viernes, 22 de octubre de 2021

RELATOS, FAKES Y VERDADES

 “Decir de lo que es o no es, que no es o es, es falso. Decir de lo es que es, o de lo que no es que no es, es verdadero” (Aristóteles). 

 

Desde la noche de los tiempos la verdad es algo ansiado por el ser humano, aunque quizás sólo esté al alcance de los dioses ("yo soy el camino, la verdad y la vida", Juan 14:6). La verdad tiene capacidad transformadora de la sociedad y por eso Gramsci y Lenin dijeron que "es revolucionaria". También tiene capacidad de liberación ("conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres", Juan 8.32).  No obstante es difícil alcanzarla y por eso Sócrates dijo que “sólo sé que no sé nada” y André Maurois que "la única verdad absoluta es que la verdad es relativa". Por eso Popper dice que la verdad no existe y una teoría nunca es verdadera, sino la mejor que tenemos en un momento dado para explicar la realidad. Ésa es la razón por la que hoy ya no hay verdades sino relatos y en estos tiempos de posverdades, fakes y bulos, el límite entre la verdad y la mentira es cada vez más difuso.  

 

Dicen que la verdad es un bien escaso y que la historia está llena de mentiras porque la escriben los vencedores (aunque el tiempo da voz a los vencidos). Y que la primera víctima de la guerra es la verdad. Y que del dicho al hecho hay un buen trecho. Y que una imagen vale más que mil palabras (¿no será al revés?), y más en este capitalismo de ficción, donde dicha ficción es, por definición, mentira. Será por eso que los medios de comunicación están llenos de mentiras y Noam Chomsky habla de sus “10 Estrategias de Manipulación Mediática” para el control social por los medios de comunicación. Benjamín Franklin decía que las únicas verdades indiscutibles son que nacemos, la muerte y los impuestos. Pero yo creo que hay alguna verdad más. ¿O tal vez no? 

 

El Mono Sapiens lleva siglos buscando la verdad, pero lo que ha encontrado es la verdad oficial de los poderes. Y esto es así desde que el hechicero de la tribu transmitía su verdad. Y desde que Akenatón cambió la verdad religiosa del Antiguo Egipto, eliminó todos los dioses antiguos e impuso su nuevo dios Atón. Y desde los tiempos del “Acta Diurna” de Roma, el primer periódico del que se tiene constancia. Aunque como las verdades cambiaban, los emperadores romanos imponían sus nuevas verdades con la “Damnatio memoriae” o condena al olvido de sus enemigos. Y desde entonces los poderes nos transmiten su verdad oficial. Por no hablar de verdades goebbelsianas y todo tipo de verdades políticas, históricas y culturales, relatos socialmente aceptados e incrustados en nuestros cerebros (como la verdad franquista del No-Do, “El Alcázar” y la F.E.N.). Hoy las verdades son mentiras comunicadas por una propaganda muy sofisticada y sibilina que se basa en el “Neuromarketing, Marketing Emocional y Storytelling”. Se trabaja en las emociones y se crean historias falsas para transmitir a los consumidores “la verdad”. Informaciones que pasan directamente al tálamo y amígdala sin que procese el lóbulo frontal. O sea, mentiras y más mentiras a tutiplén (ahora se llaman fakes y bulos). 

 

Pero como el Mono Sapiens es listo y crítico, descubrió esas mentiras y se puso a buscar la verdad estrujándose las meninges con los ladrillazos filosóficos del racionalismo, empirismo, idealismo, romanticismo, positivismo, marxismo y todos los ismos posibles. Y cuando creía que había llegado a la verdad, resulta que llega el modernismo y pone en tela de juicio lo anterior y descubre el pastel, sus mentiras y sus falsas verdades. 

 

Vale. Pero tras darnos cuenta de estas mentiras, ¿Dónde está la verdad tras la deconstrucción sistemática de los paradigmas tradicionales? Si la modernidad es la mentira continua del falso horizonte del presentismo actual y la postmodernidad es la realidad troceada en universos fragmentados que corresponden a microrrelatos impregnados de individualismo, incertidumbre y subjetividad, ya no sabe uno dónde está la verdad. Porque, como decía Foucault, no hay conocimiento objetivo, sino epistemes o sistemas de conocimiento creados por grupos concretos para defender su poder. Y como según François Lyotard ya no son posibles los grandes relatos en la postmodernidad, la verdad hoy estaría conformada por pequeños microrrelatos o metanarrativas , con las consiguientes incredulidad y escepticismo sociales. Y si en el mundo actual todo es incertidumbre, individualismo y subjetividad ¿Dónde queda la verdad y la objetividad? ¿en proposiciones discursivas y trampas de lenguaje interesadas, como decía Wittgenstein? ¿en el pensamiento débil de Vattimo? ¿en el relativismo y el pensamiento líquido de Bauman? 





Tras las sólidas verdades ideológicas del comunismo, socialismo, anarquismo, liberalismo y demás ismos de la modernidad, llega la verdad de la postmodernidad, que es la incredulidad en los grandes relatos y el fin de las certezas del pensamiento. Así que terminamos con la cabeza caliente y los pies fríos rumiando conceptos y sin saber si la verdad está en la Postmodernidad, la Sobremodernidad, la Modernidad Líquida, la Modernidad Débil, la Segunda Modernidad, la Modernidad Tardía, la Ultramodernidad, la Automodernidad, la Transmodernidad, la Altermodernidad, la Post-postmodernidad y demás hallazgos lingüísticos y ocurrencias. Coño, muchos palabros, muchos pensadores y pocas verdades. Seguimos a oscuras y sin certezas. Quizás por eso Zizek nos invita a "desear lo imposible" y dar la bienvenida al "desierto de lo real" (desierto de la verdad, añado yo). 

 

 Resumiendo, tras las verdades duras y tradicionales, su deconstrucción por la Modernidad y los pequeños relatos fragmentados de la Postmodernidad, ¿qué nos queda? ¿el pensamiento blando, débil, líquido y postmoderno que arrasa con esas verdades duras? ¿la sustitución de la verdad filosófica por la verdad de comunicadores creativos y embaucadores imaginativos? (que hablan mucho de “reinventarse” y vaya si inventan) ¿la fría verdad tecnológica? ¿la cálida verdad del misticismo "prêt a porter" y espiritualidad new age neohippie? ¿las verdades culturales de Occidente, Oriente e Islam? ¿la  verdad del hedonismo nihilista de la sociedad occidental?  ¿la verdad del neomarxismo cultural  woke que habla de desmontar todo para volverlo a montar desde cero en un nuevo reinicio? (porque la democracia liberal está podrida de raíz y no hay que mejorar ni ampliar sus valores, sino destruirlos y sustituirlos por otros nuevos). 

 

Tras las verdades de políticos encorbatados y atildados, las verdades dudosas de pensadores ocurrentes, las falsas verdades de historiadores interesados y las verdades de la televisión con sus realitys de casquería, ¿podría la ciencia darnos la verdad definitiva basada en la evidencia del método científico? Pues quizás. Aunque no sé yo, porque la verdad científica no siempre es objetiva e incluso las matemáticas podrían mentir. Aunque si la Inteligencia Natural falla, podríamos echar mano de la Inteligencia Artificial. Pero como la IA no tiene emociones, podríamos concluir que tampoco da verdades al 100%, porque le falta esa verdad emocional. Y como en el cerebro humano la razón y la emoción van de la mano, pues seguimos en bragas porque si falta una de ellas no hay verdad. Pero tranquilos, la Neurociencia nos dice que el cerebro no busca la verdad sino sobrevivir. 

 

 Como me dijo un amigo, “no me cuentes verdades, que tengo las ideas claras”. O lo que es lo mismo, al final hay tantas verdades como seres humanos porque cada uno tiene su verdad personal. Y es que en este mundo traidor no hay verdad ni mentira, todo es según el cristal con que se mira (eso decía Campoamor). Por eso Antonio Machado decía “¿tú verdad? no, la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”.   

 

Mientras seguimos a la búsqueda proustiana de la verdad perdida necesitamos referentes y guías y por eso el ilustre Franco Battiato buscaba “un centro de gravedad permanente”. Y mientras lo buscamos, el pensamiento no para: como cantaba Ana Belén, “el pensamiento no puede tener asiento, el pensamiento es estar siempre de paso”. Entonces, ¿llegaremos algún día a la verdad? Ganas me dan de decir que no. Si acaso la puntita. Y a duras penas. Parafraseando a Machado, quizás la verdad esté en “los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón”. Porque somos caminantes que hacen camino al andar en busca de la verdad. Sísifos eternos buscando respuestas verdaderas. 






Un Tipo Razonable