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viernes, 22 de enero de 2021

INSIGNIFICANTES GRANJEROS IMAGINATIVOS

 Somos granjeros porque la Historia escrita empezó poco después de que nos asentáramos en poblados al desarrollar la agricultura y ganadería, Sólo entonces, con la barriga llena, se desarrolló la palabra abstracta, que organizó la vida social y sofisticó la artesanía (utilitaria) para convertirla en arte (estético).

Pero pretendimos controlarlo todo con las palabras: explicar el devenir de la Naturaleza a base de leyendas y dioses, hasta el punto de creer que obedecían nuestras oraciones y que se encargaban de cuidarnos y hasta de vencer a nuestros enemigos. Nuestra imaginación, tan poderosa y fascinante, se convirtió en mentiras al servicio del poder.

Lo asombroso es que en este siglo XXI la Humanidad siga en ese delirio, alimentado por los líderes y concretado en el Dinero como convención que condena a la pobreza y a la escasez. Podíamos haber elegido el otro camino: hace 4.000 mil años el taoísmo y el budismo asumieron que el Todo era inabarcable, que cada persona desarrolla una imagen mental sumamente parcial, que el Ego zarandeado por las emociones nos aleja de la Serenidad. Pero la fuerza bruta de los pueblos que creían en los dioses sometió a los colectivos que vivían en armonía con la naturaleza sin ambicionar convertirse en imperios.

Hasta aquí ha llegado la Historia, a base de guerras y opresión. En el siglo XX nos libramos por los pelos de la hecatombe nuclear. En el siglo XXI tenemos como problemas incuestionables al cambio climático, la explosión demográfica y el colapso de la naturaleza. En otras palabras: contaminación, limitación de los recursos naturales y extinción de especies. Son los otros tres jinetes del Apocalipsis, que se unen al primero que es la Guerra, que sigue arrasando países.

Ante ello, una gran mayoría de los seres humanos debemos tomar conciencia y elegir la sobriedad como forma de vida, asumir que seguimos siendo “granjeros bastante imaginativos pero insignificantes”.

Insignificantes como los dinosaurios que se extinguieron por algo tan fortuito como un asteroide; es el pensamiento de cada uno quien atribuye Significado a las palabras que aprende y usa, ningún otro animal abstrae categorías, sino que responde a la situación presente, sin pretender explicar su pasado y menos prever el futuro que no pueden imaginar. “Granjeros” porque necesitamos comida y cobijo; un paso más supone ser “ciudadanos”, participantes de la polis, pero el individualismo y cierta ignorancia nos alejan de ese rol. “Imaginativos” porque la vida de cada persona se desarrolla dentro de su mente, y es allí donde reside su infelicidad o Serenidad. La imaginación es un elemento esencial de la persona: es la base de la creatividad y de los sueños reparadores, pero es frecuente que suponga un elemento de alienación, de aturdimiento tanto personal como colectivo.

El Sistema (Matrix) se sostiene en todo lo contrario: fomentar mentiras (dioses, bancos, progreso), en aturdir con Ruido permanente (pantallas, móviles, noticias sesgadas) y en fomentar el Miedo (a la escasez, al diferente, al futuro), con líderes que son títeres vocingleros.

Por mi parte, esta es mi aportación intelectual, por si es útil a alguien. Como granjero me ocuparé de mi hogar y de mi labor educativa como forma de participación en la sociedad. Como animal imaginativo disfrutaré de mis sueños y de los ajenos, de todas las artes. Como ente insignificante asumiré mi impermanencia, lo efímera que es mi vida y la paradoja de lo plena que puede ser cuando se vive cada instante serenamente en armonía con la naturaleza.

En resumen, mi “sabiduría” se resume en un acróstico conocido con otro sentido: G.P.S.:

Gratitud al respirar el oxígeno que nos dan las plantas, al pensar con palabras que hemos heredado de otras civilizaciones, al recibir el relevo de generaciones de humanos bondadosos.



Participación en una comunidad donde buscar compañeros para aportar y también denunciar que hay líderes mezquinos y una mayoría sumisa. Donde ganarme el pan honestamente sin ser un depredador.

Serenidad para vivir el momento Presente, con humildad, con sobriedad, en armonía con un planeta óptimo para la vida que es el único donde la evolución llegó hasta la Inteligencia.

El Lado Oscuro de la inteligencia es la Fantasía del Poder, el empeño en el control sobre los demás, la patética inmortalidad de los faraones. El Lado Luminoso de la inteligencia es la Lucidez de la humildad, el tratar a los demás con bondad y ternura durante los breves pero intensos años en que consistirá nuestra vida.

Hablar de “Insignificante Granjero Imaginativo” parece una simplificación pueril. Pero es una imagen mental muy poderosa que quiero compartir: visualizarse en una pequeña granja, pendiente de la huerta y de las gallinas para poder dar de comer a mi familia, y ofrecerles un hogar cálido de caricias en vez de sometido a la tecnología; reconocerme irrelevante en la Geopolítica que está en manos de cuatro chinos y cuatro yanquis pero capaz de colaborar con mis vecinos; con mi imaginación como herramienta para embellecer mi pequeño mundo y percibir la armonía que me rodea, sin caer en las fantasías de control sobre lo que me rodea.

Reconozco que mis frases son “dar vueltas a la noria”. Las palabras no alcanzan para expresar una Intución de que todo es más sencillo si acallamos el Ego y nos percibimos como parte del Todo.

Necesitaba publicar esto, por si sirve a alguien y para sentirme comprometido con lo que digo. No cambiaré el Planeta ni a los demás, pero sí mi mundo interior y mi actitud. Suficiente para dejar de criticar, de cargar con prejuicios y falsas expectativas, de hacerme mala sangre.

Me basta con ser positivo para mirar con bondad y ayudar en lo que está en mis manos. Ojalá la Sobriedad y Lucidez fueran tan contagiosas como lo ha sido la SubNormalidad que trajo el virus. Lo que tenga que suceder, lo veré con la serenidad de un granjero que se sabe mortal.

Muchas gracias por vuestra atención y paciencia. Ha sido muy enriquecedor “desaprender” con vosotros, con vuestras experiencias, reflexiones e incluso vuestras objeciones. 

Sentido Común

viernes, 3 de julio de 2020

LA NUEVA SUBNORMALIDAD

Que nadie se sienta “ofendidito”: a estas alturas nadie usa definir así a una persona con capacidades diferentes, en relación a un estándar convencional. Me permito un detalle historicista: “Subnormal” era la palabra correcta en los años 70, pues lo que había eran los “tontos del pueblo”, que eran una vergüenza para sus familias. Fue el primer paso para buscar un espacio social para ellos, ofreciendo colegios especiales y acceso a cierta formación profesional. Luego se pasó a “discapacitados”, y se buscó su integración en colegios normales y ofertas de empleos. Ahora hay Alumnos Con Necesidades Educativas Especiales que logran desenvolverse en el medio escolar y alcanzar logros semejantes a muchos de sus compañeros “normales”. Con la ola del pensamiento políticamente correcto, se ha acuñado el término “personas con capacidades diferentes”, pues es cierto que tienen otra forma de manejar la información, las emociones, las relaciones o su sensibilidad artística… tan dispares como la gente “normopensante”. Precisamente, sobre la TORPEZA y CEGUERA compartida por la mayoría bien-pensante versa esta entrada.

“Subnormalidad”: deficiencia mental patológica sufrida por alguien con capacidad intelectual inferior a lo considerado normal. En este sentido, sería imposible tachar de “subnormal” a lo que hace la mayoría. Pedro Sánchez es un genio de la NeoLengua: la Nueva Normalidad que él proclama consiste en el comportamiento temeroso, pasivo e irreflexivo que desea para España. “Cien millones de moscas no pueden equivocarse: coma mierda”.

Estoy describiendo un estado, una actitud colectiva generalizada, no juzgando a individuos. Justamente el problema radica en que millones de personas han renunciado a su individualidad, a abrir sus ojos y su entendimiento, a pesar de los CIEN días que la pandemia nos ha ofrecido para reflexionar y tomar las riendas de nuestra vida. A Jesús de Nazaret le bastaron cuarenta días de ayuno en el desierto para tener claro qué hacer con su vida, cómo gestionar sus últimos días… y la que lió.

A los gobiernos se les concede (salvo estas Derechas sanguinarias) cien días de confianza antes de pedirles cuentas. Tras cien días, hemos salido del confinamiento sedientos de cerveza pero cegados, sin lucidez alguna. Quizás porque no nos hemos mirado desnudos en el espejo, sino que hemos contemplado la tele como si fuera una ventana al mundo, cuando es un guiñol de cachiporra.

La OMS define “subnormalidad” como la dificultad de adaptación, maduración o de ambas cosas. Nuestra sociedad globalizada ha demostrado que carecemos de ambas:
• No nos hemos ADAPTADO al entorno del planeta, sino que lo hemos arrasado hasta lograr que los virus silvestres salten contra nosotros. Respiramos humo, comemos microplásticos, insecticidas y hormonas de engorde y cada vez el agua escasea más.
• Tampoco hemos MADURADO colectivamente: la mayoría vive en un estado de eterna adolescencia irresponsable, de chavales cargados de deseos básicos de sexo, comodidad, prestigio ante sus colegas y, si es posible, vivir sin dar un palo al agua gracias a un golpe de suerte. “De joven soñaba que me comía el mundo… y me comió”.

Pedro Sánchez apostó por su repóker de Pandemia, los cinco cargos que cada día nos contaban los muertos, lo poco que se sabía y lo mucho que se conjeturaba. Un discurso de GUERRA con tres cargos militares y/o policiales (la Guardia civil es un híbrido). Se habló de “héroes” cuando los sanitarios caían enfermos sin EPIs; se habló de “lucha colectiva” cuando todo lo que hicimos fue asumir el confinamiento por el miedo al contagio y a las multas. Pero no se habló de los “daños colaterales”: un millón de parados más mientras que los supermillonarios incrementaban sus fortunas disparatadas de por sí en 20.000 millones de euros “gracias a la pandemia”.

¿Alguien se ha preguntado ahora qué pasa con todo ese discurso belicista, cuando nos han desmovilizado a la población, y el millón de parados anda esperando “la paguita” que les permita comer, y otro millón está comiendo gracias a los ERTEs, además de otro millón flotante que tiembla por si la recuperación no llega a tiempo para que su empresa no cierre? Porque Felipe el Sexto de Borbón nos ha ofrecido un consolador discurso “lleno de esperanza”… y nada más.

¿Alguien ha echado las cuentas de cómo era que el tratado de Maastricht en 1993 exigía una Deuda pública por debajo del 60% del PIB, que un 100% era “escandaloso” en el 2015, pero que asumamos que llegar al 115% será viable y no supondrá el estrangulamiento del Estado? Porque el FMI plantea para España una caída del 13% del PIB, la peor del mundo.

¿Alguien duda que en pocos años cada una de las patas del estado de Bienestar será vendida al mejor postor en una subasta amañada que nos hará más pobres y más indefensos?

Lo peor no es que las preguntas tienen difícil solución, sino que apenas un pequeño grupo nos las hacemos. El resto, anda bebiendo cerveza, repartiendo abrazos y caminando sin mascarilla, porque “LO PEOR YA HA PASADO”… ¡y unas narices! ¿Somos o no somos SUBnormales? La respuesta: el discurso oficial nos habla de Inmunidad de REBAÑO, con todo su desprecio hacia el pueblo. Ellos, tan finos para otras cosas, no se molestan en traducir y buscar el eufemismo de “inmunidad colectiva”: es mucho mejor cagarse en la dignidad y decirnos a la cara “borregos”.

“El silencio de los corderos” nos podría enseñar (si se lee el libro y uno no se conforma con la magnífica película de acción) que siempre habrá sociópatas, personas insensibles al dolor ajeno, que medran gracias al miedo, a la pasividad de la mayoría: Indefensión Aprendida que nos paraliza. Ya somos mayorcitos, y debemos reconocer que, como buenos carneros, tenemos cuernos para poder embestir y defendernos de los carniceros que viven a nuestra costa. Pero eso no se logra sólo con la queja, sino estando dispuestos a sacrificar nuestra comodidad y autocomplacencia. La injusticia cambia si los oprimidos fuerzan la situación, nunca será una concesión de la clase dominante.

Una clave para el cambio: “Lo Sano no es lo Normal”, y viceversa. Vivimos en un Sistema basado en planteamientos muy alejados de la salud física, mental, emocional y social. Cada paso para recuperar elementos saludables (físicos, hábitos de consumo, actitudes responsables y acciones comprometidas) es útil para empezar a transformar esta sociedad ante el Colapso que YA está en marcha. Decisiones individuales, compartidas con las personas cercanas son un granito de arena que, al menos, impiden que nos sintamos indefensos y amargados ante el avance de la acumulación de riqueza en poquísimas manos y la aceleración del cambio climático.


Sentido común

viernes, 22 de mayo de 2020

ANTES DE MORIRME

He descubierto que tengo una enfermedad terminal en mi cerebro. Es un cáncer que va destruyendo la imagen del Mundo que conocí y corrompe cuanta idea toca. No sé si el final llegará en cuestión de días o de algunos años, pero tengo claro que no voy a dejarme corroer por este tumor: no voy a dejarme morir de asco, de tristeza ni de impotencia.

Desde hace años notaba algún síntoma: me costaba moverme para disfrutar de cosas que me encantaban como la montaña, el teatro o montar en bicicleta. No le di importancia, evitaba preocuparme diciéndome que al día siguiente sí haría eso que me llenaba de placer, para de nuevo postergarlo en una espiral de desidia y flojera. Otro síntoma clarísimo era mi cara: los ojos de adolescente llenos de luz y de curiosidad ahora me miran apagados desde el espejo. En vez de patas de gallo por la risa, un par de líneas verticales surcan mi entrecejo.

Cualquier amigo se habría dado cuenta de que yo estaba enfermo, pero apenas veía a los que antes no pasaba un mes sin compartir café o cañas. Cualquiera veía que mis labios se habían torcido hacia abajo, y que  mi sonrisa habitual había sido sustituida por un rictus habitual de fastidio. Pero yo no escuchaba a nadie, sólo me reconcomía un infundado rencor.

Es una enfermedad psicosomática: aunque su origen está dentro de mis neuronas, se refleja en mi cara amargada, en mi flácido tono muscular y en un corazón que acabó superando una fibrilación auricular, tras tanto latir airado. Supongo que aquello supuso tocar fondo: cuando te explican que un trombo puede provocar un ictus cerebral, uno tiene que espabilar para no quedarse más tonto de lo que ya es.

Era una enfermedad crónica que hacía envejecer mi mente más rápidamente que mi cuerpo, hasta el punto que lo había asumido. Lo cual resultaba patético: mis hijos no alcanzan a entender tanto desánimo y tanto mal humor, mientras ellos están entusiasmados con cuanto la vida les ofrece como aprendizajes y oportunidades de disfrutar, que en alguna ocasión yo les he llegado a chafar.

Llegó la PESTE-2020 (así llamo yo al COVID-19) De cara a la galería, planteé que "no hay mal que por bien no venga", así de bestia: el "bicho" había parado la producción y el confinamiento podía servir para abrir la Consciencia de muchos para darnos cuenta de que íbamos de cabeza al colapso ecológico. Pero me temo que es una opinión minoritaria (aunque hay muchos artículos que sostienen una idea parecida, habrá que demostrarlo con la acción real). Medio mundo sólo desea lograr los alimentos y el otro medio parece que sólo piensa en las cañas de después del confinamiento y en cuándo podrá irse de vacaciones a la playa (el Soma de "Un mundo feliz", de A. Huxley).

Sé que mi problema viene de antes, aunque esta Peste 20-20 me ha hecho abrir los ojos a tres evidencias:
  • Una Humanidad muy variopinta, donde el peso de Asia y USA son determinantes, donde España es una de los PIGS de Europa y donde mi opinión es infinitesimal. 7.600.000.000 de seres humanos en gozosa y ciega carrera consumista hacia el colapso económico, ecológico y ético.
  • Un Planeta bellísimo y excepcional porque en él surgió la Vida y la Inteligencia. La Tierra se acerca a la Sexta extinción masiva de especies, pero seguirá existiendo sin personas, como lo hizo sin dinosaurios.
  • Los hijos, que no se merecen vivir una distopía que ha empezado con este confinamiento al que nos han sometido entre mentiras y miedos, y del que saldremos acobardados y sumisos. Ellos no tienen la culpa, pero van a sufrir toda esta Nueva Normalidad sometidos al Gran Hermano que Orwell intuyó allá por 1948. "1984".
En resumen: hay un Mundo real, externo,  que soporta la ambición desmedida de los que se han adueñado de él, con la complicidad y pasividad de la mayoría; y MI imagen interior del mundo, que debilita mi ánimo e intoxica la vida de mis hijos.

¿Mis soluciones? Para el mundo real, el Decrecimiento Sereno: reducir el consumo de muchos para que todos accedan a lo imprescindible. "Sereno" no sólo en el ritmo, sino en la actitud interior de cada persona.  Por mi parte, creo que hago cuanto está en mi mano para colaborar en ello, con mis actos y mis palabras.

Pero eso no va a curar mi enfermedad terminal; sé que dentro de un tiempo moriré, inexorablemente. Por ello, mi tratamiento requiere medidas drásticas:
  • Limpiar toda la mala sangre que me hago. Tengo que evitar a las personas tóxicas, la manipulación informativa y los pensamientos funestos.
  • Respirar aire puro a fondo, sin encerrarme en casa delante del ordenador. Disfrutar del entorno y del prójimo, aceptándonos en nuestra diversidad.
  • VER que el mundo funciona con una hermosa armonía, donde el caos es imprescindible para que no se colapse. Asumir esas dos fuerzas complementarias, pero tomar partido por construir, por participar en una Vida que transciende al individuo.
  • Finalmente, agradecer todo lo recibido y alegrarme por la belleza que me rodea. Sólo un imbécil se fija en el estiércol que nutre a la rosaleda.
Hoy mismo empiezo mi curación radical. No lograré más años, pero cada día tendrá mucho más sentido.
Mi médico me ha recomendado Silencio, y yo le obedezco.
Paz, Fuerza y Gozo para todas y todos.


Sentido común

viernes, 1 de mayo de 2020

CORONAVIRUS ¿SILENCIO O MIEDO?: ACCIÓN

¿Cuál es mi intención al escribir esta entrada? Sé que no voy a convencer a nadie, que obtendré un cierto nivel aquiescencia y que nada cambiará. Sólo una cosa sí: lo que tenía dentro, haciendo ruido en mi mente, ahora está fuera y ya no tiene la capacidad de enredarme. En vez de seguir rumiando palabras, las expongo y AHORA me comprometen a ser coherente con estas ideas.

Basta seleccionar y ordenar las aportaciones que uno lee en este Blog para poder escribir infinidad de entradas: Pura metáfora de nuestra vida, que es una selección de hechos a los que damos el significado que consideramos adecuado a nuestro Ego.

Antonio habla del SILENCIO ("el sublime silencio audible para todos y en el más universal de los idiomas"): ese es el regalo que nos ha traído el coronavirus: la ocasión de callar, de pararnos para constatar que la vida no consiste en correr de un tópico a otro: estudiar, trabajar, medrar, divertirse y, agotados, acabar en una caja de pino.

El silencio es sobrecogedor, sé de personas que se han mareado contemplando el cielo nocturno, abrumados por una inmensidad de la que formamos parte, pero no como "reyes de la Creación", sino como seres con el privilegio de ser conscientes de esa belleza y armonía.

El silencio puede ser nuestro aliado: ante tanta palabrería, basta mirarle para que el demagogo quede en evidencia porque se alimenta como sanguijuela de nuestras réplicas. Si no se le sigue el juego de confrontación, se desvanece como los hombres grises de Momo (Michael Ende) que se nutrían del tiempo robado a las personas.

Mucho más exigente es hacer Silencio Interior, porque ahí reina nuestro Ego empeñado en proteger una imagen construida a lo largo de muchos años. Pero es el silencio mental el que nos hace libres.

Matinada hablaba del MIEDO ("el depredador más nocivo del espíritu propio") pero que todos traemos de serie, emoción "negativa" pero que tenemos que afrontar. Nos habla del miedo a la muerte de un ser querido, y a todos se nos estruja el alma al pensar en la posibilidad de la muerte de un hijo: es lo más terrible que uno puede imaginar. Pero no está en nuestra mano: puede ser el coronavirus, un cáncer o un accidente quien nos arrebate a la persona amada (Mi idolatrado hijo Sisí, de Delibes, lo cuenta magistralmente). ¿Cómo no volverse loco, o deprimirse, ante esa fragilidad?

Pues con humildad, asumiendo la impermanencia de todo, y apostando por cuidar cada día a las personas cuando sí están con nosotros, valorando cada instante Presente.

El miedo es una magnífica herramienta evolutiva para la supervivencia: hace que huyamos de lo que pone en peligro nuestra integridad física. Curiosamente, lo que nos salva nos destruye al no saberlo usar: cuando al miedo nos lo llevamos dentro, en el recuerdo, el enemigo permanece en nuestra mente y nos destroza, bloquea y anula.

AHORA "TODO" ES CORONAVIRUS

La respuesta de cada persona puede ser Silencio o Miedo, porque es incuestionable AC/DC: lo que hubo antes ya no será, y lo que haya DESPUÉS está en manos de cada uno (un ejemplo es Matinada, salvando vidas a pesar del "bicho" que acecha).

En otra entrada ya hablé del Solipsismo. Hay una Realidad inabarcable, pero cada uno construye SU MUNDO dentro de su cerebro, y puede decidir "pastilla roja o pastilla azul", ponerse a favor de la Fuerza o pasarse al Lado Oscuro.

Aquí hace acto de presencia el tercer (y último) comentarista, mi adversario MICKDOS. En una cosa tiene razón: uno no es quién para decir a nadie qué tiene que pensar ni cómo comportarse (lo que nunca ha sido mi intención, por otro lado). Pero en otra cosa se confunde: cree que los 7.500 millones de humanos van a asumir seguir sometidos a la dictadura del Dinero. Habrá media humanidad que sólo puede pensar en la mera subsistencia (gracias a la miseria que agrava el capitalismo), pero otra media humanidad, con la barriga llena, podemos decidir hacia dónde movernos.

Mi tesis es así de pueril, sencilla, casi ridícula:
Cada persona puede elegir hacia dónde da cada paso, en cada momento, sabiendo que se mueve entre dos extremos:
– A favor de los Derechos Humanos, en beneficio de la mayoría social,
– O a favor del Dinero, al servicio de cada vez menos individuos, pero más poderosos.

Soy tan simple que defino dos polos de referencia: un movimiento hacia la Izquierda es una apuesta por la Humanidad Civilizada y un movimiento hacia la Derecha supone apoyar el Individualismo del Progreso Consumista y Depredador de personas.

No voy a defender a partidos que se llaman de Izquierdas pero sólo son caricaturas de lo que pretendemos la mayoría, pero sí denuncio a los partidos de Derechas que son monstruos de mentiras al servicio de los dueños del sistema financiero.

Sé que no hay un camino definido para alcanzar la Utopía como dice Galeano


Tengo la certeza de que hacia la Derecha nos espera el abismo que puede acabar con la humanidad: a medio plazo está el Cambio Climático, pero el Colapso Económico en España ya existe y nos espera en cuanto salgamos del confinamiento.

Que cada cual piense en qué dirección le mueve cada una de las decisiones que toma cuando compra, cuando trabaja o cuando opina.


Sentido común