sábado, 18 de agosto de 2018

LLEVAMOS UNA VIDA DE PERMANENTE DISLATE Y DISPARATE


Escucha la entrada: Aqui

¿Y quién está por medio? El silencio y el miedo. Ese resultado que sale de la mezcla entre el hastío al que llegó mucho gente a causa de la excesiva y desproporcionada prepotencia del poder, los continuos insultos y ataques a la inteligencia y a las personas, y las leyes pergeñadas para conseguir alcanzar tal estado de ánimo en la gente, sin dejar de sumar el aburrimiento que producen las clases políticas dominantes y la impotencia ante tanto abuso de poder.

No hay Democracia que se les resista. Para ellos todo es liso y llano. 
No respetan a nada ni a nadie, y les importa un comino la ciudadanía. Desean, y así lo consiguen, que sea la ciudadanía la que está al servicio de ellos.

El silencio y el miedo, el miedo y el silencio, son estados de ánimo que surge el uno del otro. El silencio es a causa del miedo, por lo tanto es inseparable, y el miedo es aliado perfecto para el silencio, por lo tanto su unión es irrenunciable. Y ese miedo, ese silencio, lo aprovechan para su propio interés todos los poderes de un Estado.

Prensa, Iglesia, partidos políticos, empresa, medios de comunicación en general, en especial las televisiones, y todo aquel entramado social que trata de aglutinar a las masas para hacer suyo el interés de uno o de unos pocos. Por ejemplo, los nacionalismos o los independentismos, salvando, claro está, algunas excepciones que llevan en sus intenciones un marcado carácter de tipo social o humanitario, ya sean organizaciones político/sociales, algún medio de comunicación minoritario, alguna que otra empresa de tipo familiar, o incluso alguna prensa de ideología también minoritaria. 

El resto, es manipulación para satisfacer tan solo a los intereses de un colectivo exclusivo, y de unos pocos. Pero todos aquellos pasan casi desapercibidos. Es casi como si no existieran, y en ocasiones, cuando muestran abiertamente sus intenciones, son motivo de rechazo porque de nuevo aparece el miedo y el consiguiente silencio, al llegar a la creencia de que, si siguen los pasos de esos que se rebelan contra el sistema, pudiera ser que llegaran a perder los aparentes privilegios de los que creen gozar en el día a día de su aburguesada vida y de sus falsas apariencias. 

Prefieren esconderse detrás de su mediocridad, antes de creer o apoyar a aquellos que les están alertando sobre la malignidad de un sistema que está acabando poco a poco, y en silencio, con sus vidas. 

Les surge el miedo y a continuación guardan el silencio que el sistema supo infundir en ellos/as. A partir de aquí, para el sistema es todo liso y llano, pues cuenta con aliados que, aunque tengan en sus mentes un cierto rechazo, no lo usan abiertamente por miedo, por precaución, e incluso por desánimo, pues tienen por creído que poco o nada van a poder hacer ante el poderío que aparentan las clases dominantes. Y ahí aparece de nuevo el silencio, el maldito silencio que permite que todo el sistema avance sin oposición alguna, sin estorbo y sin ni siquiera la más mínima crítica o atisbo de acción contra este.
Cometemos demasiados disparates con la pasividad y la inacción. No sabemos bien el resultado del dislate que estamos practicando. 

Es desacierto, es imprudencia, desatino, despropósito y locura. Es insensatez y ausencia de cordura.


Se hace urgente que vayamos desprendiéndonos del miedo que nos tiene atenazados, que nos anquilosa y nos traba, que nos bloquea el cerebro y no nos permite dar un paso adelante. Es como si dependiéramos continuamente del permiso de quienes mandan y ordenan, y por si el paso que pretendemos dar, les pudiera parecer mal o no gustarle, preferimos quedarnos quietos no vaya a ser que se molesten a los señoritos del cortijo, o les parezca mal el que avancemos hacia el lugar al que a ellos no les gusta o no le trae resultados a sus intereses. Es medievo, es cuartel, es sometimiento y sumisión. Es el miedo que nos aísla, que nos cerca y nos hace sitio, nos obstruye y nos incomunica. Es el silencio que deja las puertas abiertas a quienes entran aunque estén cerradas, pero que se las encuentran siempre abiertas, porque nunca las cerramos por miedo al qué dirán o a cómo se sentirán si se las encuentran cerradas a cal y canto los señoritingos herederos de la alquería o el rancho.

Pues bien. Pudiera parecer que lo que algunos pretendemos es cambiar el silencio y el miedo de bando, principalmente el miedo, y que sean ellas, las clases poderosas, las que alcancen el terror, el pavor y el pánico. Pues no es así. Los que pretendemos que las cosas cambien, no lo hacemos con la intención de que sean ellos los que pasen a sentir miedo a causa de nuestra acción contra sus intereses, sino que la pretensión que tenemos, es la de que seamos respetados, que seamos considerados como personas, que se tenga en cuenta nuestra voz y nuestra palabra, y que se nos tenga el debido aprecio como ciudadanos y como personas.

No obstante, ellos, las clases poderosas, sí que nos tienen miedo, pues elaboran y pergeñan leyes y normas para contener la indignación y la crispación que ellos saben que despiertan en nosotros. Entonces, si es así, que ellos ya tienen miedo, pero que ponen el escudo de su poder para acojonarnos y amedrentarnos, ¿por qué no usamos la fuerza del contrario a nuestro favor y les hacemos saber que no deben tener miedo, sino respeto y consideración, ya que nosotros no queremos, ni pretendemos, ni intentamos, que nos tengan miedo?

No creo que ante esta situación tan favorable a nuestros intereses sea prudente guardar silencio, ni sea oportuno ni necesario tener miedo. Tan solo queremos ser respetados y considerados.
Entonces, ¿por qué tenemos miedo y guardamos silencio? Y voy más allá, ¿por qué ellos tienen miedo y prefieren que estemos en silencio?
Debemos dejar de cometer tanto disparate en silencio, y pasar a la acción sin miedo.


Nuestra pasividad es un dislate.

Tititokokoki