miércoles, 29 de diciembre de 2021

LA VERDAD ES QUE….

 ….Todo es mentira, para empezar ni masculina es mi condición… ni vasco ni chino, que soy del Japón.

Aunque actualmente y por razones que no vienen al caso resida en Villafranca de los Barros provincia de Badajoz, procedo de familia portuguesa de rancio abolengo y a pesar de haber nacido a las afueras de Marugame en la prefectura de Kagawa, fui criada junto a mis cinco hermanas en Palafruguell, allí aprendimos a nadar entre las barquitas de los pescadores mientras soñábamos con alcanzar algún día la inmortalidad.

Tuvimos una infancia regalada, al ser nuestros padres embajadores de buena voluntad de las Naciones Unidas con dedicación exclusiva, pudimos conocer mundo y así dominar con gracia y soltura no menos de nueve idiomas, siendo como fui la última de las hermanas en nacer… soy la más joven…… conté con la ventaja de ir haciendo el oído a las lenguas que empleaban mis hermanas mayores, la una nació en Kinsasa, antigua Lopoldville, la otra en Colorado Springs,  Macarena, mi hermana más querida, vio la luz en Geraldton a donde acudieron nuestros padres a visitar  la Catedral Católica San Francisco Xavier, sirvió aquella visita en el Mid West australiano además de para que naciese mi querida hermana, para aficionarse mi adorado padre a la práctica del Surf entre tiburones…costumbre que le acabaría costando la vida a la edad de 103 años al resultar devorado por una pareja de escualos en la playa del Parque Estatal de la Bahía del Morro, en la costa central de California al intentar ejecutar un Kick Flip tras salir airoso de un Snap .

Viuda desde que se murió mi esposo tras no poder superar la impresión que le causó la muerte de Manolete en aquella aciaga tarde de agosto en Linares, provincia de Jaén, dediqué mi tiempo libre a criar búfalos enanos a las afueras de Chernobil…..se me daba de maravilla, tan enanos conseguí criarlos que las gentes ignorantes se reían de mi granja diciendo que lo que tenía eran ratas muy gordas; la envidia, que es el peor de los pecados capitales.

Decidí abandonar aquella pasión mía al recibir noticias de la muerte de mi cuñado Spencer, a la sazón, Vizconde  de Surrexes y marido de mi hermana Adelaida, a la que creo que se me ha pasado mencionar que nació en Exeter, condado de Devonshire….desconsolada como se encontraba, hube de hacerme cargo de los castillos y el lago pues su único hijo y heredero se encontraba preso en una horrible prisión de Bangkok al haber sido sorprendido por las autoridades locales traficando con colmillos de elefante, de nada sirvió que nuestro tío, Eduardo de Plantagenet,  fuese íntimo del Rey Bhumibol el Grandioso. Mi querido sobrino consiguió escapar una noche de luna llena y abandonó el país en una Prao con la inestimable ayuda piratas malayos, le perdimos la pista en las costas de Monpracem…

Tras recibir carta de un antiguo pretendiente extremeño, decidí abandonar las costas británicas y dar una nueva oportunidad al amor, tanto tiempo entregándome a los demás me había hecho olvidar que lo importante en esta vida es buscarte a alguien que te quiera y te tenga llenita la nevera…resultó que mi admirador secreto en las sombras del tiempo y la distancia estaba a las puertas del cielo y fiel como me fue siempre, ni se había casado ni tenido hijos, sus últimas voluntades fueron cederme sus posesiones terrenales…. varias fincas, tres ganaderías con sus respectivos cortijos, cinco pisos en la capital y varios millones en letras del tesoro.



Tras los funerales de Ricardo, así se llamaba el que tanto me amó, decidí encerrarme en los sótanos de la Compañía de las Hermanas de la Cruz….allí descubrí las maravillas del mundo moderno y del internet, decidí entonces crearme una falsa identidad, elegí representar el papel de un bilbaíno furioso y mal hablado, inventé datos y lugares, en definitiva, creé un personaje mediante el cual poder entablar polémicas con gentes que al igual que yo, disfrutaban tecleando a la tenue luz de la pantalla de sus computadoras.

No se vayan a creer ustedes que todo ha sido impostura, a lo largo del tiempo se te van escapando pequeños detalles, nimiedades si se quiere pero que reflejan lo más profundo de nuestro ser y de nuestro sentir, la aberración que supone ese detritus que algunos humanos tiene a bien meterse en la boca, esa lamentable acumulación de bacterias compactadas mediante el cuajo de herbívoros malolientes, jamás podre tolerarla ……bien en serio hablaba servidora también, cuando mostraba su temor y su rechazo hacia los pelirrojos, las gentes, en su infinita bondad, tienden a aceptarlos como iguales…es un error claro, solo espero que no sea demasiado tarde el día en que la humanidad comience a ser consciente del peligro.

En definitiva, que no se fíen ustedes ni de su sombra, cualquiera puede hacerse pasar por lo que no es, yo misma los he tenido embaucados durante dos años, tampoco sigan a lo loco los consejos de los desconocidos por muy amables y tentadoras que resulten sus recomendaciones…eso de blanquearse según el qué, no resulta tan agradable como te lo pintan.

Ómicron. Ómicron….este gato que me ha regalado el ministro de asuntos exteriores de Transilvania no me hace ni caso…..probaré a hablarle en húngaro, me quedaba por comentarles donde nació mi hermana la astronauta, fue en Timisoara, famosa por su arquitectura secesionista.

Pajarrako

viernes, 17 de diciembre de 2021

EL COLONIALISMO Y SU MITOLOGÍA

El personaje del general Francisco Solano López es uno de los más polémicos y también vilipendiados de toda América Latina. Se le conoce como el gran perdedor de la llamada Guerra de la Triple Alianza, que enfrentó a la pequeña nación paraguaya que él presidía contra el Brasil, Argentina y Uruguay  entre los años que van de 1864 a 1870. Se trató de una guerra de carácter genocida entre ese pequeño país y sus relativamente poderosos vecinos alentados desde la sombra por la Gran Bretaña, que veía con enorme desagrado el proteccionismo y la autarquía paraguaya, un país que, según cuenta Eduardo Galeano en su libro “Las venas abiertas de América Latina”, gozaba de una “economía en pleno crecimiento, una línea de telégrafos, un ferrocarril y una buena cantidad de fábricas de materiales de construcción, tejidos, lienzos, ponchos, papel y tinta, loza y pólvora”. Era, además, un país que había erradicado por completo el analfabetismo, algo inaudito en el continente por aquellos tiempos. La balanza comercial del país arrojaba un notable superávit, y además, contaba con una moneda fuerte y estable, con la suficiente riqueza para realizar grandes inversiones públicas sin recurrir a capitales extranjeros. 





Pero no todo el mundo veía estos avances con buenos ojos. El comercio inglés consideraba  aquel pequeño país prospero e independiente, aunque autárquico, un mal ejemplo que había que exterminar a toda costa, puesto que el gobierno paraguayo no permitía la circulación por sus vías fluviales de las naves británicas que llenaban toda América Latina de los productos fabricados en las grandes ciudades industriales inglesas. Dicho de otra forma, Paraguay estaba asumiendo un papel de nación independiente que no le había sido asignado en la gran obra del capitalismo internacional. Y el Brasil fue el vehículo principal de una intervención militar fundamentalmente financiada por el Banco de Londres, la casa Baring Brothers y la Banca Rothschild, y secundada por la Argentina y el gobierno uruguayo. Como resultado de esta guerra implacable, en la que los paraguayos se defendieron literalmente hasta el último hombre, el Paraguay perdió entre un 50 y un 85 por ciento de su población, y quizá más del 90% de su población masculina adulta. 

La historiografía oficial, siempre redactada y confeccionada por los vencedores, no ha parado de describir a Solano López como una especie de demente al estilo del Kurz de “El corazón de las tinieblas”, o algo por el estilo. Pero aquí surgen las primeras dudas y contradicciones. ¿Cómo es posible que semejante orate contara con un apoyo tan incondicional de su pueblo? ¿Por qué los paraguayos no desertaron en masa en lugar de luchar hasta el final en el que estaba considerado como el mejor ejército de la época en América Latina? Y muchas otras preguntas que uno se formula cuando lee algunas de las historias oficiales, como la breve biografía sobre el personaje escrita por la autora Cristina García para la colección “Protagonistas de América”, que, al parecer, no fue ni con mucho una de las más tendenciosas. La Wikipedia en español nos informa de que esta visión tan hostil al Solano López es discutida por “el revisionismo argentino y la visión tradicional paraguaya”, casi como si se tratara de exotismos a los que no hubiera que prestar mucha atención.

Pero las narraciones no sólo del ya citado Galeano sino del historiador norteamericano Howard Zinn, que, sin referirse específicamente a Solano López, proporciona una visión poco halagüeña del imperialismo norteamericano,   nos remiten a una visión global distinta de los hechos. Una de las grandes falacias de la mitología imperialista y colonial es atribuir enseguida a los gobernantes que se desvían de sus designios una condición de extremistas sin escrúpulos, o personajes que son auténticos deshechos de la Historia. La realidad, sin embargo, suele ser bien distinta, como ya comprendiera en su día un hombre como  Simón Bolivar, y puede resumirse en la célebre frase acuñada por James Monroe, quinto presidente de los Estados Unidos; “América para los americanos”. La interpretación benigna de esta frase podría ser la de un respeto escrupuloso a la independencia de los países de todo el continente ante las injerencias de las potencias europeas. Sin embargo, la realidad ha demostrado que esa América que debía decidir los destinos del hemisferio era únicamente la del norte. De hecho, la primera puesta de largo ante el mundo de la nueva república norteamericana fue la anexión de la mitad del territorio mexicano, harto conocida, por no olvidar el menos conocido y fallido intento de anexionarse Canadá. Pronto seguiría el resto del continente, en el cual los Estados Unidos ocuparían el papel colonial de los antiguos colonizadores europeos, pero con el refinamiento de la invención de numerosos gobiernos títere con los que salpicarían país tras país tras una independencia engañosa. Por supuesto, tomando como apoyo la complicidad de los herederos de la antigua clase dominante española. 

Para darle base ideológica a todo ello era necesario, como en el caso de Solano López, satanizar a cualquier posible gobernante disidente que alcanzara el poder. Una práctica que se ha seguido hasta nuestros días y que se ha utilizado contra el Chile de Allende, Cuba, Venezuela, Nicaragua, etc… En esto, el imperio americano no era en realidad muy innovador. Como explicó Edward Said en su libro “Orientalismo”, todas las potencias coloniales han empleado estrategias similares para mantener su dominio sobre los territorios y países conquistados. Lo de menos es si este imperialismo cultural y de apropiación del lenguaje, que es el acompañamiento indispensable del imperialismo material, se aplica a hindúes, musulmanes, chinos, japoneses, indonesios, vietnamitas o las naciones latinoamericanas. El cliché sustituye al conocimiento real de la situación de cada pueblo afectado por la exploración de las potencias occidentales, lo cual no significa que todo lo contenido en el cliché sea falso, pero sí que impone una imagen parcial y estereotipada que sustituye a la real. De hecho, los primeros caudillos de la independencia latinoamericana eran o hubieran podido ser hombres homologables a los mismísimos Washington, Jefferson, Franklin, etc. Y el proteccionismo de los Estados Unidos hacia sus propios productos durante todo el siglo XIX tenía muy poco que envidiar al que Solano López practicaba en el Paraguay, por no hablar del tan criticado –en nuestros días- robo de patentes extranjeras del que a menudo se acusa a la China. Abundando en las ideas que Said expone en su libro, se trata de crear la impresión de que determinados pueblos viven en una especie de minoría de edad perpetua de la que nunca podrán salir y que, por lo tanto, sus vivencias y su historia sólo pueden ser aprehendidas y explicadas por las mentes occidentales. Y de la misma manera que en su día se caricaturizó a Solano López, se ha caricaturizado y descrito como tiranos a políticos como Mossadegh, el primer ministro de Irán laico derrocado al alimón por la CIA y la Gran Bretaña en 1953, y  a numerosos líderes latinoamericanos y africanos, que en nada eran peores que determinados tiranos favorecidos de manera invariable por Occidente, como por ejemplo, los gobiernos fundamentalistas de Arabia Saudí y otros países , y un buen número de dictadorzuelos sanguinarios de la misma América Latina. 

Vivimos en una época en la que se han desmontado muchas mitologías. Es del todo irrepetible una alucinación como la del “hombre nuevo” que se esperaba que surgiese durante las primeras décadas de la URSS, y tampoco el delirio nazi del ario en lucha permanente contra el “eterno judío” es aceptable en nuestros tiempos, aunque tanto la xenofobia como el racismo resuciten sus antiguos fantasmas bajo disfraces diferentes. Pero de alguna manera el mito fundacional del colonialismo, “the White man’s burden” de la que hablase Kipling en su día, persiste de manera más o menos subrepticia en el discurso de algunos gobiernos occidentales e incluso en la obra de algunos novelistas de prestigio. Un mito que encaja a la perfección con la concepción neoliberal de la sociedad humana, a su manera tan determinista e historicista como la que denunciara Karl Popper en el marxismo en su libro “Miseria del historicismo”.  Quizá haya llegado el momento de aceptar que en algún momento Estados Unidos y Europa tendrán que dejar su monopolio de la verdad y de la organización de la pomposamente llamada “comunidad internacional” y compartirlo con otras potencias emergentes e incluso otras sensibilidades. 

Veletri


viernes, 10 de diciembre de 2021

CIENCIA Y METAFISICA: ¿DOS VIAS DE APROXIMACIÓN A LA REALIDAD?

 A efectos de la presente entrada, voy a englobar como “científico” todo lo que describe realidades verificables, medibles o comprensibles según métodos racionales admitidos por la comunidad de académicos e investigadores. Dentro del término “metafísica” incluiré todo lo referente a lo religioso, lo espiritual y lo místico.


En estos tiempos de racionalismo y secularización parece vergonzante hablar de “conocimiento interno”, o de “experiencias interiores” ya que, por ser subjetivas en principio, sólo pueden ser reconocidas y comunicadas entre sujetos de la misma experiencia, pareciendo ajenas al resto. En consecuencia, la mayoría de las veces todo este campo de conocimiento interno (que parte de dentro) ha sido tradicionalmente relegado como irracional, mágico u oscurantista. Hoy día se hace imprescindible, no obstante, la unificación de estos dos campos de experiencia humana, ya que el racionalismo desnudo y el cientifismo de los datos y de los hechos siguen sin ofrecernos una explicación global del Cosmos y de la Vida y, en definitiva de nuestras propias vidas.


Desde hace siglos se ha fragmentado el conocimiento y la ciencia, al separar el conocedor de lo conocido, el sujeto del objeto, el experimentador de lo experimentado. Muchos científicos reconocen hoy día la imposibilidad de una absoluta objetividad científica, puesto que el observador influye en lo observado (Werner Heinserberg) y el mundo “de fuera” no es sino una creación del mundo “de dentro” (Frithof Capra).


Con gran humildad, Max Planck reconocía ya en 1930 que los medios de investigación del físico no le enseñaban nada sobre el mundo real, a pesar de constituir el conocimiento de éste su objetivo e ideal. Posteriormente, científicos como David Bohm, Neils Bohr, John Wheeler y el ya citado Fritjof Capra, entre otros, no bastándoles con la mera toma de conciencia de los límites de los postulados físicos admitidos hasta la actualidad, han emprendido estudios interdisciplinares, abriendo el campo a una “expresión científica” de la unidad entre el conocimiento científico y el conocimiento interno, entre los grandes principios de la Física moderna y las aportaciones hechas por las llamadas tradiciones espirituales.


Igualmente, en el área de la Psicología, fundamentalmente transpersonal, Richard Bucke, Abraham Maslow, Stalinaf Grof, Ken Wilber, Charles Tart y France Vaughan, entre otros, han hecho aportaciones fundamentales en el campo de la investigación de la conciencia, partiendo, en la mayoría de los casos, de experiencias o investigaciones personales. Uno de sus méritos fundamentales es el de haber ampliado la Psicología, desde el terreno de las “tradicionales” patologías psíquicas, al de la autorrealización y trascendencia. Han empezado a poner palabras “científicas” a los llamados estados ampliados, o modificados de conciencia, a las experiencias de supuesto carácter místico y las revelaciones de los grandes clásicos espirituales, que habían quedado tradicionalmente relegados como textos puramente literarios.


Es así como cada vez mayor número de personas que experimentan lo que Abraham Maslow ha denominado experiencia-núcleo o trascendental, han podido comenzar a conceptualizar sus respectivas experiencias, al tiempo que muchos profesionales de la Psicología han comenzado a abrirse a otros enfoques, hasta el punto que se haya podido afirmar la casi identidad de objetivo entre la curación psíquica y las vías de conocimiento interno.


Y es aquí donde quizá haya que distinguir entre religión, espiritualidad y mística. El fenómeno religioso, como todos/as sabemos, es un fenómeno humano vinculado a un sistema de creencias, ritos y normas morales. Como tal, puede ser considerado un fenómeno cultural vinculado a la creación, cohesión y mantenimiento de las civilizaciones que se han ido sucediendo a lo largo de la historia de la humanidad. Se podría convenir con ello en que es “espiritual” todo movimiento que parte del interior hacia el exterior, que está inspirado por el amor incondicional, que tiene una visión global y que sirve el bien de la totalidad mayor a nivel local. En este sentido lo “espiritual” estaría vinculado a un sentimiento que trasciende las necesidades materiales más básicas. En el campo de lo místico sólo incluiríamos la experiencia interna directa: la presunta aprehensión de lo real sin que haya mediación ninguna entre el experimentador y lo experimentado.


Llegados a este punto toda transmisión de la experiencia por medio de las palabras no es la experiencia misma. Es aquí donde las palabras, dentro de su contexto subjetivo, se vuelven poéticas y, como tales, puramente simbólicas, como diría un tal Maestro Eckhart: “El ojo en que veo a dios, es el mismo ojo en el que dios me ve. Mi ojo y el ojo de dios son un sólo y mismo ojo, una sola y misma visión, un sólo y mismo conocimiento, un sólo y mismo amor”… Con la misma dificultad de transmisión se han encontrado místicos cristianos como Teresa de Ávila y Juan de la Cruz, o sufís como Rumi, Djami, Indries Shah, o el indú-islámico Kabir. Sus escritos poéticos son sólo evocación y pálido reflejo de la supuesta realidad experimentada.





Esta experiencia interna ha sido llamada según las diferentes tradiciones, dioses, transcendencia, el ser, la iluminación, el estado búdico, satori, nirnava, conciencia crística, el fanâ, la revelación, el yo superior, la supraconciencia, el samadhi, etc… A la luz de la historia, de la reciente aproximación entre oriente y occidente y de la multiplicación de experiencias internas de muchas personas, me atrevería a firmar que hoy día el “conocimiento interno” y la “experiencia mística” no son sino un potencial común a cualquier ser humano al margen de su universo de creencias personales. El campo de lo “metafísico” ha dejado de ser patrimonio exclusivo de teólogos, sacerdotes, monjes, gurús, yoguis, ascetas e iniciados esotéricos. El problema que plantea esta “democratización de lo trascendente” es el de la verificación de su autenticidad o inautenticidad y la integración de su profundidad. El científico, como profesional de la Ciencia, formula teorías e hipótesis y, hasta cierto punto, es controlado por la comunidad de científicos. Pero, ¿cómo se reconoce a un “profesional de la espiritualidad” y cómo puede ser controlada su autenticidad y profundidad? No basta con que tenga seguidores, ya que debe ponerse en duda su eventual objetividad legitimadora. Es aquí donde cada persona no puede sino remitirse a la subjetividad de su propia experiencia interna, corroborándola con las de otras personas y grupos que le sirvan de espejo.


Ken Wilber, tras referirse a Marx, Freud y Habermas, elogiando su aportación fundamental emancipadora en los campos de la crítica económica-histórica, sexual-emocional y de la acción comunicativa, respectivamente, se lamenta de que todavía no se ha hecho un análisis que estudie “las opresiones de la espiritualidad, la represión de la trascendencia, la política del Tao y la negación del Ser por parte de los seres”. Pero parece que su llamada ha tenido eco y quizás, vayan apareciendo trabajos unificadores desde las diferentes disciplinas, como así es observable desde hace tiempo, que al criticar los postulados mismos en que se basa tanto la Ciencia como la Espiritualidad conocida, en su amplitud de manifestaciones, vayan eliminando los obstáculos para una comprensión más global, auténtica e integral de lo real.


Flan Sinnata





viernes, 3 de diciembre de 2021

MULTICULTURALIDAD

 “No hace mucho tiempo, la tierra estaba poblada por dos mil millones de habitantes: quinientos millones de hombres y mil quinientos millones de indígenas. Los primeros disponían del Verbo, los otros lo tomaban prestado (…). En las colonias, la verdad aparecía desnuda; las metrópolis la preferían vestida; era necesario que los indígenas la amaran (…). La élite europea se dedicó a fabricar una élite indígena”.  

 

Sartre dice esto a propósito de la colonización de Argelia por Francia (y del mundo por la cultura europea), en el prólogo del libro de Franz Fanon “Los condenados de la tierra “. Pero la colonización no es un fenómeno exclusivamente occidental sino mundial y ancestral, porque desde la noche de los tiempos el Mono Sapiens siente curiosidad por conocer, explorar nuevos territorios y conquistarlos (¡qué HDP y cabrón que es!). Y a partir de estos territorios forma jerarquías, poderes, países, estados e imperios. Y eso trae como consecuencia la coexistencia entre culturas colonizadoras y nativas, con la consiguiente multiculturalidad. 

 

Estas afirmaciones serían un poco fatalistas e irían en la línea de la visión racional de la Historia de Hegel, en la que la razón rige el mundo y la Historia Universal transcurre racionalmente: el hombre es un ser pensante y por eso, más que Historia, lo que hace es Filosofía de la Historia al contemplarla filosóficamente. Así, siguiendo el procedimiento científico hegeliano, la supuesta libertad humana sería fatalismo y la multiculturalidad sería un destino ineludible. Este fatalismo también iría en línea con la visión determinista del materialismo histórico al hablar del inevitable advenimiento de la sociedad comunista como consecuencia de las contradicciones del capitalismo (aunque esto parece que está tardando, mecachis).

 

Dejándonos de zarandajas fatalistas y deterministas sobre el “final de la Historia” de Hegel y Marx (Fukuyama es un pringao que les copió la idea), hablar de multiculturalidad es hablar de colonialismo e imperialismo. Pero estos conceptos son distintos y provocan distintas actitudes. Por ejemplo, el colonialismo es un concepto chungo y lleno de carga peyorativa, porque implica imperialismo, opresión y conquista. Pero en cambio la multiculturalidad es un concepto molón y “modelno” a tope porque indica diversidad, progreso, tolerancia, diálogo de civilizaciones (¿o era alianza?), avance económico y social, apertura de mente y mil cosas más. Todas positivas, claro. Y aquel que tenga una opinión distinta es un troglodita, además de supremacista, racista y xenófobo. Vale. Pero ¿es esto así? 

 

La respuesta a esta pregunta está en los distintos puntos de vista según las ideologías políticas. Por ejemplo, desde el análisis marxista tradicional, la multiculturalidad no sería tan importante como la desaparición de la división social entre burguesía y proletariado, entre clases explotadoras y explotadas. Y por eso el internacionalismo marxista obrero terminaría con los problemas de la agrupación de los seres humanos en etnias, pueblos, naciones y países, que serían procesos impersonales que no controlan y que, para más inri, son constructos y relatos artificiales impuestos por las clases dominantes a lo largo de los siglos. La posición en el sistema de producción social y la relación con los medios de producción serían más importantes que las distintas culturas. Por eso la izquierda es más globalista y multicultural que la izquierda.  

 

En una línea parecida a la marxista estarían los autores de la teoría decolonial, que hablan de la retórica y falsa multiculturalidad de Occidente como reflejo de la opresión y destrucción de culturas colonizadas por él. Así, Houria Bouteldja habla de la impostada multiculturalidad de un Occidente colonial, capitalista, imperialista y eurocéntrico que comete epistemicidios culturales y destruye cosmogonías. Y Enrique Dussel, que hace un pensamiento crítico transmoderno, critica la modernidad occidental que impide el desarrollo de otras culturas y habla de la necesidad de liberarse de esa “monoculturalidad occidental hegemónica”. 

 

Ante esta tensión irresoluble entre la pulsión identitaria de Occidente y la pulsión multicultural de las culturas colonizadas, los conservadores y tradicionalistas afirman que la multiculturalidad podría ser una amenaza a las identidades de las naciones y países, porque causaría una disminución de la cohesión social y la dilución de su identidad. Y ésa es una de las razones del auge de los movimientos reaccionarios e identitarios en Europa y USA (y en otros países). Estos movimientos reivindicarían las raíces culturales históricas y sociales, lo cual chocaría frontalmente con la multiculturalidad. Y por eso la derecha es menos multicultural y menos globalista que la izquierda (Hungría y Polonia se habrían pasado de frenada). 

 

Entre estas dos posturas, aparentemente irreconciliables, habría otras más posibilistas y pragmáticas. Y aquí me viene a la memoria el krausismo español, cuya influencia modernizadora en la España del XIX se tradujo en la Institución Libre de Enseñanza (Julián Sanz del Río y Francisco Giner de los Ríos). La filosofía del derecho krausista apuesta no tanto por la europeización, como por la universalización y humanización de la filosofía del derecho tradicional. De este modo el proyecto de Europa no sería necesariamente occidental e imperialista, sino progresista, tolerante, armónico con otras culturas, no paternalista y conciliador. 





 ¿Hay culturas más multiculturales que otras a lo largo de la Historia? Pues a según y depende, unas más y otras menos. En el Imperio Persa había mucha tolerancia con las distintas etnias y culturas bajo su poder, pero Alejandro Magno acabó con su multiculturalidad (Alejandro, otro cabrón imperialista). El Imperio Romano fue multicultural “de aquella manera” con los distintos pueblos colonizados y su multiculturalidad seguía el lema “si vis pacem, para bellum”. Por eso acabó regulín regulera (Julio César fue poco multicultural con Vercingetorix). El Islam no fue especialmente multicultural, se extendió a sangre y fuego, no con flores y besos, y cobraba la yizia, un impuesto especial a los no musulmanes. El Imperio azteca era poco multicultural con los Totonacas y Tlaxcaltecaspueblos avasallados y sojuzgados por los mexicas. Por eso estos pueblos oprimidos se aliaron con Hernán Cortés (este cabrón de Cortés no sé si era multicultural, pero diplomático y maquiavélico, un rato). Poco multiculturales fueron los descendientes de los colonizadores british del Mayflower con los indios, a los que, además de apiolarlos, les dejaron clarito que su destino era quedarse en las reservas con sus casinos y sus performances para turistas (los cuatro que quedaron vivos y alcoholizados). Y ya en pleno colonialismo europeo, los imperios europeos fueron poco multiculturales. El rey belga Leopoldo II no se anduvo con miramientos en el Congo, como tampoco lo hicieron los ingleses en la india con los hindúes o en Australia con los aborígenes. Ni los franceses con sus colonias de la actual Francofonía. Por no hablar del imperialismo soviético, que sería superado y mejorado por el actual imperialismo de USA (con permiso de China, claro).  Pero no todo es imperialismo chungo:  Nueva Zelanda es el ejemplo perfecto de la fusión y convivencia entre la cultura maorí y la occidental. Y en Singapur conviven culturas asiáticas y europeas. 

 

 ¿Y cómo andamos hoy de multiculturalidad en el planeta? ¿hay un límite o porcentaje máximo de personas de distintas culturas a partir del cual la estructura y tejido social se resiente? ¿son todas las sociedades igual de multiculturales? Pues también a según y depende. Occidente se ve moralmente obligado a ser multicultural por su reciente pasado colonial: sería una especie de deuda histórica con sus pueblos colonizados y reconocimiento de su culpabilidad. Esta multiculturalidad occidental supone la coexistencia de distintas culturas, pero coexistir no es convivir y es frecuente que las distintas culturas no cohabiten, sino que lleven vidas paralelas y separadas, influyendo poco unas sobre otras sin ser permeables a las demás. Por eso en Europa hay zonas “no go” o guetos donde se agrupan personas no muy multiculturales que digamos y con pocas ganas de integración. Aunque este dato es discutido por la izquierda, que dice que esto no es verdad sino alarmismo, posverdad y fake de la ultraderecha. 

 

China no parece muy multicultural con los uigures, tibetanos y hongkoneses (estos cabrones no quieren ser comunistas, mecachis).  Y Taiwán está calentando, no vaya a ser que el slogan “"un país, dos sistemas" de Deng Xiaoping se lo expliquen según les meten algún portaviones en Taipéi (mientras tanto, los chinorris explican al mundo su imperialismo económico). Otra afirmación discutible, claro, y algunos foreros dirán que esto es fake también. 

 

¿Es el Islam multicultural con Occidente? Bueno, Líbano podría ser un ejemplo de multiculturalidad…cuando no están a hostias entre ellos. Hamás, Hezbollah y los talibanes son poco multiculturales y los pirados fundamentalistas de Al Qaeda, ISIS y Al Shabaab necesitarían un curso acelerado de multiculturalidad (amén de las teocracias islámicas como Arabia Saudita, Irán, etc.). En cambio, el Islam en Indonesia es multicultural con otras religiones. 

 

Aunque Samuel Huntington hablaba del choque de civilizaciones, lo que hay es un choque de estadios evolutivos o fases históricas de todas las civilizaciones: la mágico-mítica, la filosófica y la técnico-científica (como decía Augusto Comte). Cada cultura está en su fase histórica y por eso hay un choque cultural entre el Islam (fase mítica y religiosa) y Occidente (fase técnico-científica) y no hay choque cultural entre Japón o Corea del sur y Occidente (ambos en fase técnica científica). 

 

Sea como sea, la multiculturalidad ha llegado aquí para quedarse. Y hay que vivir con ella (o a pesar de ella). Las espadas siguen en alto y hay controversia entre partidarios y detractores. Al final la multiculturalidad es consecuencia de nuestra historia. Y la historia no se reescribe. Eso sería hacer un Ministerio de la Verdad de George Orwell cuando decía que “quien controla el pasado y la historia, controla el presente y el futuro”. Y controla la verdad, o sea, el relato: el relato de la multiculturalidad en este caso. Y la verdad es que las posibilidades son infinitas y no hay fin de la historia ni fatalismo ni determinismo histórico. El futuro está abierto y se llama Mono Sapiens Multicultural. Como cantaba Ana Belén "ven, contamíname y mézclate conmigo".





viernes, 26 de noviembre de 2021

LA IRREVERENCIA (O de como el prognatismo influye en nuestras vidas)

Realmente lo que yo quería era hablar de fútbol o en su defecto de la terrible atracción que
sienten algunos humanos hacia los chicles de fresa.
Expuestas las bases de la reflexión, vayamos al asunto…es un hecho irrebatible que cuanto
más verdes las siegan menos tiempo esperan a hacerlo…ay la paciencia!

-“Pa ciencia la suya Don Santiago!”, le gritaron unos estudiantes a Ramón y Cajal un día que
paseaba por los jardines de la Universidad Central en Madrid recordando aquellos años en
Cuba…..entre las fiebres palúdicas y la jodida tuberculosis el bueno de Don Santiago
aparentaba aquellos días 50 años más de los que tenía.

Aparentar…las apariencias, ¿qué somos realmente sino lo que aparentamos?, podremos decir
constantemente que somos emprendedores y activos, pero si te la pasas bostezando, lo que
aparentas es un gañán, que es lo que eres en realidad, lo que aparentas.
Volviendo al tema de la entrada, puedo decir alto y claro que me declaro admirador
incondicional de los escanciadores de sidra, qué arte señores, esa puntería, ese pulso, ese no
mirar, ese rematar con garbo el giro final de muñeca, varias tardes pasé en la Catedral de
Murcia admirando a estos grandes profesionales…..a propósito del sitio, me viene a la
memoria el Cardenal Belluga, qué gran hombre!...gracias a el, tenemos a la luminosa Valencia
como capital de la Comunidad…..no te jode que el tonto de Felipe V se emperró en trasladar la
capitalidad del Reino de Valencia desde Valencia a Orihuela… Y MIS COJONES 33!! Le dijo el
cardenal con voz profunda y sin bajarse del caballo….y claro, el monarca hubo de recular.

Recular, dícese de aquello que no está ni bien ni mal, que es corrientucho…aunque tal vez me
esté confundiendo con otro término parecido…no importa, en cualquier caso lo importante es
no desviarse del tema.


Lo que quería dejar patente con esta reflexión es la escasa concordancia que se da entre el
sujeto y el predicado en el idioma letón, ¿se han dado ustedes cuenta?....vaya pregunta!, pues
claro que si…al final todos acabamos llegando a la misma reflexión...lo mismo que me decía mi
madre mientras me cambiaba los pañales….”Pero hijo, qué vas a esperar de una lengua
flexiva!”.

No puedo yo acabar esta brillante exposición sin tener un recuerdo cariñoso hacia los
jugadores amateurs de ping-pong, el esfuerzo y dedicación del que hacen gala a diario debiera
servirnos a los demás como ejemplo de superación y entrega.

Que me dice mi agente editorial que no estaría de más que hiciese alguna referencia a la
actualidad, mas que nada para que quedase claro que el estar al cabo de la calle no está reñido
con la erudición….erudito, todavía me emociono cuando al pasear en estas otoñales tarde de
domingo bajo los chopos de la Alameda las muchachas me lo dicen, algunas de viva voz y
otras, más prudentes, me lo susurran….¿Y por qué no le dedica algo de su tiempo a la
astrofísica?, me planteó hace unos días la señora que asa las castañas junto a la farmacia de

Don Julián….”Verá usted, realmente es un tema que me la suda” tuve a bien
responderla…”Siendo así, no se hable más”, me replicó….pero seguimos hablando, como unas
dos horas, pero de temas de mucha más enjundia claro….hasta que llegamos a Aristófanes, la
muy ignorante no tuvo reparos en defender a semejante majadero, llegó incluso la señora
castañera a mostrar su total coincidencia con aquello de denostar la retórica!!!, argumentando
letra por letra su misma reflexión…”

-"Un orador entrenado en la nueva retórica puede utilizar su talento para engañar al jurado y
desconcertar a sus oponentes con tanta profundidad que el juicio pierde toda apariencia de
imparcialidad".

“Y MIS KOJONES 33!”… La respondí utilizando la cita del Cardenal Belluga….una de las cosas
que peor llevo es el desprecio a la retórica….después di media vuelta haciendo un teatral pero
efectivo gesto de indignación con la capa, arremolinándola artísticamente y embozado
desanduve lo andado…..hube de volverlo a desandar pues de la indignación marché de allí sin
pagar las castañas…..


Se me quedaba en el tintero un sentido homenaje a los entomólogos, qué poco se valora la
labor de estas personas, un sueño incumplido es el de trotar alegre por la campiña con un
Salakot, pantalones cortos caqui con medias blancas de media caña blandiendo esa gran red
delicadamente pero con firmeza…chas, chas, chas….hasta poder decir que al fin conseguí
capturar al menos un ejemplar de cada una de las más de un millón de especies descritas…
Esperando sepan perdonar este derroche de actualidad política, otro día hablaremos sobre
banalidades, deseo que sirva pa que alguno más se anime a iluminarnos con escritos de
parecido nivel académico.



Pajarrako

viernes, 19 de noviembre de 2021

EL DERECHO A LA PEREZA

 Paul Lafargue escribió su libro “El derecho a la pereza” en 1883. En sus páginas analizaba el proceso por el cual el capitalismo se había extendido por toda Europa, literalmente arrancando a las antiguas clases campesinas y arrastrándolas a trabajar a las fábricas, donde hombres, mujeres y niños trabajaban durante jornadas de hasta dieciséis horas en algunos casos, mientras que “los presidiarios de las mazmorras trabajaban 10 horas de promedio, los esclavos de las Antillas nueve horas, y en la Francia que había hecho la revolución de 1789 y que había proclamado los pomposos Derechos del Hombre había manufacturas donde la jornada era de dieciséis horas, sobre las que se otorgaba a los obreros una hora y media para comer”. Lafargue, apoyándose en relatos diversos de médicos de la época, explica como la mitad de los niños de las familias de tejedores y obreros de las hilanderías de algodón no alcanzaban la edad de dos años. La esperanza de vida de los trabajadores en esas fábricas no solía exceder los treinta y seis. Paul Lafargue fue un médico, periodista y teórico revolucionario franco-cubano. Además de eso, era también el yerno de Karl Marx, y sacó de él muchas de sus ideas. Participó también en las luchas revolucionarias de su tiempo, y en ese opúsculo de apenas un centenar de páginas avanzaba la idea de que los progresos de la técnica iban a posibilitar que las jornadas laborales de las generaciones futuras durasen sólo unas cuatro horas mientras que el resto del día se podría dedicar a varios menesteres como la lectura, la caza, la pesca, etc. 

Leyendo a Lafargue uno comprueba que los slogans del capitalismo apenas han cambiado después de más de siglo y medio, y menos todavía en esta época de neoliberalismo intenso y desatado. Por ejemplo, se insistía una y otra vez por parte de los patronos de la época en que rebajar la jornada laboral de 13 a 11 horas diarias podía tener efectos desastrosos para la economía, a la vez que se exaltaba la llamada moral del esfuerzo, se decía que no había que gravar a las grandes fortunas “porque eran los grandes productores de riquezas”, y los grandes pensadores de la época –o los tenidos como tales- como Hegel o Comte apuntalaban el sistema y el estado burgués con sus enrevesados sistemas filosóficos. En la actualidad, este tipo de explotación laboral se ha trasladado a los “sweat shops” de países como Bangladesh y tantos otros de Asia y América Latina. Mientras que en Occidente la explotación ha tomado formas distintas, con jornadas laborales ya no tan largas pero sometidas a una constante precarización. 

Y sin embargo, se sigue insistiendo en la supuesta necesidad de trabajar largas horas, como demuestra la constante polémica en Francia sobre la jornada de 36 horas, inasumible, dice la derecha, para la economía francesa. En el fondo, no es sino repetir una vez más la misma polémica del siglo XIX bajo una forma ligeramente distinta. Y todo ello en un marco global de creciente robotización del trabajo que afecta ya a casi todos los sectores de la economía. En la banca española se están viendo claros ejemplos de esto, cuando entidades gigantescas como Caixabank  cierran sus oficinas a centenares en todo el territorio poniendo de patitas en la calle a sus siempre fieles empleados, la infantería que trataba con los clientes al pie del cañón día tras día, y lo mismo se produce en otras instituciones bancarias. A partir de ahora, los clientes-vasallos sólo podrán expresar su descontento a través de “Noa”, el asistente telemático de Caixabank, diseñado para descorazonar y amilanar al más pintado.  Y es sólo cuestión de tiempo que una gran cadena de supermercados, en una maniobra que sin duda será saludada como innovadora por la prensa económica del sistema, decida prescindir de su personal de caja para realizar pagos exclusivamente automáticos en establecimientos enormes que quizá estén a cargo de un solo supervisor y un par de vigilantes de seguridad. Es muy probable que, si no lo han hecho ya, sea por el temor a una posible reacción de sus clientes, que quizá sigan prefiriendo antiguallas como el calor humano de una joven cajera –o cajero- a ser despachados por una máquina. Hace ya más de un siglo que el sistema comprendió – si no con el fordismo, quizá antes- que la productividad no dependía tanto del número de horas de trabajo de cada operario sino de la racionalidad y eficiencia de los procesos de producción y, sobre todo, de la sofisticación de la maquinaria. Pero la vieja moral de que es necesario “ganarse el pan con el sudor de la frente” sigue siendo considerada como muy necesaria para mantener un determinado orden social. 

¿Pero era la idea de Paul Lafargue de trabajar sólo cuatro horas diarias el delirio de un teórico revolucionario del siglo XIX? Este es uno de los temas que analiza en su libro “Bullshit Jobs” un teórico más moderno, el recientemente fallecido David Graeber, considerado como el principal ideólogo del movimiento “Occupy Wall Street”, algo que le valió que su carrera universitaria en Estados Unidos se fuese al garete, porque la muy “democrática” universidad de Yale no creyó conveniente renovarle el contrato a un pensador que era capaz de inspirar movimientos tan poco reverentes con el sistema (con esta decisión, Yale no hacía sino seguir la estela de todas las universidades norteamericanas que, en la década de los ochenta, decidieron purgar a los profesores y catedráticos de economía que no siguieran los dogmas de la doctrina totalitaria neoliberal). En su libro, Graeber describe dos categoría distintas de trabajos de mierda: los “Bullshit Jobs”, que son trabajos básicamente innecesarios pero muy bien retribuidos y bien considerados socialmente, y los “shit Jobs”, que son los trabajos de mierda propiamente dichos, aquellos que suelen ser socialmente muy necesarios, pero que están muy mal pagados y limitarse a  derechos laborales mínimos. Dicho de otro modo, estas categorías coinciden casi por entero con las de aquellos trabajadores que durante la pandemia fueron descritos como “esenciales”. Y a menudo obligados a trabajar sin ni siquiera las más elementales protecciones sanitarias, por no hablar de los numerosos establecimientos que, en Estados Unidos prohibían a sus empleados usar mascarillas porque se consideraba que eso era malo para la moral necesaria en vistas a  desarrollar con vigor la economía de consumo. 

Según Graeber, los beneficiarios –nunca mejor dicho- de los Bullshit Jobs son aquellos empleados o ejecutivos de grado medio o incluso superior cuyas funciones serían perfectamente prescindibles, pero que cumplen el papel de constituirse en una especie de corte de los milagros valleinclanesca en torno a la figura de sus jefes y superiores. Dichos empleados, por lo general de alto standing, pueden llegar a acumular frustraciones en su trabajo cuando empiezan a darse cuenta de su propia insignificancia real, pero dicho sentimiento queda relegado ante el consuelo de contar con una retribución solida que permite afrontar los azares económicos de la vida diaria bajo el capitalismo. Por lo demás, sí que cumplen un rol dentro del sistema, aunque sea perverso. Constituyen el material humano necesario para que el capitalismo nutra sus ejércitos de futuros votantes y/o ciudadanos que tengan más a perder que a  ganar ante la perspectiva de un cambio de paradigma económico y social. 

Dichos Bullshit Jobs abundan tanto en la burocracia de las grandes empresas privadas como en la empresa pública, y Graeber cita casos divertidos, como el funcionario español que estuvo ausente de su oficina durante dos años  sin que ni siquiera sus superiores se percatasen mientras él se dedicaba al estudio de las obras de Spinoza. Pero son parte del engranaje que permite que el sistema sobreviva, aparte de sus inmensos medios de desinformación masiva, que difunden una imagen del mundo a menudo distorsionada pero que está en total acorde con los intereses de las clases dirigentes. 

Mientras tanto, los shit Jobs se han diversificado e intensificado casi hasta el infinito en el mundo laboral contemporáneo. Ya no le basta al sistema con los contratos temporales, ahora ya se estilan empresas como Uber o Deliveroo, por no citar a la inefable Amazon, gran promotora del turismo espacial, que basan todo su negocio en tener bajo su férula a un capital humano siempre creciente de supuestos autónomos que en realidad dependen casi por completo de las gigantescas empresas que contratan sus servicios, y que han sufrido una pérdida de derechos laborales que habría parecido impensable a sus padres o incluso abuelos. Todo esto se mitiga con slogans del pensamiento positivo del tipo “puedes conseguir lo que quieras si te lo propones”, “eres el jefe de tu propia vida”, y cosas por el estilo que ignoran por completo la realidad social y económica de los seres humanos de nuestro tiempo, a la par que generan una moral individualista hasta el suicidio en la que cada individuo se ocupa exclusivamente –y, por lo general, en vano- de sí mismo. El propio Graeber pone también de manifiesto que también Keynes tenía razón cuando en los años 30 anticipaba un futuro en el que las personas deberían trabajar sólo unas pocas horas al día para garantizar su sustento. Pero señala que el llevarlo a la práctica iría contra los intereses del propio capitalismo en diversas maneras. En efecto, uno de los métodos de frenar las reivindicaciones tanto laborales como sociales es hacer la vida del común de los individuos tan penosa y complicada que se suprima al máximo el tiempo necesario para tomar conciencia colectiva de los  problemas reales y de adquirir medios de información y herramientas de conocimiento que de alguna manera contradigan la propaganda omnipresente del sistema. Si un trabajador de Amazon apenas tiene tiempo para ir al lavabo, mucho menos lo tendrá para organizarse frente a sus amos corporativos. Y también el esparcimiento debe de consistir en elementos reforzadores del sistema, tales como Hollywood, Netflix o las retransmisiones de eventos deportivos. Incluso la borrachera puede ser sospechosa de subvertir al sistema, pues para su realización suele precisar un local público, y estos servían de lugar de reunión de los sindicalistas a la salida de la jornada laboral, uno de los auténticos motivos de la promulgación de la ley seca en los Estados Unidos en los años 20 del pasado siglo, como contara David Nobel en su libro “The Free and the Unfree”. 

Frente a todas estas circunstancias, especialmente el problema de la creciente robotización de los procesos productivos, la solución –o parche- que ofrecen los sectores más ilustrados del sistema es la conocida como renta básica, denostada por todos los moralizadores de la derecha a pesar de que uno de sus promotores fuera el pope Milton Friedman, consciente de que llegaría el día en el que el capitalismo no podría proporcionar empleos a capas enteras de la población. El que la izquierda sea incapaz de presentar sus propias alternativas no hace sino demostrar su actual anemia ideológica y de implantación social ante el discurso monocorde del capitalismo. 

Veletri

viernes, 12 de noviembre de 2021

Investiga, imagina y comparte

Cuentan los sabios que la imaginación nos diferencia del resto de los animales. Mediante la imaginación creamos pasados y futuros creíbles, barajamos probabilidades y posibilidades de acción que, gracias a la empatía, además de proyectos individuales, son muchas veces colectivos.

    Los animales carecen de estas herramientas. Imaginamos tanto que antropomorfizamos todo, desde los mismos dioses a las montañas, pasando por nuestras mascotas. Donde una gaviota ve una montaña con dos picos nosotros vemos “Dos hermanos” (punta sur de Tenerife) e imaginamos una historia en la que dos gigantes se convierten en piedra.


    Imaginando y poniéndonos en la piel del otro la humanidad progresa, si bien a trompicones, hacia la conquista de la galaxia… y, en este proyecto, los nacionalismos están fuera de lugar.

    Son dos herramientas poderosas que junto a la curiosidad innata a la inteligencia producen “la conciencia”, el saber ser y estar. Pero… la empatía normalmente solo alcanza un círculo muy menguado, solo alcanza a los más próximos, a la tribu y poco más. Ya con los vecinos reina una rivalidad que nos acerca a los chimpancés; una rivalidad que llevada a los extremos degenera en guerra y que en la paz se refleja en muchos ámbitos de la vida. Un claro ejemplo son los derbys deportivos (putos giputxis) o las selecciones nacionales.

    La Humanidad tiene que superar esas actitudes para conseguir de verdad la libertad del hombre.

    El único recurso para lograrlo es la fraternidad de los pueblos, la solidaridad de clase; consiguiéndola llegaremos a la igualdad entre las personas, y con ella, a la ansiada libertad.

CapitanRed

viernes, 5 de noviembre de 2021

LA INSEGURIDAD SOCIAL

Anécdota de esta mañana, por escribir algo. 

Llevo a mi suegro a la cita concertada con la doctora para tratar de diversos temas relacionados con su salud. El problema, como siempre, el aparcamiento. Y más teniendo en cuenta que, aparque donde aparque, mi suegro no puede hacer por sí mismo el camino a pie y tengo que echar el carrito en el maletero para llevarlo. 

Una vuelta, dos, tres... y ya no me lo pienso más: me meto en el aparcamiento al aire libre, junto al CAP, que usan los señores docentes y similares donde veo como media docena de plazas vacías. Aparco, descargo el carro, saco a mi suegro del coche para sentarlo en el carrito y justo en ese momento entra en el aparcamiento otro coche con cinco personas (tres hombres y dos mujeres) que llevan bata blanca y que vienen departiendo entre ellos con cierto jolgorio. Me queda claro que no vienen de una "urgencia", pero sea lo que sea de donde vengan, están en su derecho (supongo) de hacerlo. 

Circulan delante de mí mientras estoy a la espera de que pase el coche para empezar a empujar el carro, se paran a mi altura, bajan la ventanilla y me dicen que "aquí no puede aparcar, que está reservado exclusivamente para el personal sanitario"... Explico que no lo hago por capricho, di varias vueltas infructuosas y que, ni lejos ni cerca, encontré dónde estacionar el coche, y que, como podían ver, mi suegro no está para caminatas y se nos echaba encima la hora de la cita con el médico... 

El que lleva el volante me dice "que es mi problema"... Hago mención a que el aparcamiento no está lleno, que hay como media docena de plazas vacías y que sé que nunca se llena pues es algo que he podido comprobar numerosas veces cuando paso por allí... E insisto que por un rato de pocos minutos no creo que entorpezca a nadie, añadiendo que,  por otro lado, podrían habilitar dos o tres plazas libres reservadas para casos como el mío y no estaríamos discutiendo por lo evidente... Mientras cierra la ventanilla le oigo decir "si no se va llamaremos a la grúa"... 

Noto que no todos los ocupantes del vehículo están muy de acuerdo con la actitud del conductor pero nadie se atreve a decir nada. Es posible que sea un jefecillo y no se atreven a replicar. Paso de historias y amenazas y me llevo a mi suegro hasta el CAP bajando por el ascensor a la planta donde está la consulta delante de cuya puerta nos situamos a la espera.... 

Pasan los minutos, no hay nadie más esperando y en ningún momento se abre la puerta para que el supuesto paciente que están atendiendo salga y podamos entrar nosotros. A la media hora de reloj, más o menos, se abre la puerta del ascensor y veo que una de las mujeres con bata blanca que venía en el coche se dirige a la consulta donde nos toca, nos mira y no puede evitar un cierto azoramiento que percibo perfectamente como una sensación de vergüenza... 


Abre la puerta, dentro no hay nadie, coge unos papeles y vuelve a salir para preguntar por fulano de tal (mi suegro) y nos hizo pasar. No era la doctora (a la que conozco de otras veces) sino la enfermera, pues se ha puesto "de moda" en algunas consultas hacerlo así, de manera que si la enfermera no sabe dar con el remedio llama por teléfono a la doctora para que le solucione el diagnóstico. 

Ni qué decir que la cara que tenía era todo un poema a la espera de que yo explotase en cualquier momento para echarle en cara no sólo la prepotencia de los cinco ocupantes del vehículo sino también la tardanza, se supone que injustificada por esa media hora transcurrida desde que, tanto ella como nosotros,  entramos en el CAP, no teniendo ninguna prisa al parecer por reintegrarse a su consulta a pesar de la hora de cita que teníamos... 

No dije nada, aunque mi mirada lo decía todo. Cinco minutos duró la consulta... El tiempo que se echa en renovar el recetario de pastillas de mi suegro, en recetarle un Lorazepan de 1 para que se lo tome antes de irse a dormir y programar un análisis de sangre. Cuando ya me levantaba le dije: "Ve usted, cinco minutos ha durado la consulta, y en cinco minutos hubiéramos estado ya en la calle, subidos al coche aparcado en su exclusivo aparcamiento, y mi suegro estaría a esta hora tranquilo en casa sin tener que soportar la incomodidad del carrito de ruedas"... "Ah, y espero que el coche siga en el aparcamiento, porque lo que menos voy a hacer es dar voces"... 

Bajó los ojos y un tímido "ya..." salió de su boca... "Buenos días, señora y gracias por su atención"...


Flan Sinnata

viernes, 29 de octubre de 2021

UNA POLÉMICA ¿OLVIDADA?

Durante décadas ha circulado la idea de que el colonialismo había acabado tras la Segunda Guerra Mundial al alcanzar las antiguas colonias de las grandes potencias europeas su independencia formal. De hecho, todo parecía confirmar esta teoría. Las debacles se sucedían para viejos imperios como el francés o el británico, por no hablar del español, definitivamente hundido desde la guerra de Cuba del 1898. La guerra de Suez, con el patético papel jugado tanto por la Gran Bretaña como por Francia, parecía  seguir la misma tendencia. Y la guerra del Vietnam, con el fracaso primero francés, y después del todopoderoso imperio norteamericano, en sofocar las ansías de independencia de un atrasado país asiático, parecía el aldabonazo definitivo que ponía punto y final a cualquier atisbo del periodo colonial. Además, desde el punto de vista formal, no se trataba de una guerra para frustrar la independencia vietnamita, sino que formaba parte de una de las fases de guerra caliente de la “Guerra Fría” entre Estados Unidos y la URSS para determinar el futuro del planeta. 

En cuanto a la guerra de Argelia, tenía para Francia un significado simbólico muy similar al que la guerra de Cuba había tenido para los españoles. Se trataba de la última gran colonia, de la pervivencia de un imperio moribundo. Pero los avances del Frente de Liberación Nacional de Argelia hacían cada vez más difícil el mantener ese ya reducido estatus de potencia colonial. Y una polémica feroz estalló en la propia Francia a propósito del tema argelino que culminó en el enfrentamiento de dos grandes bandos; los partidarios de conceder la independencia y los nostálgicos del imperio colonial que no aceptaban la degradación de Francia a potencia de segundo orden. 

Esta polémica alcanzó, por supuesto, a la intelectualidad francesa, dominada en aquella época de manera especial por el pensamiento existencialista. Y, en efecto, el existencialismo se escindió en dos. Mientras Jean-Paul Sartre se dedicaba a hacer una campaña en toda la regla a favor de la independencia de Argelia, escribiendo incluso el prefacio del libro de Frantz Fanon “Los desheredados de la Tierra”, uno de los libros clave de la literatura anticolonialista, Camus, desde una postura menos ideológica pero mucho más visceral, defendió en cuerpo y alma lo que él consideraba  los derechos de los pieds-noirs, los franceses colonizadores de Argelia pero que ya llevaban generaciones viviendo allí. Las diferencias de carácter entre ambos escritores eran importantes; Sartre, más filósofo que poeta, conocía de manera exhaustiva toda la filosofía alemana desde Hegel y sus predecesores hasta Heidegger. Camus, mucho más poeta y novelista que filósofo, había hecho sin embargo sus incursiones en la filosofía con libros como “El mito de Sísifo” o “El hombre rebelde”. Mientras que Sartre era una especie de líder supremo de la intelectualidad francesa de izquierdas –satirizado a causa de  ello por Boris Vian en la novela “La espuma de los días”-, Camus era algo así como el eterno príncipe aspirante, también admirado y respetado, pero sin alcanzar el enorme prestigio intelectual de Sartre, aunque ambos tuvieran legiones de seguidores. Ambos habían militado en el PCF, pero ambos habían terminado alejándose del partido y siendo anatemizados por el mismo. Pero mientras que Sartre apareció en todo momento como demasiado “rojo” e inaceptable para determinadas élites norteamericanas, Camus, por razón de su nula ortodoxia marxista, resultaba mucho más aceptable al otro lado del Atlántico. 

Visto desde nuestros días, la postura de Sartre parece mucho más coherente con una ideología de izquierdas. Era del todo incongruente que Francia pretendiera mantener todavía una colonia en la segunda mitad del siglo XX, una época en la que la liberación de los pueblos parecía un hecho, amparada y fomentada incluso –en teoría- por las Naciones Unidas y casi todas las organizaciones internacionales. Por lo demás, Francia acababa de pasar por el trauma de su guerra del Vietnam, y era del todo irrealista empantanarse en otro conflicto similar, esta vez en Argelia. Pero la Argelia que Camus defendía era la que él retrataba en sus libros como “El extranjero” o “El primer hombre”, aquella Argelia que había sido el escenario de las primeras décadas de su vida, y que él conocía por haberla vivido con su propia carne y sangre. 

Y aquí llegamos a lo que, con el paso de los años, ha llegado a ser otro de los temas del debate sobre el colonialismo, especialmente el colonialismo francés. La propia obra de Albert Camus, junto a Kipling, el Premio Nobel de Literatura más joven de la historia (Para seguir con nuestro paralelismo, Sartre rechazaría ese mismo premio cuando le fue concedido varios años más tarde). 

Mi primera lectura de “El extranjero”, -la primera , segunda o tercera novela que leí, ahora no recuerdo exactamente-, data de cuando yo tenía nueve años. Ya ha llovido desde entonces. 

Incluso siendo un niño, lo primero que capta la atención del lector desde las primeras líneas del relato es una prosa sobria y prístina compuesta de frases muy cortas y contundentes, sin metáforas o figuras retóricas rebuscadas, pero a las que el autor sabe dotar de un gran significado. (Más tarde el propio Camus diría que uno de los escritores que más le habían influido era el autor de thrillers norteamericano James Mc Cain, el autor de “El cartero siempre llama dos veces”, y varias otras novelas del género.)  Y lo segundo más llamativo es la simpleza de la línea narrativa. Meursault, un hombre vitalista y que lleva una existencia del todo ordinaria, empleado en una oficina y que acaba de perder a su madre, conoce a un individuo de dudosa reputación que lo implica en una reyerta con unos árabes en la que Meursault mata a uno de ellos vaciando todo el cargador de una pistola que ha llegado a su poder. A partir de aquí, Meursault entra en el engranaje judicial y acaba condenado a la máxima pena. Durante la lectura de la novela, yo me enfadé tanto con el fiscal que pedía la pena de muerte para Meursault con argumentos que me parecían infames que recuerdo que arroje un par de veces el libro contra la pared de mi habitación. Pero allí estaba justamente uno de los matices que se le escapaban a ese niño que era yo; la nula importancia que tiene la víctima, el asesinado, en la obra de Camus. Un detalle que posteriormente sería analizado por autores como Edward Said y otros. 

Porque efectivamente, y hablando llano y claro, el árabe muerto le importa un comino tanto a Meursault como al propio Camus. Jamás se nos dice ni siquiera su nombre y, por supuesto, no llega ni siquiera a la categoría de villano del libro. Es, sencillamente, un muerto sin historia, anlo mismo que toda su familia. Un comparsa a partir del cual se trama el destino y la tragedia del propio Meursault. 

Por eso, y para compensar esta ausencia, el escritor en lengua francesa pero de nacionalidad argelina Kamel Daoud escribió en el año 2013 la novela “Meursault, contre-enquête” (Meursault, caso revisado). en el que cuenta la misma historia de la legendaria novela pero vista por los ojos del ya anciano hermano del hombre matado por Meursault, y todo ello con un estilo literario que recuerda de manera sorprendente y muy efectiva al del mismo  Camus. De esta manera, Daoud aporta la voz que completa la comprensión de la tragedia, y no conocemos sólo la agonía de Meursault en la prisión mientras espera la pena de muerte.

Porque tal y como subraya el ya mencionado Edward Said en su célebre libro “Orientalismo”, lo primero que hace el pensamiento colonial es apoderarse del lenguaje y del relato, así como también de la historia y de la capacidad de representación de los pueblos que domina, para definirlos y etiquetarlos según sus propios intereses y tratando así incluso de determinar su historia futura. Y todo ello por medio de un batallón de antropólogos, sociólogos, o incluso filólogos, y ya no digamos medios de comunicación, que proporcionan el fundamento y la justificación ideológica para esta dominación. 

De ahí también que Occidente prefiera tanto en el mundo árabe como en el Oriente Medio la subsistencia de regímenes oscurantistas del estilo de Arabia Saudita y las demás monarquías del Golfo a regímenes más laicos y díscolos como los de Gadafi en Libia, Mosaddeq en Irán o incluso Saddam Hussein en Iraq o Assad en Siria. 

Ahora sabemos que el colonialismo ha sobrevivido a su propia defunción oficial, tanto en Oriente Medio como en África. Lo que existe ahora es otro tipo de colonialismo mucho más insidioso y efectivo, que se ejerce a través de la intervención militar directa si es necesario –caso de Libia-  cuando no hay más remedio, o , de manera en apariencia más suave, a través de instituciones como las grandes multinacionales, el FMI, el Banco Mundial o , incluso, las Naciones Unidas, por no hablar de toda una red de ONGs que pueden desempeñar todo tipo de función, desde una ayuda a los países afectados que rara vez pasa del rango de testimonial a ser auténticos caballos de Troya que faciliten o justifiquen las intervenciones de las grandes potencias capitalistas extranjeras. Nada de todo esto podría estar más alejado de los sueños y esperanzas expresados por Frantz Fanon a finales de los años 50 del pasado siglo. 


Veletri

viernes, 22 de octubre de 2021

RELATOS, FAKES Y VERDADES

 “Decir de lo que es o no es, que no es o es, es falso. Decir de lo es que es, o de lo que no es que no es, es verdadero” (Aristóteles). 

 

Desde la noche de los tiempos la verdad es algo ansiado por el ser humano, aunque quizás sólo esté al alcance de los dioses ("yo soy el camino, la verdad y la vida", Juan 14:6). La verdad tiene capacidad transformadora de la sociedad y por eso Gramsci y Lenin dijeron que "es revolucionaria". También tiene capacidad de liberación ("conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres", Juan 8.32).  No obstante es difícil alcanzarla y por eso Sócrates dijo que “sólo sé que no sé nada” y André Maurois que "la única verdad absoluta es que la verdad es relativa". Por eso Popper dice que la verdad no existe y una teoría nunca es verdadera, sino la mejor que tenemos en un momento dado para explicar la realidad. Ésa es la razón por la que hoy ya no hay verdades sino relatos y en estos tiempos de posverdades, fakes y bulos, el límite entre la verdad y la mentira es cada vez más difuso.  

 

Dicen que la verdad es un bien escaso y que la historia está llena de mentiras porque la escriben los vencedores (aunque el tiempo da voz a los vencidos). Y que la primera víctima de la guerra es la verdad. Y que del dicho al hecho hay un buen trecho. Y que una imagen vale más que mil palabras (¿no será al revés?), y más en este capitalismo de ficción, donde dicha ficción es, por definición, mentira. Será por eso que los medios de comunicación están llenos de mentiras y Noam Chomsky habla de sus “10 Estrategias de Manipulación Mediática” para el control social por los medios de comunicación. Benjamín Franklin decía que las únicas verdades indiscutibles son que nacemos, la muerte y los impuestos. Pero yo creo que hay alguna verdad más. ¿O tal vez no? 

 

El Mono Sapiens lleva siglos buscando la verdad, pero lo que ha encontrado es la verdad oficial de los poderes. Y esto es así desde que el hechicero de la tribu transmitía su verdad. Y desde que Akenatón cambió la verdad religiosa del Antiguo Egipto, eliminó todos los dioses antiguos e impuso su nuevo dios Atón. Y desde los tiempos del “Acta Diurna” de Roma, el primer periódico del que se tiene constancia. Aunque como las verdades cambiaban, los emperadores romanos imponían sus nuevas verdades con la “Damnatio memoriae” o condena al olvido de sus enemigos. Y desde entonces los poderes nos transmiten su verdad oficial. Por no hablar de verdades goebbelsianas y todo tipo de verdades políticas, históricas y culturales, relatos socialmente aceptados e incrustados en nuestros cerebros (como la verdad franquista del No-Do, “El Alcázar” y la F.E.N.). Hoy las verdades son mentiras comunicadas por una propaganda muy sofisticada y sibilina que se basa en el “Neuromarketing, Marketing Emocional y Storytelling”. Se trabaja en las emociones y se crean historias falsas para transmitir a los consumidores “la verdad”. Informaciones que pasan directamente al tálamo y amígdala sin que procese el lóbulo frontal. O sea, mentiras y más mentiras a tutiplén (ahora se llaman fakes y bulos). 

 

Pero como el Mono Sapiens es listo y crítico, descubrió esas mentiras y se puso a buscar la verdad estrujándose las meninges con los ladrillazos filosóficos del racionalismo, empirismo, idealismo, romanticismo, positivismo, marxismo y todos los ismos posibles. Y cuando creía que había llegado a la verdad, resulta que llega el modernismo y pone en tela de juicio lo anterior y descubre el pastel, sus mentiras y sus falsas verdades. 

 

Vale. Pero tras darnos cuenta de estas mentiras, ¿Dónde está la verdad tras la deconstrucción sistemática de los paradigmas tradicionales? Si la modernidad es la mentira continua del falso horizonte del presentismo actual y la postmodernidad es la realidad troceada en universos fragmentados que corresponden a microrrelatos impregnados de individualismo, incertidumbre y subjetividad, ya no sabe uno dónde está la verdad. Porque, como decía Foucault, no hay conocimiento objetivo, sino epistemes o sistemas de conocimiento creados por grupos concretos para defender su poder. Y como según François Lyotard ya no son posibles los grandes relatos en la postmodernidad, la verdad hoy estaría conformada por pequeños microrrelatos o metanarrativas , con las consiguientes incredulidad y escepticismo sociales. Y si en el mundo actual todo es incertidumbre, individualismo y subjetividad ¿Dónde queda la verdad y la objetividad? ¿en proposiciones discursivas y trampas de lenguaje interesadas, como decía Wittgenstein? ¿en el pensamiento débil de Vattimo? ¿en el relativismo y el pensamiento líquido de Bauman? 





Tras las sólidas verdades ideológicas del comunismo, socialismo, anarquismo, liberalismo y demás ismos de la modernidad, llega la verdad de la postmodernidad, que es la incredulidad en los grandes relatos y el fin de las certezas del pensamiento. Así que terminamos con la cabeza caliente y los pies fríos rumiando conceptos y sin saber si la verdad está en la Postmodernidad, la Sobremodernidad, la Modernidad Líquida, la Modernidad Débil, la Segunda Modernidad, la Modernidad Tardía, la Ultramodernidad, la Automodernidad, la Transmodernidad, la Altermodernidad, la Post-postmodernidad y demás hallazgos lingüísticos y ocurrencias. Coño, muchos palabros, muchos pensadores y pocas verdades. Seguimos a oscuras y sin certezas. Quizás por eso Zizek nos invita a "desear lo imposible" y dar la bienvenida al "desierto de lo real" (desierto de la verdad, añado yo). 

 

 Resumiendo, tras las verdades duras y tradicionales, su deconstrucción por la Modernidad y los pequeños relatos fragmentados de la Postmodernidad, ¿qué nos queda? ¿el pensamiento blando, débil, líquido y postmoderno que arrasa con esas verdades duras? ¿la sustitución de la verdad filosófica por la verdad de comunicadores creativos y embaucadores imaginativos? (que hablan mucho de “reinventarse” y vaya si inventan) ¿la fría verdad tecnológica? ¿la cálida verdad del misticismo "prêt a porter" y espiritualidad new age neohippie? ¿las verdades culturales de Occidente, Oriente e Islam? ¿la  verdad del hedonismo nihilista de la sociedad occidental?  ¿la verdad del neomarxismo cultural  woke que habla de desmontar todo para volverlo a montar desde cero en un nuevo reinicio? (porque la democracia liberal está podrida de raíz y no hay que mejorar ni ampliar sus valores, sino destruirlos y sustituirlos por otros nuevos). 

 

Tras las verdades de políticos encorbatados y atildados, las verdades dudosas de pensadores ocurrentes, las falsas verdades de historiadores interesados y las verdades de la televisión con sus realitys de casquería, ¿podría la ciencia darnos la verdad definitiva basada en la evidencia del método científico? Pues quizás. Aunque no sé yo, porque la verdad científica no siempre es objetiva e incluso las matemáticas podrían mentir. Aunque si la Inteligencia Natural falla, podríamos echar mano de la Inteligencia Artificial. Pero como la IA no tiene emociones, podríamos concluir que tampoco da verdades al 100%, porque le falta esa verdad emocional. Y como en el cerebro humano la razón y la emoción van de la mano, pues seguimos en bragas porque si falta una de ellas no hay verdad. Pero tranquilos, la Neurociencia nos dice que el cerebro no busca la verdad sino sobrevivir. 

 

 Como me dijo un amigo, “no me cuentes verdades, que tengo las ideas claras”. O lo que es lo mismo, al final hay tantas verdades como seres humanos porque cada uno tiene su verdad personal. Y es que en este mundo traidor no hay verdad ni mentira, todo es según el cristal con que se mira (eso decía Campoamor). Por eso Antonio Machado decía “¿tú verdad? no, la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”.   

 

Mientras seguimos a la búsqueda proustiana de la verdad perdida necesitamos referentes y guías y por eso el ilustre Franco Battiato buscaba “un centro de gravedad permanente”. Y mientras lo buscamos, el pensamiento no para: como cantaba Ana Belén, “el pensamiento no puede tener asiento, el pensamiento es estar siempre de paso”. Entonces, ¿llegaremos algún día a la verdad? Ganas me dan de decir que no. Si acaso la puntita. Y a duras penas. Parafraseando a Machado, quizás la verdad esté en “los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón”. Porque somos caminantes que hacen camino al andar en busca de la verdad. Sísifos eternos buscando respuestas verdaderas. 






Un Tipo Razonable