viernes, 26 de marzo de 2021

La vida como un aroma: leve e intensa

                Comparo la vida con un perfume, muy personal,

elaborado con diversos ingredientes, algunos involuntarios.

Una pócima donde se mezcla lo heredado y lo decidido,

lo ambiental y lo imprevisible, los hechos y la emoción.

                Aromas de la niñez que permanecen en su emoción,

olores de adolescencia que nos estremecen.

Hedores que tuvimos que afrontar en la juventud

y matices sofisticados que descubrimos en la madurez.

                Dicen que los viejos huelen acre, quizás por las medicinas

quizás por el descuido de sí mismos. Yo jamás olvidaré

el perfume eterno a Myrurgia  y jabón de mi madre.

                Si la cara depende de cada uno a partir de los treinta,

creo que desde la adolescencia nuestro aroma es elección propia,

responsabilidad de los que elegimos emanar y ocultar,

nunca de forma absoluta pues los demás sí lo intuyen.

                Nos han enseñado una Historia jalonado de actos “sólidos”:

guerras y coronas, imperios y fortunas, castillos y fronteras.

Y ese anhelo de Posteridad nos contagió desde niños

en busca de tesoros, de magia, de fama, poder y gloria.

Hay niños grandes que se lo han creído, y han amasado fortunas

a costa de hacer harina a miles de seres humanos;

líderes que son esclavos de su personaje público

y millones de espectadores que se conforman con aplaudirles.

Pero quienes hemos madurado sin darnos por vencidos

 sentimos que nuestro relato es esencialmente leve, sutil.

No hay eternidad en nuestra propia vida, sino pequeños actos

con consecuencias mínimas: cultivar, ayudar, disfrutar.

                Cada día, eso supone que nuestro olor se expande

y afecta a quienes nos rodean, con su aroma o su peste.

Una cara amargada nubla el ánimo de quien nos ve,

una palabra agria desanima a quienes la escuchan.

                Por fuera, es nuestra participación responsable

en el gran teatro de un mundo gigantesco y complejo.

Por dentro, es la esencia de nuestra propia vida:

el RELATO interno que sólo conocemos nosotros.

                Eso es todo: ni más ni menos.

 ¿Para qué esta metáfora del Perfume vital?

Para reivindicarnos como copos de nieve

que se derriten tras un instante cristalino.

                Nuestra fuerza no está en las Mentiras

de un alma inmortal o de una seguridad comprada.

No hay un destino que alcanzar a base de lucha

sino un devenir tan sutil que da vértigo.

                La luz parece efímera, pero es eterna.

Se puede ser fuego de artificio, puro estruendo.

Y se puede ser un láser que desentraña la materia

y hace su labor luminosa antes de apagarse.

“Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”,

pero podemos perfumar el espacio que nos rodea:

enamorar, enardecer, seducir, alegrar, ayudar a evocar.

Es un don y una tarea que están en nuestras manos.


Menudo Cuento - El regalo (cuento zen) Una vez vivió un... | Facebook


Anexo: nuestra vida consiste en un Relato interior


¿Qué son las palabras sino vibraciones que se desvanecen?

Pero algunas nos conmueven y nos hacen actuar.

¿Qué son los actos sino gestos que desaparecen con el tiempo?

Pero algunos cambian la vida de quienes lo protagonizaron.

                Las ideas se nos presentan como un muestrario

para elegir qué disfraz ponernos según nuestro personaje,

pero algunas han sido las que nos han construido

y definido nuestras elecciones a lo largo de los años.

                Aunque nos miremos desnudos en el espejo, sentimos

que somos más que ese primate evolucionado que miramos:

nuestra existencia va por dentro, en el significado que damos

a lo que nos sucede y a nuestros sueños y pesadillas.

                Tan leve como un aroma, tan fugaz como un suspiro.

Pero somos responsables de cada parpadeo: no es lo mismo

mirar a los ojos de quien nos habla, escucharle y acogerle

que mirar con altivez a la mayoría y con sumisión al poderoso.

                Abrir los ojos consiste en agradecer el sol y la lluvia,

que nuestro corazón lata y funcionen todos los órganos,

Pensar es más que calcular intereses y prever desgracias,

es buscar dónde se puede echar una mano al necesitado.

                La montaña de fotos que hemos archivado

sólo adquieren valor con todo lo percibido entonces,

con los sentidos abiertos y las emociones del Presente;

en la Red, se convierten en caricaturas sin significado.

                Asusta intuir que pronto nos desvaneceremos.

Sólo si nos hemos estremecido con una música,

sabemos que no importa que la sala ya está vacía

porque lo eterno es la Armonía que vislumbramos.

                El sentido del olfato es el más ancestral,

el que desencadena las emociones más primarias.

Creo que es el más auténtico: exige química

pero es nuestra más intensa  forma de evocar.

                Por eso propongo cuidar qué aroma

emanamos en cada momento de la vida:

esa nuestra forma de participar alrededor,

lo que regalamos a la Humanidad.


 Epílogo:

Veinticinco entradas son suficientes para exponer lo aprendido y reflexionado en medio siglo. Una sola idea explicada de 25 maneras distintas, desde la interiorización hasta la crítica social, desde las citas de autores llenos de lucidez a la dramática actualidad de la Pandemia y la Nueva Subnormalidad.

Me toca volcarme en poner en práctica todo eso que predico: “dar trigo” en vez de palabrería. Ha sido un honor poder escribir en este Blog Coral y os agradezco vuestra acogida y comprensión. 15.000 comentarios he escrito, y darían para un libro bastante gordo si no fueran tan repetitivas como mi obsesión por la Dignidad de la persona y el Derecho a la Igualdad de oportunidades.

Nos seguiremos leyendo, en este Café Virtual donde he compartido tanto tiempo.

Buena Singladura


Sentido Común

viernes, 19 de marzo de 2021

¿Y si…? (una historia melancólica)

 El pasado no está muerto, ni siquiera es pasado”.  

 

Esta frase lapidaria de Wlliam Faulkner resume bien el peso del pasado sobre el presente. Incluido el pasado imaginado que pudo haber sido y no fue, pero que pesa tanto como el sucedido. La física cuántica y teoría de cuerdas hablan de pasados posibles en universos paralelos y según la teoría de la relatividad podemos viajar al pasado si alcanzamos la velocidad de la luz (el cine nos habla de ello en “Star Trek” y “el planeta de los simios”). Así que no es que el pasado no esté muerto, es que todos los pasados están vivitos y coleando. Al menos en nuestra imaginación (y en este foro). Además, todos hemos imaginado otros “yo” que pudieron haber sido y otras vidas que pudimos haber vivido.   

 

Pensé en esta entrada cuando leía a algunos foreros hablar con decepción y melancolía sobre una historia de la humanidad que les disgusta porque la sienten ajena e impuesta. Una historia errónea porque el ser humano ha adoptado decisiones equivocadas. Una historia de deseos truncados y frustración por hechos lamentables como el cristianismo, la Hispanidad, el fracaso de la URSS, la derrota republicana en 1939, la España de la postguerra, etc. Una historia de victorias de explotadores sobre explotados, ricos sobre pobres y dominantes sobre dominados. Una historia en la que los monos cabrones vencen a los bonobos inocentes y destrozan el planeta por su consumismo desaforado y antiecológico.  

 

 Estos foreros hubieran deseado un pasado ucrónico sin capitalismo. Un pasado imaginario en el que la revolución rusa y la anarquista de Néstor Majnó hubieran tenido mejor devenir. En definitiva, una historia en la que el mono cabrón que llevamos dentro no sería tal sino un bonobo empático, majete y salao (o un granjero imaginativo, SC copyright). Así que, dadas esa melancolía y nostalgia históricas, pensé en esta tercera parte de la trilogía formada por la historia de las ideas, el futuro posible y el pasado imaginado.  Imaginemos entonces ese otro pasado posible, molón y correcto. 

 

El primer “punto Jonbar” o de divergencia que me viene a la cabeza es el de un Occidente alternativo sin Grecia y de cultura persa. Atenas sería derrotada por los aqueménidas en las guerras médicas y el imperio persa no sería destruido por Alejandro Magno. Tras los fracasos de los Temístocles y Leónidas de turno, el origen de Occidente sería ajeno a la filosofía griega de Platón y Aristóteles (base de la moral judeo-cristiana). Y voilá, un Occidente de raíces persas cuya religión estaría basada en el zoroastrismo  o en el culto a Mitra. Así Nietzsche no hubiera criticado la moral judeocristiana ni el platonismo ni su concepto de “alma” (la llamaba superstición) ni el concepto de culpa. Claro que seguiría habiendo ateos, pero contra Zoroastro o Mitra. No sé si Pascual sería zoroastrista o “mitriano” (y yo agnóstico).  

 

El segundo pasado ucrónico que imagino sería la victoria de Cartago sobre el imperio romano en las guerras púnicas. Aníbal, tras cruzar los Alpes con su ejército y las victorias en Italia, arrasa Roma. En este Occidente de cultura cartaginesa y fenicia habría ateos, pero contra el dios Baal y la diosa Astarté. En este Occidente sin Roma el cristianismo no habría triunfado y no habría encendidos debates sobre la historicidad de Jesús. Este Occidente sin cristianismo sería el sueño húmedo de algunos foreros (la iglesia nos ha mangoneado durante dos milenios, ¿no?). Y los posteriores Feudalismo, Edad Media, Renacimiento y Modernidad tendrían otro significado.  

 

El tercer punto divergente posible sería la hegemonía del Islam sobre Europa tras el éxito del sitio de Viena por Solimán el Magnífico   en el siglo XVI. El Imperio Turco se extiende por Europa y un Islam ilustrado con los Averroes y Maimónides de turno se impone en Europa. Un Occidente de cultura turca cuyos filósofos y pensadores serían los Noam Chomsky y Zizek musulmanes (imaginar una USA de cultura islámica es cortocircuitante). Supongo que seguiría habiendo xenófobos y racistas, pero contra los “bárbaros cristianos” (los árabes hablaban de los cruzados como “diablos de ojos azules”).  

 

Otro escenario ucrónico posible sería una revolución rusa distinta en la que los mencheviques de Yuli Mártov ganan a los bolcheviques en el segundo congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR). No se impone la dictadura del proletariado sino un socialismo distinto y una revolución menos sangrienta junto con la burguesía. O sigue el gobierno de Kerensky en ausencia del golpe de estado de Lenin. O con anterioridad hubiera seguido el gobierno del reformista Piotr Stolypin. Esto podría haber desembocado en una URSS socialista diferente que habría perdurado hasta el día de hoy.  

 

 Otro punto Jonbar divergente sería la no existencia de guerra civil española. Esto podría haber sucedido si las tesis de Besteiro (el menchevique español) se hubieran impuesto sobre las de Largo Caballero (el Lenin español). Con Besteiro en el poder posiblemente no habría habido golpe de estado (Largo Caballero hablaba de guerra civil en sus mítines y denostaba la democracia representativa y burguesa). Besteiro era contrario a la dictadura del proletariado y su socialismo hubiera propiciado la continuidad de la República, con lo que nos habríamos ahorrado el actual debate español entre monarquía o república y España sería hoy otro país republicano (los borbones serían un recuerdo histórico más).  

 


Otro pasado ucrónico hubiera sido el no triunfo de las tesis de Felipe González en el congreso de Suresnes frente a los socialistas históricos de Rodolfo Llopis. No habría habido renuncia al marxismo y el PSOE habría protagonizado una auténtica ruptura democrática con el franquismo y no una “reforma cosmética” que llevaría después a una “modélica transición” en colaboración con Adolfo Suarez y Torcuato Fernández Miranda. Sería una izquierda auténtica en vez de una “izquierda traidora” y así hubiéramos evitado el debate de la “modélica transición y demosgracia”, cuyas estructuras franquistas aún perduran.  

 

Un pasado divergente muy mencionado es la victoria de Alemania y Japón en la segunda guerra mundial sobre USA y los aliados. Éste es el argumento de la novela “El hombre en el castillo” de Philip Dick (bueno, este escenario fascista no creo que gustara a ningún forero).  

 


Habría muchísimos pasados ucrónicos: tantos como podamos imaginar. Como el no descubrimiento de América, con la consiguiente no existencia de Hispanidad (si hubieran sido los ingleses, los franceses, los holandeses u otros, nos ahorraríamos el debate sobre “el genocidio español en América”). O el descubrimiento de Europa por los aztecas o los mayas. O la presencia de un estado palestino (con un gueto judío tras un muro). O la existencia de los Estados Unidos Árabes. O la no existencia de España como país y su sustitución por una confederación de países como Cataluña, Euskadi, Galicia, Castilla, etc. Este último pasado haría las delicias de foreros nacionalistas como limonada, Flan o aravasko..   

 

Resumiendo, una Europa no cristiana, no grecoromana y ecosocialista. Una España republicana, como confederación ibérica o directamente inexistente. Un planeta multicultural, igualitario, feminista, sostenible y solidario (donde no habría el colapso económico profetizado). Un mundo feliz, pero mucho mejor que el de Aldous Huxley.   

 

Ortega y Gasset decía que el esfuerzo inútil lleva a la melancolía, pero yo creo que el esfuerzo de imaginar otros pasados sirve para ser conscientes de lo que pudimos, podemos y podremos ser. Porque el ser humano es imaginativo y la imaginación nos construye.  Nunca sabremos lo que podría haber sucedido, pero sí podemos imaginarlo. Y el mono cabrón es muy imaginativo, vaya que sí. Y como cantaba Serrat, “no hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí”.  


Pepito Perez

viernes, 12 de marzo de 2021

La colonización del deseo

Aldous Huxley en “Un mundo feliz” presenta el “soma” como la droga que aportaba a la gente la felicidad, se usaba cada vez que algo les hacía pensar, de ese modo no se cuestionaban el sistema, eran esclavos agradecidos.

Hoy la toma del soma, de los diferentes tipos de soma, no pertenece al campo de la distopía sino al de una realidad aplastante, que ha superado a la ficción.

Estamos acostumbrados a que nos presenten el tema de las drogas en la figura del toxicómano, encerrado en sí mismo, con su adicción ilegal a cuestas, pero esa forma de tratar el problema de las drogas es parcial; el soma está enraizado en la vida de todos (al menos en las sociedades occidentales), bien como ilegal bien aplicado a sustancias legales llamados medicamentos o drogas “sociales” como el alcohol, el tabaco, el café, el azúcar, ….,  sin olvidar las relaciones y actividades adictivas asociadas al consumo, la televisión, internet, el móvil, las compras, los centros comerciales, el turismo, los videojuegos, la pornografía,… que apelan a emociones momentáneas, pero que nos producen sensaciones de felicidad o placer siempre rápidas y dependientes de pulsiones continuadas.

Vivimos en un proceso de privatización de todo, también de la existencia, la gente teletrabaja o trabaja aislada, viaja en cápsulas de lata, ya no usa el tren ni los transportes públicos, pasa la mayor parte del día con una pantalla enfrente, se nos ha limitado la dimensión social, ya no pensamos en las luchas por cambiar el orden establecido, el miedo a perder el puesto de trabajo nos limita a nuestro espacio más individualista, y este aceptar la sumisión y la incapacidad de rebelarnos ante la desigualdad y la pérdida de derechos en el trabajo, nos produce un sufrimiento, una angustia de seres extraños a nosotros mismos que la sociedad palia con todo tipo de soma, desde medicamentos tranquilizantes legales (¡cuánto Tranquimazín venden las farmacéuticas!) hasta la droga social por excelencia, el alcohol, que nos proporciona el placer de un bienestar momentáneo y buenos dividendos para algunos.

Es la astenia social uno de los graves problemas que tenemos, y por el que nos preguntamos todos los días, el por qué estamos todos paralizados, sin saber reaccionar ante tantos desmanes de todo tipo.

En el siglo XIX las drogas se usaron como experiencia terapéutica, para paliar el dolor y ciertas patologías, con el fin de buscar el bienestar físico. También las utilizaron los investigadores como estimulante de sensaciones que proporcionaban una apertura de la percepción, incluso como medio de investigación artística. El mismo Huxley estudió los efectos del LSD y su potencial de creatividad, aunque ya advirtió de los peligros de su consumo, y de las dependencias.

Pero la postmodernidad se ha inventado a sí misma y ha dividido las drogas en legales e ilegales, diferenciando un fármaco de una droga no por motivos médicos sino económicos, al arbitrio de personas o instituciones alejadas de la experiencia científica. ¿Acaso el azúcar que nos meten en la mayoría de los productos que se compran en el supermercado, no es una droga adictiva, legalizada y nociva? ¿O el uso continuado del móvil y de internet, no se basa en pulsiones que invitan constantemente a mirar las pantallas en busca de la posible felicidad, como el soma de los personajes de “Un mundo feliz”?
En la actualidad el sistema capitalista, cuyo fundamento es acumular ganancias para los bolsillos de los que dirigen el mundo, encontró una mina en el concepto “soma”. Bastarían unos segundos para buscar en algún diario las cifras milmillonarias que manejan las empresas farmacéuticas en cuestión de antidepresivos y ansiolíticos, amén de los medicamentos destinados a tratar enfermedades inventadas y que antes eran ni más ni menos que situaciones derivadas de los aconteceres diarios de la vida (el TDAH, el duelo, la menopausia, la tristeza, la frustración…), cualquier situación vital ante la cual la sociedad no ha aportado otra solución que la medicación (droga, soma), o el fomento de las adicciones consumistas, en lugar de atajar los problemas generados por la falta de empleo, por la falta de futuro para los jóvenes y adolescentes, etc…, que son las situaciones que crean tanta tristeza y desesperación.

No voy a hablar de los efectos nocivos de las drogas (legales, ilegales, sustancias o adicciones de comportamiento), todos los conocemos o al menos tenemos algo de información vivida directa o indirectamente. Prefiero dejar para el debate estas cuestiones, e insistir en las estrategias a las que el sistema acude para crearnos las dependencias, controlar nuestra vida y hacernos consumir, objetivo final.

Es a través de la cultura (englobando todo lo que nos rodea) como se nos va interiorizando el mandato de que hay que ser feliz a toda costa, como si la felicidad fuera un gen que nos falta y se pudiera conseguir tomando un elixir. O sentirse libre a pesar de ser conscientes de la alienación y esclavitud en la que vivimos, o sentirse joven aunque nuestra piel esté llena de esas señales de identidad que son las arrugas y aunque el mayor viaje delicioso que deseamos es dar un pequeño paseo o sentarnos en un banco a contemplar cómo pasan las nubes.

La sociedad del soma nos ha hecho pensar que somos solo seres individuales, no seres sociales también, y lo ha conseguido metiéndonos en el bucle romántico de una supuesta vida interior entendida como cualidad especial, producida por un narcisismo evocador, sin ser conscientes de que a través de ese bucle nos inocula el impulso que como una flecha va directo al centro mismo de las emociones, activando la secreción de endorfinas con los estímulos que el sistema diseña y con la cadencia que programa.

Se trata de una nueva esclavitud, la conquista por parte del sistema de las emociones, los sentimientos, los deseos, los anhelos, los sueños… Ya no nos persuade solo a través de la publicidad y la propaganda, ahora nos seduce y nos gestiona las sensaciones, nos hace desear a todos las mismas cosas, viajar a los mismos destinos, los mismos días (recordemos: “salvar las semanas”), comprar en las mismas superficies, escuchar las mismas noticias, los mismos bulos, ver las mismas caras mediáticas, las mismas tonterías diarias de las redes, compartir los mismos memes entre millones, escuchar la misma música bien avalada por las discográficas, las mismas series, desear las mismas palabras, que no se olvide la repetición continua de la palabras “libertad”, como dice la Ayuso “Socialismo o libertad”, que recuerda a la novela de Orwell y el lema del Ingsoc “la guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es fuerza”, igualándonos mediante el aislamiento y el autoconvencimiento engañoso de que vivimos en una sociedad en la que se puede ser libre, mientras la desigualdad ahonda la brecha de manera criminal en todo el planeta.

Ésta es la nueva victoria del capitalismo. Y no vemos salida desde dentro de este diseño, solo el caos y la barbarie.


Eirene

viernes, 5 de marzo de 2021

THE MISERING

Ya no se trata de distribuir, se trata de compartir. Se acabaron los tiempos anticuados en los que se pensaba que la justicia social consistía en que las grandes fortunas apocaran parte de sus fortunas pagando impuestos. Pagar impuestos se ha convertido en algo que sólo hacen los primos, aquellos que carecen de bastante dinero para evadirlo en una de las infinitas maneras que ofrece la ingeniería fiscal.

Hoy en día son los pobres los que tienen que compartir lo que tienen. Car sharing, home sharing, job sharing… Todo aquello que sea desmenuzable en alguna manera es compartido. La falta de dinero crea compañeros de piso insospechados, y montones de jóvenes y no tan jóvenes tienen que renunciar al sueño típico de los años 50-70 del pasado siglo de fundar una familia para apañar en su lugar una familia improvisada como quien va al Ikea a amueblar el piso. Entre todos consiguen pagar el alquiler y los gastos básicos de estos hogares disfuncionales, y el problema empieza cuando uno o varios de los “familiares” pierden su empleo.

Como digo, la convivencia no es siempre fácil. Los caracteres contrarios son muy difíciles de avenir, especialmente cuando no existen lazos de sangre ni afectivos entre ellos. Conozco más de una amistad que se ha ido a pique por vivir de este modo, y los problemas ya empezaban de buena mañana a la hora de decidir quién era el primero en ir a la ducha.

Claro que siempre es mejor vivir en convivencia casi forzada pero en libertad que vivir en la prisión. En Estados Unidos, el país pionero en el “todo sharing”, hay 2.300.000 personas que han tenido que aprender a cohabitar en prisión. Un record mundial. China, por contraste, tiene aproximadamente unos 200.000 presidiarios, pero mientras que la población de los Estados Unidos es de unos 330 millones de habitantes, la de China es de 1.400 millones. Se calcula que el número de prisioneros en los Estados Unidos iguala ahora al de la URSS en los mejores tiempos del padrecito Stalin (https://www.counterpunch.org/2021/02/26/american-gulag/).

La privatización de las prisiones ha envenenado la situación. Según la periodista norteamericana Eva Ottenberg:
“La privatización de las cárceles ha empeorado las cosas. De los presos federales, el 19,1 por ciento se encuentra en cárceles privadas, al igual que el 6,8 por ciento de los que se encuentran en las cárceles estatales. Estos infiernos de gestión privada obtienen ganancias al aumentar los honorarios pagados por los reclusos, desde llamadas telefónicas hasta correo y videoconferencias con un abogado. También ganan dinero escatimando en alimentos decentes y medicinas adecuadas y tienen muchas otras formas ingeniosas de sacar dinero de sus cautivos. Políticamente, las cárceles privadas son una fuerza reaccionaria que promueve, naturalmente, leyes criminales más duras y sentencias más largas. Porque así es como ganan dinero: para ellos, cuantos más prisioneros, mejor. Las cárceles privadas contribuyeron al aumento del 408 por ciento en la población carcelaria de EE. UU. De 1978 a 2014".

Este aumento de la población carcelaria se debió en gran medida a la Crime Bill de 1994, bajo la presidencia de Bill Clinton, y uno de cuyos principales impulsores fue el actual presidente de los Estados Unidos Joe Biden, otro de los dirigentes de la casta neoliberal que se apoderó del Partido Demócrata al socaire de la contrarrevolución reaganiana. Dicha Crime Bill instituyó políticas como la política de los “Three strikes”, con la cual un delincuente que cometiera tres delitos, aunque fueran menores, podía ser condenado a cadena perpetua. Por lo demás, estos presidiarios pueden ser obligados a trabajar para grandes compañías a razón de un salario de unos 60 centavos a la hora. Considerando que aproximadamente el 40% de la población carcelaria de los Estados Unidos se compone de gente de raza negra –cuando el porcentaje de gente de color entre la población total es de un 13/14%– , no resulta muy exagerado decir que la esclavitud que fue echada por la puerta tras la Guerra de Secesión de 1861-1865 ha vuelto a entrar por la ventana. En Europa todavía no se han extendido estas prácticas de encarcelar a una gran parte de la población. ¿Pero cabe descartar que algo parecido a esto suceda algún día cuando los lobos de la extrema derecha están aullando en los hemiciclos de todos los parlamentos europeos? Francia, por ejemplo, tiene casi un diez por ciento de su población que es de origen árabe-musulmán. El ajuste de cuentas racista podría empezar por aquí.

Por otra parte, la política de redistribución de la riqueza hacia arriba –en lugar del prometido “trickle down”, ay, este Friedman de nuestros pecados– ha funcionado a plena marcha, y en sólo cuatro décadas 50 billones de dólares han sido desviados en Estados Unidos al famoso 1% desde las otras clases sociales. Pero cada vez que se plantea la cuestión de redistribuir estas cantidades ingentes hacia fines sociales a través de, por ejemplo, el sistema impositivo, enseguida los medios de comunicación del sistema evocan el fantasma de la Revolución Soviética y los “horrores” de Stalin.

Pero vayamos a otra de las muchas redistribuciones de los ingresos de los pobres, el car sharing. Esta ha sido la base de la compañía Uber, según la Wikipedia: ”Uber Technologies Inc. es una empresa estadounidense que proporciona a sus clientes a nivel internacional vehículos de transporte con conductor (VTC), a través de su software de aplicación móvil (app),​ que conecta los pasajeros con los conductores de vehículos registrados en su servicio, los cuales ofrecen un servicio de transporte a particulares. La empresa organiza recogidas en cientos de ciudades de todo el mundo y tiene su sede en San Francisco (California).

Uber es la principal empresa proveedora de servicios de transporte a través de una aplicación. Debido a su gran expansión a lo largo y ancho del globo terráqueo, llegó a Latinoamérica en 2013 y desde su inicio fue catalogada como competencia desleal por el sector taxista. La presencia de la empresa en América Latina, aun con altos y bajos, tiene mucho éxito y proyecciones alentadoras a futuro”. 

 


Hasta aquí la definición de la Wikipedia. ¿Resulta ahora rentable para una persona cualquiera un oficio como el del taxi? Seguramente ya no mucho, porque el “car sharing” que suponen los modelos empresariales como Uber han minado esa industria de manera definitiva. Los taxistas pueden pasar la vida entera escuchando la COPE y votando a la muñeca asesina Ayuso o políticos similares si quieren, pero es el mismo sistema defendido por esta emisora y las demás del main stream media hispano e internacional el que los está liquidando como clase social.

Las previsiones sobre las pérdidas de empleo debidas a la robotización en la próxima década varían según los expertos. Hay quien asegura que la robotización destruirá millones de empleos pero en cambio creará muchos otros nuevos. Pero no es este el parecer de la mayoría de los economistas, como por ejemplo Guy Standing o el español Santiago Niño Becerra:
“La demanda de trabajo será cada vez menor, lo que dibujará una nueva estructura de la oferta de trabajo. El 10% - 15% de personas plenamente integradas en una organización con contratos a tiempo total y exclusividad absoluta, generadores de alto valor y con elevadas remuneraciones. Un 30% de personas contratadas para tareas concretas, tareas que serán de alto valor y específicas. El resto ocupadas puntualmente según el momento en tareas muchas de ellas marginales.”
https://www.abc.es/economia/abci-santiago-nino-becerra-sistema-capitalista-esta-agotando-202011241706_noticia.html

¿Y cuál será la respuesta del capitalismo a este fenómeno de desocupación masiva? En su día, el presidente Bush Junior informó a sus compatriotas de que vivían en un país que les ofrecía la fabulosa oportunidad de poder trabajar en tres empleos distintos para ganarse la subsistencia. Pero quizá el futuro este en la RBU (Renta Básica Universal), aunque los grandes magnates del mundo ya parecen haber encontrado una solución a su medida: la filantropía. La filantropía ofrece muchos usos a los pocos individuos en el mundo que pueden darse el lujo de practicarla. Desde los tiempos de Rockefeller y Carnegie, no han faltado las iniciativas filantrópicas de estos grandes espíritus que se preocupan tanto por el futuro de la Humanidad. No sólo les permiten evadir impuestos de una forma creativa, sino que además pueden ser utilizadas para abrirse camino en nuevas industrias. Quizá el ejemplo más evidente de este tipo de personas sea el de Bill Gates, quien no sólo se ha dedicado a Microsoft, el coloso informático más importante del mundo, sino que ha dirigido sus esfuerzos a diferentes campañas de vacunación en todo el mundo y es quién financia en gran medida a la mismísima OMS a través de la fundación GAVI (https://es.wikipedia.org/wiki/GAVI). No contento con eso, Gates está también tomando parte activa en el proceso de transformación de la agricultura de la India, en el que cientos de millones de agricultores se verán afectados por una nueva legislación nacional, introducida por el gobierno del Baratiya Janata Party de Modi, que les dejará prácticamente atados de pies y manos frente a las grandes transnacionales de la alimentación y los productos agrarios como por ejemplo Monsanto-Bayer, todo lo cual está generando una oleada de protestas tumultuosas contra el gobierno indio rigurosamente silenciadas por la inmensa mayoría de los medios occidentales. Con lo cual se demuestra que no hay mayor negocio en el mundo que ser un filántropo todo terreno. Y lo de menos es que las soluciones que estos filántropos ofrecen no tenga nada que ver con lo que desean los supuestos beneficiarios de tanta caridad cristiana.
(https://www.counterpunch.org/2021/02/26/we-need-democracy-not-billionaire-philanthropy/).

De manera que, dado que casi todos estos rasgos del nuevo estilo de vida que afecta a nuestras sociedades provienen del mundo anglosajón, he pensado que este artículo que pretende englobarlos, o cuando menos describirlos brevemente, no podía tener mejor título que un anglicismo más: “The Misering”.

Veletri