domingo, 25 de febrero de 2018

UNA ENORME FALSIFICACIÓN

Lo que vivimos actualmente, tanto a nivel internacional como local, es una inmensa y monumental falsificación. Y aquí podemos jugar dos papeles. Unos es ser falsificadores, sabiendo que lo que fabricamos es falso, imitación burda. La otra, es ser los estafados.

Ahora que cada uno decida. Si formar parte de la monumental estafa, echar fuera todo tipo de escrúpulos, prejuicios o sensibilidades, o directamente seguir comprándola. Y pagándola.
Es como si compras un bolso, una camisa o un pantalón falsificados. Mientras nadie sepa que es falso, cuela. Puedes presumir, pero nada de lo que hagas te hará desengañarte a ti mismo. Puedes intentar disimular ante los demás, pero por tus adentros sabrás que, además de estar engañando a los demás, también te estarás engañando a ti mismo.

No hay Democracia, la Justicia no está por ninguna parte. Tampoco se le espera, para desgracia y mayor redundancia en la falsificación.

Sí, tienes un trabajo, cobras un sueldo, pero, ¿qué hay detrás? Oculto están la precariedad, el silencio y las amplias tragaderas. Están incluso cosas sucias e inconfesables.

¿Dónde está el Estado de Bienestar? Falso, todo falso, como un bolso, una camisa o un pantalón. Ni siquiera si es de auténtica marca, se puede decir que no es una falsificación, pues detrás de los botones de la camisa, del asa del bolso, o de la petrina del pantalón, está escondida la esclavitud de aquellos que lo cosen todo a golpe de esclavitud disfrazada de nómina rácana y de abusos que harían vomitar a las cabras. No así a algunos cabrones. Menos aún a los hijos de la gran puta estafadores indomables. Timadores, trileros, chabacanos charlatanes de feria.
 
Cierto, podemos jugar ambos papeles, pero siempre será contando por una parte con que estamos estafando a los demás. Por la otra, es saber, es conocer, es ser conscientes, de que estamos siendo estafados. Para la primera tenemos que tener sangre fría, ser calculadores, aduladores y mentirosos al más puro estilo mafioso. Podemos y debemos sonreír aunque no podamos dormir de noche ni de día a causa de nuestra conciencia. Podemos aparentar, pero nadie nos quitará la sensación de estar siendo crueles. Incluso sabemos que somos hijos de puta, desgraciados, malnacidos y explotadores de seres humanos. Y si no nos damos cuenta mientras disfrutamos de la estafa, quizá en los estertores finales nos arrepintamos de algo, sobre todo cuando nos demos cuenta de que vamos a ser uno de los más ricos del cementerio. Nada más. Triste final para algunos, aunque mientras vivieron lo hicieron de puta madre. Pero nadie les librará del tortuoso final al ser conocedores de haber hecho mucho daño.

La otra parte, la que nos queda por delante, es la de sentirnos permanentemente estafados, engañados, con cara de ser gilipollas o de hacer el estúpido a niveles inhumanos. Mediocres a más no poder, pero impotentes ante tanto abuso de los estafadores. Y nuestro final, también será desgraciado. Pues si va a ser así, ¿por qué no nos cagamos ahora en sus muertos?

¿Por qué no los mandamos a todos a tomar por culo en vida? Ahora.


¡Malditos sean!

Tititokokoki