miércoles, 28 de febrero de 2018

DE REYES Y VASALLOS

Dijo hace unos días Ada Colau que la recepción con el tradicional “besamanos” al Rey en el Congreso Mundial de Móbiles, es un “un acto de pleitesía y vasallaje impropio de una democracia del siglo XXI”. Y tiene toda la razón. El protocolo sobre el tratamiento hacia el rey español refleja exactamente eso. Exactamente el protocolo, y sólo el protocolo.

Hasta las revoluciones contemporáneas, los monarcas eran soberanos y el pueblo, sus súbditos; los reinos sus patrimonios, y las gentes que los pueblan, parte de ese patrimonio. Y dentro de esta teoría del Poder, una ligera variación que va desde el más recio absolutismo patrimonial de un rey como Luis XIV, hasta la soberanía muy limitada de los reyes castellanos y aragoneses de la Edad Media, pasando por la Monarquía Hispánica de los Austrias, de mucho boato y aparente majestad, pero relativamente escaso poder efectivo sobre sus extensos territorios, exceptuando Castilla.

Tan realidad es que los rituales de protocolo de la Monarquía son reminiscencias de ese pasado, como que Felipe VI no tiene súbditos. Felipe VI es el Jefe de Estado de España, y punto. La Jefatura del Estado es su más alta institución representativa, y el único deber de pleitesía que se le debe es el mismo respeto que merecen otras instituciones del Estado, como diputados, jueces y funcionarios. Y punto. Si tuviéramos una República, el Jefe de Estado de la misma tendría exactamente igual respeto. Y un tratamiento protocolario que sólo un obtuso ignorante puede interpretar como  que la persona del Presidente de la República está por encima de las personas que son simples ciudadanos.

Ada Colau sabe todo esto, o debería saberlo.  Y lo sabe porque como alcaldesa de Barcelona estará ya acostumbrada a protocolos que le rinden una cierta pleitesía, una actitud formal de reverencia, como lo del bastón de mando, o lo de tratarla de Excelentísima Señora. No creo que piense que las personas que están a su alrededor son sus súbditos por tener ese tratamiento formal hacia ella, o mejor dicho, no hacia ella, sino hacia el cargo que representa. No creo que en su fuero interno el debido respeto hacia su persona lo confunda con servilismo por reconocimiento de una natural superioridad, o de privilegio concedido por gracioso capricho del Pueblo. No lo pensará, y nadie pensamos así de ella.

La Monarquía como símbolo es una institución incompatible con la impronta democrática de libertad e igualdad para el acceso a los cargos representativos del Pueblo. Esto es así, no es discutible. Pero tampoco es discutible que la Monarquía española, copiada a imagen y semejanza de las monarquías europeas de hoy, en países que son ejemplo de Democracias avanzadas, es una Jefatura de Estado homologable a cualquier Jefatura de Estado de República, en las funciones que las Constituciones atribuyen a estas, que no tiene nada que ver con soberanos y súbditos, sino con ciudadanos representados por instituciones servidas por otros ciudadanos, mejor, regular o mal, pero representantes y representados.


Felipe VI o ciudadano Borbón es lo de menos, lo importante es que ejerce el cargo de primer servidor del Estado; bien, regular, o fatal, es un tema para otro artículo. Y estoy que seguro que si Robespierre levantara la cabeza,  estaría conmigo.

Mickdos