viernes, 8 de abril de 2022

ÉPICA Y HEROÍSMO (PERO HASTA EL FINAL)

"Se cubren de ropajes de violencia" (Salmos 73: 6).

"Ojo por ojo, diente por diente" (Código de Hammurabi).

 "Tiempos nuevos, tiempos salvajes; toma un arma, eso te salvará; levántate y lucha, ésta es tu pelea" (Los Ilegales).

Voy a seguir el principio de "camina por el lado salvaje", que diría Lou Reed. Por tanto, ésta será una entrada provocadora e incorrecta, tal que una conversación de taberna después de cuatro cubatas y cinco gin-tonics. Con palillo en la boca si hace falta y escupiendo al hablar. Advertidos quedáis, como esos carteles antes de las películas que dicen “estas imágenes pueden herir la sensibilidad del espectador”. Ya está bien de entradas buenrrollistas y correctas, hombre. Demos rienda suelta a la épica y al heroísmo. Con su dosis de odio si fuera menester. Una entrada salvaje y destroyer. Y que les den a los buenistas equidistantes que buscan el equilibrio, a los eruditos que buscan el diálogo y a las flojeras y blanditos budistas Zen que buscan la armonía. Aquí lo que se necesita es épica, héroes y motivación. Y sobre todo odio. Porque sin odio no hay héroes ni épica y no se alcanza el poder, que es lo que se pretende. 

 Así que ya está bien de entradas academicistas, correctas, mainstream y blandengues con personajes históricos aburridos, filfas académicas y ejercicios de teoría hueca. Hagamos una entrada dura (como la droga), alternativa y que remueva conciencias. Un puñetazo en los higadillos y partes blandas, un masaje intracraneal. Una entrada épica que hable de actitudes épicas de peña que toma el poder de forma épica. Una oda a los héroes que se la juegan para llegar al poder. Con mucho odio si hace falta, como cuando Aníbal juró a su padre odio eterno a los romanos. O como Gramsci hablando del odio a los indiferentes y de hacer valer la voluntad para tomar el poder. O como los bolcheviques cuando apiolaban a revisionistas, burgueses y contrarrevolucionarios. O como el Che Guevara diciendo antes de morir “serénese y apunte bien: va usted a matar a un hombre”. O cuando Ho Chi Minh dijo “por cada diez de los nuestros que matéis, nosotros mataremos a uno de los vuestros. Y al final vosotros os cansaréis antes “. Si el mundo es una mierda, necesitamos cambiarlo por una realidad que nos haga sentir vivos y con sentido de historia. Y no ser aburguesados acomodaticios, revolucionarios de sofá ni hípsters de diseño que se van a la sierra a hacer un retiro de fin de semana en plan budismo Zen Prêt-á-Porter. O sí o no, o frío o calor, o arriba o abajo, o dentro o fuera, pero mariconadas, las justas (sí, he dicho mariconada, está en la RAE, aunque alguien se ofenda). 


Por eso pregunto en corto y por derecho, ¿es correcto utilizar la violencia para alcanzar el poder? ¿es justificable el derramamiento de sangre para lograrlo? ¿deben rodar cabezas en una revolución “comme il faut”? ¿el fin justifica los medios? Parafraseando a Hegel cuando decía que la guerra es justa, buena, santa y fecunda, ¿es justo, bueno, santo y fecundo que los oprimidos, perdedores y desheredados les corten los huevos a los mandamases? ¿hay déficit de guillotinas? 

La respuesta que me pide el cuerpo es que sí. En esta sociedad anestesiada de adocenamiento, infantilismo, consumo, Poder Blando, Neuromarketing emocional, Psicopolítica y demás zarandajas postmodernas, uno echa en falta algo de la épica de los antiguos héroes clásicos.  Necesitamos nuevos Aquiles de guerras de Troyas modernas, nuevos Odiseos postmodernos y nuevos Espartacos con un par que nos liberen de tanta tontería social “líquida”. Otro Durruti fusil en mano y otro Lenin con los perendengues bien puestos y dispuestos a darlo todo. Incluso la vida. El mundo es de los atrevidos, de los que asumen riesgos, de los que se la juegan sabiendo que todos moriremos, pero que podemos elegir cómo y cuándo. Por eso Putin es un tío con un par, tenga razón o no (eso son minucias, detalles sin importancia). Por eso Robespierre estará siempre en nuestros corazones y el Che en nuestras camisetas. Y por eso casi nadie recuerda a Kerenski y Stolypin, unos pringaos y pusilánimes que no supieron defender sus convicciones con un par. Necesitamos menos flojos y más héroes duros, menos pragmáticos posibilistas y más maximalistas que lo den todo. 


 Si Durruti viviera ahora y le hablaran de democracia representativa, diría que esa mierda burguesa no la quiere ni en pintura. Si al Che le hablaran de democracia occidental, se limpiaría el culo con ella y pensaría que hay mucho cobarde suelto que merece ser fusilado. Si a Ho Chi Minh le hubieran propuesto un arreglo con los yankees, diría que “yankees go home” y a tomar por culo.  Y nosotros, mientras tanto, seguiríamos tomándonos una cervecita en el bar mientras comentamos el partido de futbol de la Champions. O esperando el finde para echar un polvo en condiciones después de apretarnos un buen chuletón entre pecho y espalda. 

Si hacemos algo, hagámoslo bien y hasta el final. En la odiosa y estupidizada sociedad actual, ya basta de ser influencer, youtuber,  instagramer o gilipoller haciendo dialéctica en red y virtual. Así que, pasemos a la acción y despertemos ese lado épico oculto que llevamos dentro, esa fuerza de la venganza histórica y social. Si decidimos algo, hagámoslo bien, en condiciones y hasta el final (como diría Bukowski, que no se andaba con remilgos ni medias tintas). Por eso yo digo “sí a la guerra”: la guerra de los perdedores cansados de serlo. O como diría un colega con el palillo en la boca: “el mundo es una mierda, lo que yo te diga”. Así que ¿lo limpiamos? 


Seamos épicos, coño. Si queremos cambiar las relaciones de poder, echemos toda la carne en el asador. Violencia incluida.  Mejor vivir luchando que arrastrarse y sobrevivir en una existencia gris. Mejor morir peleando que seguir de rodillas en una existencia mediocre y aburrida. Nada es gratis y todo tiene un precio. ¿Estamos dispuestos a pagarlo? ¿o seguiremos engordando en nuestros sofás acumulando lorzas y michelines cerebrales? Como decía Bowie, “podemos ser héroes, aunque sea por un día”. Justo lo contrario que decía Tina Turner: “no necesitamos otro héroe”. Porque los necesitamos. Y mucho. 


Un Tipo Razonable