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viernes, 23 de julio de 2021

LES FLÂNEURS



El poeta es un fingidor.

Finje tan completamente

que hasta finge que es dolor

el dolor que en verdad siente.

Y, en el dolor que han leído,

a leer sus lectores vienen,

no los dos que él ha tenido,

sino sólo el que no tienen.

Y así en la vida se mete,

distrayendo a la razón,

y gira, el tren de juguete,

que se llama corazón.

(el heterónimo Fernando Pessoa)



“Flâner” es un verbo francés que significa “vagar, callejear, gandulear, matar el tiempo”….Por consiguiente, el “flaneur” será alguien que deambula por las calles sin un objetivo definido. En su escrito “Poesía y Capitalismo” , parte de ese complejo proyecto que fue “Illuminationen”, su obra capital, Walter Benjamin incluyó al poeta Charles Baudelaire en esta categoría de personajes. El flaneur, tal y como lo entiende Benjamin, es típicamente urbano. Hablar de un flaneur campestre sería algo así como hablar de un gasolinero que vendiese trigo. Es también un producto del nuevo tipo de ciudad y de entorno social que ha surgido con el capitalismo. Surge en gran parte del desclasamiento y de la zozobra que ese tipo de vida implica para muchas personas, y también de ese “grand malheur de ne pouvoir être seul” del que habla La Bruyére y que es la cita que Edgar Allan Poe , ese otro flaneur del otro lado del Atlántico, pone al inicio de su relato “The Man of the Crowd”.


En esa historia, el anónimo narrador, convaleciente de una enfermedad, observa desde el interior de un hotel londinense la fauna urbana que desfila ante él; los hombres de negocios, abogados, empleadillos, carteristas, modistillas, prostitutas, incluso mendigos. y un largo etcétera. Hasta que por fin un hombrecillo llama de manera especial la atención del narrador; un viejo decrépito de unos sesenta y cinco o setenta años de edad, bajo de estatura, de apariencia endeble y ropa sucia pero que originariamente había sido de buena calidad. 

A través de una rasgadura de sus ropas, el narrador cree percibir un diamante y una daga. Intrigado por la apariencia del individuo, el narrador empieza a seguirle por las calles de Londres. La persecución se prolonga durante horas y horas, a través de diversos paisajes urbanos, y por fin, ya al amanecer del día siguiente, ambos se encuentran cara a cara, aunque en apariencia el anciano sigue sin percatarse de la presencia de su perseguidor. Y entonces el narrador llega a una conclusión; “Este anciano”, piensa, “ es el tipo y el genio del crimen más profundo. Él es el hombre de la multitud. El hombre que no puede estar solo. Sería vano seguirle más tiempo, porque no descubriré más sobre él ni sobre sus acciones; el peor corazón del mundo es un libro más indescifrable que el Hortulus Animae; y quizá sea una de las grandes mercedes de Dios que “er lässt sich nicht lesen” (no se deja leer).


En realidad, en el relato se trata de la imposibilidad de descifrar a quien se encuentra en el anonimato de las grandes ciudades modernas, y la desazón que eso produce. Vivir en medio de personas de las que nada se sabe, y que se pasan la vida tratando de tener un valor de mercado. sea cual sea la actividad a la que se dediquen. Los mismos Poe y Baudelaire pasaron sus vidas buscando de manera infructuosa tener un valor en el mercado literario. Como cuenta Benjamin, Baudelaire tenía que cambiar de domicilio con frecuencia en sus intentos de desembarazarse de sus acreedores. Mientras escribía la que quizá fuese la mejor poesía del siglo XIX –en mi opinión su único competidor en esta empresa sería un jovenzuelo que atendería al nombre de Rimbaud y que abandonaría la poco lucrativa poesía para dedicarse al tráfico de armas-, Baudelaire rondaba por las calles del París transformado por los planes urbanísticos de Hausmann, el hombre que arrasó con el Paris antiguo en el que se habían desarrollado entre otras las grandes novelas de Victor Hugo como “Los miserables” o “Notre Dame de Paris”. Ese Hugo rico y famoso que hubiera podido mirar con desdén al pobre flaneur que se las veía y las deseaba para cubrir sus necesidades. Mientras que autores como Dumas, Sue o Lamartine se enriquecían de una manera desaforada, todos los poemas de Baudelaire apenas le reportaron unos pocos millares de francos a lo largo de su vida. Esos autores habían sabido desenvolverse en la fauna literaria parisina, cuyo mayor negocio era conseguir ser publicado en forma de serial en los grandes periódicos, lo que a su vez aumentaba sus respectivas tiradas y , junto a la publicidad, permitía reducir los precios de venta. Pero Baudelaire era incapaz de escribir grandes novelones repletos de suspense, lo que serían los bestsellers de hoy en día. Lo suyo era escribir sobre y para el:


-Hypocrite lecteur –mon semblable-mon frère!


Es decir, para la gente como él, para gente que compartía sus angustias, la gran mayoría de los cuales no le leerían nunca.



Como es sabido, a todas las tribulaciones de Baudelaire se unió el juicio que se le hizo por haber escrito “Las flores del mal”, su gran recopilatorio de poemas. A poco de su aparición, la policía redactó informes en los que se hablaba de su obra como “un desafío a las leyes que protegen la religión y la moral”. El fiscal Pinard informaba después de que se prohibía la venta del libro. La reacción que se había apoderado de Francia después de la derrota de Napoleón y, sobre todo, de la Revolución, no quería dejar las cosas a medias. Había que restaurar el antiguo orden a toda costa.

La defensa del abogado de Baudelaire se basó en la honestidad del autor, como hombre y como poeta, y en que su obra no era ni más ni menos osada en el fondo y en la forma , en la expresión y en el pensamiento, que “cuanto la literatura francesa imprime y reimprime todos los días”. Al final Baudelaire fue condenado a pagar una multa de 300 francos. El mismo fiscal Pinard procesaría también a Flaubert por haber escrito “Madame Bovary”, aunque, a diferencia de Baudelaire, el novelista fue absuelto.

La reacción de Baudelaire fue esta: “Todos los imbéciles de la burguesía que pronuncian las palabras inmoralidad, moralidad en el arte y demás tonterías me recuerdan a Louise Villedieu, una puta de a cinco francos, que una vez me acompañó al Louvre donde ella nunca había estado y empezó a sonrojarse y a taparse la cara. Tirándome a cada momento de la manga, me preguntaba ante las estatuas y cuadros inmortales cómo podían exhibirse públicamente semejantes indecencias.”.

Pese a todo, la obra se reeditó en 1861, y fue poco a poco convirtiéndose en un libro de culto y un faro para las nuevas generaciones de poetas. Sin embargo, los réditos financieros de Baudelaire siguieron siendo mínimos. Tampoco las conferencias sobre su obra dadas en Francia y Bélgica cosecharon un gran éxito de público. Atenazado por la sífilis y otras enfermedades concomitantes, Baudelaire fallecería en agosto de 1867.

Cabe preguntarse si mientras Walter Benjamin escribía sobre Baudelaire era consciente de la existencia del que probablemente fuese el auténtico gran flâneur del siglo XX; el poeta portugués Fernando Pessoa. ¿Qué habría escrito sobre este individuo excéntrico, conservador, sentimental y poliédrico, capaz de inventarse docenas de heterónimos en apariencia contradictorios entre sí pero que en realidad conforman una obra poética de una solidez quizá inigualada e inigualable? Pessoa, que significa “persona” en portugués, era el poeta camaleónico por excelencia, capaz tanto de ser el asceta Alberto Caeiro como el vitalista y modernista Alvaro de Campos, émulo poético del mismísimo Whitman, el esteticista Ricardo Reis, que se autodefine como “latinista y monárquico”, y del que Pessoa dice que se trasladó a Brasil por protesta contra la proclamación de la república en Portugal, o el melancólico Bernardo Soares, supuesto autor del inimitable “Livro do Desassossego “, y que es un trasunto apenas disimulado del propio Pessoa, por no hablar del propio Pessoa poeta, quizás un heterónimo más, perdido en el laberinto de la genialidad del poeta lisboeta. En efecto, es difícil saber lo que habría opinado Benjamin de este hombrecillo de origen pequeño burgués , desclasado como pocos, y que se ganaba la vida en ínfimos negocios y ejerciendo de corresponsal comercial para diversas empresas gracias a su perfecto dominio de la lengua inglesa, y cuyo único amor conocido fue una oficinista que respondía al nombre de Ofelia y con la que tuvo una relación más simbólica, platónica y quizá patética que otra cosa.


Harold Bloom, en su canon de la literatura occidental, comparó a Pessoa con el gran Walt Whitman, pero yo añadiría que el autor portugués era una especie de “Whitman on steroids”, capaz bajo sus diversos heterónimos tanto de increíbles himnos a la modernidad como de reflexiones metafísicas que en la aparente sencillez del lenguaje de Alberto Caeiro tienen una profundidad impresionante, a veces expresando ideas que sólo algunos físicos de vanguardia se han atrevido a formular.

Pero la realidad es que, a diferencia de Baudelaire, al casto y metafísico Pessoa, no le hicieron caso ni siquiera los tribunales. Durante toda su vida el flâneur Bernardo Soares –o quizá su heterónimo Fernando Pessoa- llegó a trabajar para veintiuna casas comerciales distintas y a vivir en quince viviendas, por lo general pequeñas habitaciones de renta muy baja. A diferencia de su contemporáneo García-Lorca, flâneur a su pesar en Nueva York y quien llegó a acostumbrarse a los baños de multitudes, Fernando Pessoa, tras el fracaso de las modestas revistas literarias que trató de poner en marcha a lo largo de su vida- Athena fue quizá la más ambiciosa- , vivió en la mayor oscuridad, y falleció en 1935 a consecuencia principalmente de su alcoholismo. Sus últimas palabras fueron: “I don’t know what tomorrow will bring”, como el gran anglófilo que era. Sólo poco a poco su obra sería descubierta y valorada, revelando una riqueza y variedad que sobrepasaría todas las expectativas.

En la Edad Media, hombres como el Dante o Maquiavelo , uno el mayor poeta de su tiempo y el otro uno de sus mayores intelectuales, se convirtieron en figuras públicas de primer rango, emisarios de la ciudad de Florencia ante las grandes potencias de su época. Pero los siglos XIX y XX, la época de la tecnocracia y el capitalismo desenfrenado, no tenían en gran consideración a personalidades “con ese perfil”, como diría un empleadillo de ETT de nuestros días. De manera que el sebastianismo ingenuo que expresaba Pessoa en su libro de poemas “Messagem” estaba destinado a quedarse en su cajón mientras los políticos de la época se afanaban en sus cosas; lo que sería la terrible historia del siglo XX.


Veletri


viernes, 26 de marzo de 2021

La vida como un aroma: leve e intensa

                Comparo la vida con un perfume, muy personal,

elaborado con diversos ingredientes, algunos involuntarios.

Una pócima donde se mezcla lo heredado y lo decidido,

lo ambiental y lo imprevisible, los hechos y la emoción.

                Aromas de la niñez que permanecen en su emoción,

olores de adolescencia que nos estremecen.

Hedores que tuvimos que afrontar en la juventud

y matices sofisticados que descubrimos en la madurez.

                Dicen que los viejos huelen acre, quizás por las medicinas

quizás por el descuido de sí mismos. Yo jamás olvidaré

el perfume eterno a Myrurgia  y jabón de mi madre.

                Si la cara depende de cada uno a partir de los treinta,

creo que desde la adolescencia nuestro aroma es elección propia,

responsabilidad de los que elegimos emanar y ocultar,

nunca de forma absoluta pues los demás sí lo intuyen.

                Nos han enseñado una Historia jalonado de actos “sólidos”:

guerras y coronas, imperios y fortunas, castillos y fronteras.

Y ese anhelo de Posteridad nos contagió desde niños

en busca de tesoros, de magia, de fama, poder y gloria.

Hay niños grandes que se lo han creído, y han amasado fortunas

a costa de hacer harina a miles de seres humanos;

líderes que son esclavos de su personaje público

y millones de espectadores que se conforman con aplaudirles.

Pero quienes hemos madurado sin darnos por vencidos

 sentimos que nuestro relato es esencialmente leve, sutil.

No hay eternidad en nuestra propia vida, sino pequeños actos

con consecuencias mínimas: cultivar, ayudar, disfrutar.

                Cada día, eso supone que nuestro olor se expande

y afecta a quienes nos rodean, con su aroma o su peste.

Una cara amargada nubla el ánimo de quien nos ve,

una palabra agria desanima a quienes la escuchan.

                Por fuera, es nuestra participación responsable

en el gran teatro de un mundo gigantesco y complejo.

Por dentro, es la esencia de nuestra propia vida:

el RELATO interno que sólo conocemos nosotros.

                Eso es todo: ni más ni menos.

 ¿Para qué esta metáfora del Perfume vital?

Para reivindicarnos como copos de nieve

que se derriten tras un instante cristalino.

                Nuestra fuerza no está en las Mentiras

de un alma inmortal o de una seguridad comprada.

No hay un destino que alcanzar a base de lucha

sino un devenir tan sutil que da vértigo.

                La luz parece efímera, pero es eterna.

Se puede ser fuego de artificio, puro estruendo.

Y se puede ser un láser que desentraña la materia

y hace su labor luminosa antes de apagarse.

“Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”,

pero podemos perfumar el espacio que nos rodea:

enamorar, enardecer, seducir, alegrar, ayudar a evocar.

Es un don y una tarea que están en nuestras manos.


Menudo Cuento - El regalo (cuento zen) Una vez vivió un... | Facebook


Anexo: nuestra vida consiste en un Relato interior


¿Qué son las palabras sino vibraciones que se desvanecen?

Pero algunas nos conmueven y nos hacen actuar.

¿Qué son los actos sino gestos que desaparecen con el tiempo?

Pero algunos cambian la vida de quienes lo protagonizaron.

                Las ideas se nos presentan como un muestrario

para elegir qué disfraz ponernos según nuestro personaje,

pero algunas han sido las que nos han construido

y definido nuestras elecciones a lo largo de los años.

                Aunque nos miremos desnudos en el espejo, sentimos

que somos más que ese primate evolucionado que miramos:

nuestra existencia va por dentro, en el significado que damos

a lo que nos sucede y a nuestros sueños y pesadillas.

                Tan leve como un aroma, tan fugaz como un suspiro.

Pero somos responsables de cada parpadeo: no es lo mismo

mirar a los ojos de quien nos habla, escucharle y acogerle

que mirar con altivez a la mayoría y con sumisión al poderoso.

                Abrir los ojos consiste en agradecer el sol y la lluvia,

que nuestro corazón lata y funcionen todos los órganos,

Pensar es más que calcular intereses y prever desgracias,

es buscar dónde se puede echar una mano al necesitado.

                La montaña de fotos que hemos archivado

sólo adquieren valor con todo lo percibido entonces,

con los sentidos abiertos y las emociones del Presente;

en la Red, se convierten en caricaturas sin significado.

                Asusta intuir que pronto nos desvaneceremos.

Sólo si nos hemos estremecido con una música,

sabemos que no importa que la sala ya está vacía

porque lo eterno es la Armonía que vislumbramos.

                El sentido del olfato es el más ancestral,

el que desencadena las emociones más primarias.

Creo que es el más auténtico: exige química

pero es nuestra más intensa  forma de evocar.

                Por eso propongo cuidar qué aroma

emanamos en cada momento de la vida:

esa nuestra forma de participar alrededor,

lo que regalamos a la Humanidad.


 Epílogo:

Veinticinco entradas son suficientes para exponer lo aprendido y reflexionado en medio siglo. Una sola idea explicada de 25 maneras distintas, desde la interiorización hasta la crítica social, desde las citas de autores llenos de lucidez a la dramática actualidad de la Pandemia y la Nueva Subnormalidad.

Me toca volcarme en poner en práctica todo eso que predico: “dar trigo” en vez de palabrería. Ha sido un honor poder escribir en este Blog Coral y os agradezco vuestra acogida y comprensión. 15.000 comentarios he escrito, y darían para un libro bastante gordo si no fueran tan repetitivas como mi obsesión por la Dignidad de la persona y el Derecho a la Igualdad de oportunidades.

Nos seguiremos leyendo, en este Café Virtual donde he compartido tanto tiempo.

Buena Singladura


Sentido Común

viernes, 29 de enero de 2021

NADA para mis hijos, sólo Aquí y Ahora

 Es demoledor pero clarificador decir a tus hijos:

“He llegado a la conclusión de que No soy Nadie,

y Nada os puedo dejar como herencia, porque Nada poseo.

Mi existencia terminará, y también la vuestra.

Mi único legado sería liberaros de las mentiras:

Dios, el Dinero, el Poder, la Fama, el Control,

el Miedo, la Hipocresía, el Egoísmo.

Ser un modelo de Gratitud, Participación y Serenidad.”

Mi principal descubrimiento, como un testigo para el relevo:

el Silencio. “Menos es más”. Basta de correr,

de calcular, de competir, de sacrificarse.

No demostrar nada, sino optar desde la Serenidad.

No hay temor a equivocarse, sino valentía:

iniciar un  camino, honestamente, asumiendo

que puede ser que haya que cambiar el rumbo,

porque en todo uno aprende y aportar y disfruta.

El Sentido de cada vida se lo da uno:

satisfacer la propia curiosidad,

disfrutar de la amistad cómplice,

sentirse útil para algún prójimo.

Allá el que no desee comprender,

cuyas relaciones sean interesadas,

que sólo pretenda acumular posesiones:

el “Anillo de poder” será su ruina.


Sólo el Silencio permite intuir

la Armonía que rige el Universo.

Las palabras explican aspectos parciales:

se necesitan miles para cada idea,

y miles de ideas para construir la visión general

que cada ciencia, cada filosofía, cada arte o relato 

 ofrecen como interpretación a modo de escáner

de las diversas dimensiones de la realidad.

El Silencio requiere disciplina:

acallar los ruidos exteriores (pantallas)

y calmar los ruidos internos (mente)

para que sólo sea un murmullo de fondo.

Entonces uno oye los latidos del corazón

que bombea el oxígeno y los nutrientes,

inspira con gratitud y espira con calma

inmerso en el ciclo de la Vida.

Las preguntas son herramientas 

para entender lo que nos sucede

y para aportar lo que podemos,

nunca una carrera para controlar lo exterior.

Insaciable es nuestra mente: para desear,

acumular dinero, manipular a los demás 

y enredarse en enigmas y respuestas

que nos acaban paralizando como una telaraña.



Mis hijos no necesitan un profesor, y menos un gurú.

Necesitan un padre como referente claro

para decidir qué les gusta y qué no de ese modelo,

una persona que escuche y no juzgue.

En el siglo XXI no va a valer lo del anterior:

la superficialidad y la velocidad aturden,

pero quien sea capaz de mantener la calma

podrá fluir lúcido y sano en esa vorágine.

En una dinámica de máscaras y vídeos,

de depender de la opinión de otros, virtuales,

quien sea dueño de su propia mirada

y sea leal a sus amigos,  servirá como faro.

Sabemos que la Pandemia nos desnuda,

es una lástima que no sirva para Abrir los Ojos,

para construir algo nuevo de las ruinas;

sólo agrandará el abismo entre pobres y ricos.

Mi elección es la del lobo Estepario,

el outsider que contempla sereno

mientras aporta lo que buenamente puede

con la esperanza de que dé fruto.


Hace poco, un compañero de trabajo,

Alguien con quien sólo cruzo saludos corteses,

me suelta: “Tienes una mirada bondadosa,

Eres una buena persona”, y fue un hermoso regalo.

Pensé: “Y también tengo una mala hostia…”

pero eso no contradice, sino que complementa.

Ser generoso, colaborador, flexible, positivo

no evita que uno se encabrone con los egoísmos.

“El loco que decía Buen Día” es un relato

de Poldy Bird, lleno de ternura y determinación.


http://elixiresparaelalma.com.ar/blog/2010/11/28/cuento-de-poldy-bird-el-loco/


El rol de un “loco enamorado” como Francisco de Asís,

un loco enajenado de su Ego serio y egocéntrico.

Un bicho extraño, “el abogado de pleitos pobres”

en el colegio, el scout fiel y eterno,

el maestro soñador y hippie frustrado,

el político insumiso que no pilla cargo.

Una historia de la que he sido protagonista

que ha dado sentido a cinco décadas de búsqueda,

que no importa cómo termine porque no pretendo

vender mi película a nadie y menos a mis hijos.

He disfrutado y he aprendido, he luchado

Y discutido, en una vida intensa y plena.

Ahora y Aquí: fundirse en un Todo

en que participo con mi humilde candil.


Sentido Común

jueves, 28 de febrero de 2019

Machado en el corazón



Escucha la entrada AQUI

22 de febrero de 1939: Antonio Machado, con 64 años, muere en Coillure, a donde llegó con su madre huyendo del fascismo.

80 años después la derecha trifálica tiene el cinismo de decir que le admira, sin pedir perdón por hacer que muriera como un perro, lejos de su patria, quien a nadie hizo daño: “soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”.

Claro que es legítimo elogiar como escritor a personas de otra ideología: el primer Cela, por más derechosos que fueran sus pensamientos y actitudes, es un escritor valioso. Sería cerril despreciar la literatura realizada desde “la otra trinchera”. Pero el insulto a la razón llega cuando un Casado, un Rivera o un Abascal, títeres de Aznar, del IBEX-35 o del mismísimo Franco, se permiten hablar de él como de una persona a la que estiman y con cuyos mensajes se sienten identificados.

La obra de Machado va mucho más allá de las hermosas poesías de Campos de Castilla que todos leímos en el colegio “A un olmo seco”. Incluso esa, escrita para Leonor, tiene un potente grito de esperanza final “mi corazón espera/ también hacia la luz y hacia la vida/ otro milagro de la primavera”.

La obra de Machado va mucho más allá. Es una denuncia, y no un recurso meramente estético, su Españolito que vienes al mundo:

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Lo usan torticeramente los políticos siervos de los especuladores disfrazados de “empresarios y banqueros” que depredan España, quejándose del “guerracivilismo”. Nos tachan de revisionistas a los que pensamos que el Sistema capitalista en España, además de compartir el neoliberalismo mundial, sigue corrompido por el franquismo. Las cien familias que auparon y medraron con Franco han aumentado su fortuna en todos estos años: Botín, March, los herederos del duque de Alba…

A Machado le heló el corazón la España negra, mientras su hermano Manuel, aterrorizado tras ser encarcelado en Burgos, se sometió al Régimen, lo que éste uso para afirmar, en algún libro de texto de la dictadura, que Manuel Machado era tan buen poeta como su hermano “rojo”, y además, dramaturgo. Este es un ejemplo de las mentiras con las que nos hacían comulgar: nadie conoce al hermano sumiso, mientras Antonio Machado sigue brillando.

De Machado aprendí de memoria los primeros versos de La tierra de Alvargonzález para el proyecto frustrado de montar unas coplas de ciego por las tierras de Soria:

Siendo mozo Alvargonzález,
dueño de mediana hacienda,
que en otras tierras se dice
bienestar y aquí, opulencia,…

En la España de la generación del 98, que alguien comiera caliente a diario y no temblara de frío en invierno eso era Opulencia, no el derecho de todos. Qué decepcionante ver  que aún sigue en vigor esa desigualdad, con la pobreza energética. Sólo hace un siglo España era mayoritariamente rural, con caciques, guardias civiles y curas encargados de que el aparcero no saliera de la pobreza ni el jornalero de su miseria. Había casuchos de suelo de boñiga y los niños morían por desnutrición.
“Me duele España”, decía Unamuno al contemplar una España en manos de terratenientes, militares y obispos., y compararla con una Europa industrializada, culta y democrática.

Supongo que todos hemos oído y cantado el disco de Serrat “Dedicado a Antonio Machado, poeta”. Aunque ya ha llovido desde ese 1969, a cada uno le habrán movido alguno de esos poemas.
El último poeta que quiero compartir es el LIII de Proverbios y cantares:
Tras el vivir y el soñar,
está lo que más importa:
despertar. 

Yo veo aquí la influencia de la cultura oriental, budista, que a Machado sedujo e influyó. También es mi forma de enlazar con mi anterior entrada “Cambiar uno para que el  mundo cambie”, haciendo mención a la toma de Consciencia individual desde donde podemos ser mucho más lúcidos en nuestra tarea.

P.D. para Fuegos Fatuos: no soy un experto en Machado, y no pretendo dármelas de entendido haciendo un copipega de la amplísima crítica literaria que su obra ha suscitado a lo largo de un siglo. He querido compartir, con los compañeros y compañeras del Blog Coral, lo que pienso en este 80 aniversario de su tristísima muerte y lo que me hicieron sentir sus versos a lo largo de distintas décadas, descubriendo distintos significados al avanzar en la madurez.

De la vida de Machado conozco retazos, los tópicos. Mucho más sabe Ian Gibson, que acaba de presentar un libro donde explora “Los últimos caminos de Antonio Machado”


Para mí, la pertenencia de Machado a la Institución Libre de Enseñanza es un elemento clave. 
La ILE sólo quería modernizar España, que la educación no fuera patrimonio de la Iglesia y no se basara en el enciclopedismo memorístico. Los promotores de la ILE amaban al Niño… y a la Niña (fueron los primeros coeducadores): deseaban que creciera sano, curioso, estimulado, crítico y creativo. Contra ellos, la Iglesia y los poderes económicos deseaban una infancia obediente, temerosa de Dios y sumisa a los dogmas conservadores y clasistas.

Por ese “delito”, los reformadores de la ILE fueron odiados por obispos y banqueros. 
Tantos maestros fueron fusilados durante la guerra civil, y profesores universitarios tuvieron que optar por el exilio antes que se les encarcelara y expulsara de sus cátedras. España fue arrasada culturalmente por los sables y sotanas, durante 40 años. El Instituto Escuela, fundado en 1918 en los principios de la ILE (educación activa e integral, coeducación y laicidad) se convirtió en el IES Ramiro de Maeztu, para formar a las élites franquistas que no optaban por los colegios católicos como El Pilar.

Lo malo es que hoy, en el 2019, está vigente e incluso enardecido ese espíritu inquisitorial: 13TV, Libertad Digital, Tele Madrid, “KO diario, la SinRazón o el Inmundo”,  lanzan sus soflamas descalificando a la Institución Libre de Enseñanza como si hubieran sido sólo “progres”, “buenistas” o casi perroflautas. Los principios pedagógicos que Machado y sus compañeros quisieron para España son los que han hecho a Finlandia el mejor sistema educativo del mundo, con niños inteligentes y felices.

Lo peor: que ese mensaje ultraconservador es el que repite la derecha trifálica y es el que inspiró la LOMCE, aún en vigor. El que dirige las Consejerías de educación de las comunidades gobernadas por el PP, volcadas en favorecer a los colegios privados concertados en manos de la iglesia católica, incluso los que son del Opus y de los Legionarios de Cristo, secta fundada por un pederasta reconocido.

De aquellos huyó el grandísimo Antonio Machado, a cuyo corazón y obra hago este personal homenaje. Frente a éstos hay que plantarles cara, para que España deje de ser un país de charanga y pandereta.

Gracias por vuestra atención.

Sentido Común