarlas y cambiar su ruta a través de señales eléctricas existentes en nuestro propio cerebro. Esta comprobación queda para la ciencia, pero a nosotros nos queda la duda de si seríamos capaces de mover objetos con un cerebro bien entrenado, hecho que quedaría despojado de cualquier explicación espiritual o fantasmagórica, pues habríamos encontrado la comprobación física y palpable. 

O cuando hemos tenido alguna experiencia que nos parece paranormal y que tendemos a recrearla con un relato fantástico, incluso a algunos les lleva a pensar en entidades supremas, quizás deberíamos sentarnos y esperar que la ciencia logre encontrar las capacidades y relaciones que nuestro cerebro posee para, en determinados estados de la conciencia, lograr traspasar límites de tiempo y espacio o de comunicación con otros cerebros alejados de nosotros. 

Muchas cuestiones nos quedan por resolver, hasta hoy los humanos hemos estudiado de modo más objetivo la naturaleza y las cosas que nos rodean, que nuestro propio cerebro, debido a los condicionamientos a lo largo de la historia (la religión, el poder político y económico, la alienación, dependencia, manipulación de las mentes…), y que determinaron una fragmentación en nuestro ser, que nos impidió hasta ahora saber de qué materia están hechos también nuestros sueños.

Parece que la ciencia y la filosofía en su vertiente dialéctica, están dando pasos agigantados para dar respuesta a esa fragmentación. Nos están diciendo lo que los antiguos presocráticos (a los que llamaron oscuros) y lo que el pensamiento oriental ya sabía: que todo es uno, que el todo no es la suma de las partes, que todo tiene que ver con todo, que no necesitamos dioses ni entidades supracelestes para comprender el mundo.  Desearemos que ambas, ciencia y dialéctica, nos ayuden a desentrañar nuestro cerebro desde sus orígenes como producto de un error genético, hasta su desarrollo maravilloso en la continua búsqueda de respuestas, y quizás entonces los seres humanos nos liberaremos de tanto conflicto interno y externo y podamos gozar de la armonía natural de la que gozan los árboles. 


Eirene



viernes, 7 de agosto de 2020

¿SI LA NATURALEZA ES SABIA, POR QUÉ NO PUEDE SER INTELIGENTE?

“Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para consumar el milagro de la Unidad”. (Frase atribuida a Hermes Trismegisto).


Como toda hipótesis, esta que presento está sujeta a la capacidad de establecer relaciones entre los hechos y explicar cómo se producen basados en una información previa. Es más una curiosidad que una evidencia, pero no deja de llamar la atención la “autosimilitud” de las mismas en ese intento secular del ser humano de buscar criterios tendentes a la explicación unitaria de las cosas.
Parto entonces de presupuestos que, en cierto modo, ya han sido sugeridos no sólo por antiguas culturas sino también por la moderna psicología, la bioquímica, la matemática fractal y la física cuántica de vanguardia. Incluso religiones como la cristiana postulan ideas parecidas cuando tratan de establecer una comunión universal en la relación de sus fieles.

Expongo algunos ejemplos:

Registros Akásicos
Los llamados “Registros Akásicos”, neologismo acuñado por la teósofa Annie Bésant, vienen a significar una especie de memoria donde van a parar todos los acontecimientos de palabra y obra de los humanos desde el inicio de los tiempos, un almacén etéreo donde supuestamente se recopila todos los conocimientos del Universo. Un fluido intangible e inmaterial de sutileza extrema que los hinduistas suponían que penetraba todo el Cosmos, siendo el peculiar vehículo de la luz, del sonido y la vida.

Inconsciente Colectivo
Carl Gustav Jung, conocido psiquiatra, creó un término: “Inconsciente Colectivo”, para designar una especie de sustrato común a todos los seres humanos de todos los tiempos y de todos los lugares, representado por símbolos que expresan contenidos de la psique que está más allá del sentido común y de la razón, donde se guardan todos los arquetipos inconscientes y ancestrales de todas las culturas, y de donde se puede obtener, convenientemente canalizada, todo tipo de información de carácter universal.

Campos Morfogenéticos
Las aportaciones del experto en biología química, Rupert Sheldrake, en el estudio de lo que él llama “Campos Morfogenéticos”, que consistirían en una especie de depósito de información que ejercen influencia sobre sistemas vivos organizados, utilizables a través del tiempo y del espacio, difíciles de medir porque al no tener dimensiones no puede disponer de campos físicos. Afirmaba que entre los organismos vivos se emitía una especie de conexión telepática, una interacción de información conveniente para el sostenimiento natural de los sistemas. Es observable, por ejemplo, cómo, cuando los ciervos empiezan a comerse los tallos verdes de algunos árboles, éstos segregaban un producto químico llamado tanino que le da amargor y así evita que el animal siga comiéndose el resto de tallos. Lo curioso es que los demás árboles de la misma especie del entorno segregan también la misma sustancia química aunque todavía no hayan sido atacados por el apetito de otros ciervos. Queda claro que, algún tipo de información ha trascendido desde un solo ejemplar al resto, y estos la han procesado reaccionando químicamente.

La Comunión de los Santos
“La Comunión de los Santos”, doctrina de la iglesia católica y que comparte, de alguna u otra manera el resto de confesiones cristianas, se postula como la unión de todos los creyentes cristianos, vivos y muertos, que en el mundo han sido y serán. Es lo que se viene a denominar como un cuerpo místico global en el que todas las cosas participan de la idea universal del Cristo cósmico, de las que todos se alimentan a través de la “información” que les llega por obra del Espíritu Santo.

La Geometría Fractal
“La Geometría Fractal” ha sido definida como “la textura de la realidad”, donde el factor de escala, tan necesario para entender lo infinitamente grande como lo infinitamente pequeño, pierde todo sentido. Esta necesidad es realmente un reflejo de las limitaciones de la inteligencia humana más que una verdad esencial de la naturaleza. Nuestra inteligencia no puede comprender algo tan grande como el Universo a un nivel muy detallado. La naturaleza, por el contrario, opera con todas las escalas simultáneamente, y es por eso que intentamos entenderla introduciendo escalas que a nosotros nos parecen “naturales”. Las teorías fractales, por tanto, unifican el Universo entero en todas sus dimensiones posibles.

Teoría del Campo Unificado
El propio Einstein, trató de ofrecernos un aspecto de la física más inclusiva y universal, intentando unir los aspectos del Cosmos que antes se consideraban distintos y distantes, anunciando una “Teoría del Campo Unificado” para explicar todo cuanto tiene lugar dentro del universo físico. Junto con otros teóricos trataba de buscar el modo de integrar de manera coherente las cuatro fuerzas conocidas de la naturaleza: electromagnetismo, gravedad, la fuerza nuclear fuerte, que mantiene unidas las partículas nucleares y la llamada fuerza nuclear débil, responsable de la desintegración radiactiva. En esa misma línea el físico teórico Steven Weinberg señala la necesidad de postular más de las tres dimensiones espaciales actuales, además del tiempo, para explicar el funcionamiento del universo conocido. Considera estas extra-dimensiones como encogidas en un tamaño inferior al de un átomo, y aunque no podamos verlas directamente podemos detectar sus efectos cuando se mueven. Por ejemplo dice que una ondulación en la quinta dimensión se percibe como una fuerza electromagnética, causantes de fenómenos como la luz, el magnetismo y las ondas de radio y televisión. De hecho, las recientes teorías físicas de unificación multidimensional parecen atestiguar, hasta cierto punto, esta posibilidad.

Todos estos conceptos basados en la “autosimilitud”, y otros que se quedan entre estas teclas, son todavía campos para la especulación. Pero, creo que sin embargo, podemos tener en cuenta dos cosas. En primer lugar, la física académica nos ofrece, al menos, algunos fundamentos para proceder a estas especulaciones de carácter unitario. En segundo lugar, parece haber un consenso general dentro de la literatura sobre estos fenómenos de canalización, sobre todo en los últimos años, con respecto a una explicación del Todo conforme a los principios de la física. Al menos constituye un punto de partida.

Todos/as tenemos muy claro las limitaciones de las ciencias físicas que, aunque, qué duda cabe, pueden aportar gran cantidad de testimonios empíricos para sustentar casi todas sus teorías referentes al universo físico, tiene pocas pruebas, o ninguna, respecto a áreas muy especulativas como si la mente o el espíritu tienen algo que ver con lo físico, o podrían ubicarse dentro de algún tipo de gran teoría unificada. O sobre la existencia de ámbitos de frecuencias portadoras de información más allá del espectro electromagnético conocido. O sobre cualquier cosa similar a un ámbito mental que comprenda ondas de pensamiento. O sobre la propagación de señales más allá de la velocidad de la luz. O la existencia de dimensiones no físicas más allá de las tres del espacio y la única del tiempo. O la posibilidad de la existencia de algo así como inteligencias incorpóreas que habiten en esas dimensiones y se comuniquen desde ellas, ya se trate de formas de vida no física en absoluto o de formas de vida cuyos cuerpos tendrían una energía física superior, o de tipo sutil, comparada con la nuestra.

Flan Sinnata

viernes, 3 de abril de 2020

LA FUERZA DE LA COSTUMBRE


Aquellos que anuncian que luchan en favor de Dios son siempre los hombres menos pacíficos de la Tierra. Como creen percibir mensajes celestiales, tienen sordos los oídos para toda palabra de humanidad. Stefan Zweig (1881-1942). Escritor austriaco.

El Experimento.

Un grupo de científicos metieron cinco monos en una jaula en cuyo centro colocaron una escalera y sobre ella un montón de plátanos.

Cuando un mono subía la escalera para coger los plátanos, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo.

Después de algún tiempo cuando un mono intentaba subir la escalera los otros se lo impedían y le golpeaban.

Pasado algún tiempo más ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de los apetitosos plátanos.

Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. La primera cosa que hizo el nuevo mono fue subir la escalera para coger los plátanos y comérselos, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le dieron una tremenda paliza.

Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera, aunque nunca supo el porqué de aquella agresividad.

Un segundo mono fue sustituido por otro y ocurrió lo mismo.

El primer sustituto participó con entusiasmo en la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho, lo volvieron a golpear. El cuarto y, finalmente, el quinto de los veteranos fue sustituido.

Los científicos quedaron, entonces, con un grupo de cinco monos que, aún cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba llegar al racimo de plátanos.

Si fuese posible preguntar a alguno de ellos por qué pegaban a quien intentaba subir la escalera, con certeza la respuesta sería:

“No sé, aquí las cosas siempre se han hecho así.”

¿Desde el punto de vista de las creencias humanas, suena de algo, verdad?

Quizás algunos/as de vosotros ya conozcáis el cuentito. Y me ha parecido interesante ponerlo de entrada como inicio de debate de algo que nos afecta a todos y a todas indefectiblemente, ya que somos “productos” de los condicionantes de formación y educación recibidos durante la niñez y primera juventud, que luego hemos querido “adaptar” a nuestro carácter con esa “libertad y conocimiento de causa” que cada cual se abroga, basada en la experiencia personal de lo cotidiano que nos atribuimos y que consideramos es lo mejor para sí, y para todo el género humano.

¿Se paran muchas personas alguna vez a preguntarse por qué siguen “golpeando” (en sentido metafórico) por la defensa de sus creencias y costumbres sin cuestionarse su validez, sólo porque siempre se ha hecho así, y porque supuestamente están haciendo las cosas de una manera, desde la coacción de lo que ellos creen que proviene de un principio trascendente si tal vez las pueden hacer de otra manera, es decir, desde la rica expectativa de la diversidad de su propia inmanencia?

Como dijo Einstein: Solo hay dos cosas infinitas en el mundo: El universo y la estupidez humana.

Flan Sinnata

viernes, 27 de diciembre de 2019

CONFIANZA

¿Eres confiado o desconfiado? Confiar en las personas, a quien no le gustaría. Bueno, quizá me estoy precipitando en sacar conclusiones porque ser confiado de manera ciega, es ingenuidad, y ser confiado sin razones de peso, es temeridad.

¿Confiar en el Ser Humano en general, o confiar en una persona en particular? Habrá que decir que lo primero es algo más que confianza, en realidad. Es sobre todo esperanza. Esperanza en que el lado luminoso del Ser humano prevalezca a la larga sobre su lado oscuro. El lado luminoso existe, lo vemos en muchas ocasiones en infinidad de situaciones y gentes distintas, no es por tanto ingenuidad ciega; pero el oscuro también y así se nos manifiesta en más ocasiones de las que desearíamos, por lo que hay razones para pensar que es temerario confiar siempre y en cualquier circunstancia en la conducta humana, y que al hacerlo no estarás traicionando al lado luminoso, sino siendo prudente.

Confiar en una persona en particular, poner la Fe en ella y no en otra por "x" motivos, es una apuesta. La confianza puede verse defraudada, por supuesto: por eso es una apuesta. Si no te gusta el riesgo, no apuestes y no confies en nadie. Pero tampoco ganarás nunca la satisfacción de ver la confianza depositada recompensada. Y una recompensa siempre es una recompensa, aunque sólo recibas una en toda tu vida después de haber apostado unas ocho mil veces a toda la infinidad de combinaciones posibles entre tipos de personas y situaciones de vida.

Ser desconfiado, si entras en todos los aspectos del concepto, no parece tan malo, quizá incluso resulte recomendable. Una especie de medida de prevención. En principio no pierdes nada por adoptar esta actitud preventiva, y posteriormente según se desarrollen los acontecimientos aquella puede ir mutando a confianza de una manera natural, fluida, a la par que aminora el riesgo de fraude en la apuesta. Ganarse la confianza, que dicen, y ganársela a base de picar piedra duro y constante, día a día, año a año. Hacerse merecedor de ella.

Pedir a los demás que se ganen tu confianza en ellos es respetable y legítimo, no obstante tiene una pega bien gorda: deberás esperar idéntica actitud hacia ti por elemental reciprocidad. Y es muy posible que no te guste: notarás en tus propias carnes la prevención que aplicas a otros, y resulta una sensación como pegajosa, molesta. Y puede acabar siendo erosionante… de la confianza en la Confianza. Por eso es probable que muchos tiren la toalla a mitad de camino. Y es una pena, porque en ocasiones se tirará la toalla cuando ya estabas al final del camino sin saberlo… o sabiéndolo, como si causara un placer morboso ver dilapidado en un segundo un tesoro que tanto esfuerzo y tiempo había costado acumular.

Ser digno de confianza para los demás. Aquí el consenso sí parece absoluto: que se fíen de uno para todo, es una bendición… O pensándolo mejor, quizá tampoco sea tan bueno. En la sociedad en que vivimos el perdón, la compasión, las bajas expectativas, la conmiseración, las segundas (y terceras, y cuartas…) oportunidades  tienen un cartel considerablemente positivo. Tan positivo que a la persona no confiable le sale rentable ser así: tiene la confianza en que nunca deberá ganarse ésta por sus méritos, de que como siempre andará con red, directamente ni se molesta en subir a la barra de equilibrios. Tiene la confianza basada en que los demás confían en que siga siendo desconfiable. Qué chachi!

Mickdos