sábado, 22 de enero de 2022

LA LOTERÍA CÓSMICA (I parte)



El silencio. No se “oía” otra cosa que aquel maldito silencio que lo impregnaba todo.


Era como, si de repente, todas las cosas, hubiesen quedado quietas, inanimadas, sin movimiento. Sólo existía la inercia de la quietud. Aunque podía darme cuenta que era una quietud aparente, pues si bien no apreciaba el movimiento de la realidad que me rodeaba, sin embargo respiraban sin dificultad y eso me indicaba que las moléculas gaseosas del aire, entraban y salían de los alvéolos de mis pulmones a cada gesto respiratorio que realizaba. En realidad, no tenía ninguna dificultad en moverme.


Vivía una quietud extraña, exasperante, que aturdía mis sentidos aun no acostumbrados a aquél fenómeno. ¿Cuánto tiempo había pasado?... ¿un día, dos, desde aquél momento en que todo se paró, como si de un frenazo en seco se tratara?… Lo explico así porque no sé con exactitud cómo definirlo, de qué manera determinar aquella situación, aquél estado de cosas.

Eran las doce en punto del mediodía del 22 de diciembre del año 2000, el reloj de mi muñeca sigue siendo mudo testigo de ese hecho, marcando desde entonces esa fecha y hora, sin haberse movido en lo más mínimo su mecanismo cuando todo adquirió una sensación de quietud asombrosa. Pero no sin que antes diera lugar a inusitados fenómenos.

En los primeros momentos, en la confusión de los extraños y poco usuales efectos físicos que se fueron dando no sabía qué pensar, mi mente era incapaz de comprender absolutamente nada, sólo trataba de adaptarme a aquellas nuevas realidades que desafiaban y modificaban de forma radical la percepción sensorial del mundo que hasta entonces conocía. Después, poco a poco, fui entendiendo…

En el mismo momento en que empezaron a darse tan misteriosos fenómenos, la primera impresión que tuve fue del repentino y gran mareo que trastornaba mi sentido del equilibrio. De inmediato, llegué a salir impelido como si una mano gigante me arrancara de mi posición estática y me hiciera volar por los aires. De no ser por la mullida fronda de un parque cercano que amortiguó la aparatosa caída me hubiera matado, aunque seguí a continuación rodando por el suelo como una bola sin causa aparente. A pesar de haberme levantando en cuanto pude, tratando de mantenerme en posición vertical, la sensación de borrachera aun persistía y me costaba coordinar mis pasos en una tendencia de avance obligado que no podía evitar, haciendo que fuera dando traspiés, que me hacían caer de rodillas para de nuevo volver a levantarme y seguir avanzando por una inercia extraña que tiraba de mí sin sentido alguno. Tenía la sensación de haberme tirado al suelo desde un vehículo en marcha, pero con un empuje de inercia cien veces superior, no tanto por lo violento, sino por lo continuado. 

Al mismo tiempo que me sucedía esto, y desde los primeros instantes de estas extrañas sensaciones, un ruido enorme, como un rugido compuesto de multitud de sonidos distintos llegó a mis oídos dejándome medio aturdido. No supe de qué se trataba pues venía de todos sitios… y de ninguna parte. Simplemente parecía que se había creado de la nada en el aire. Ya más repuesto, con el torso doblado y los brazos extendidos hacia delante, como quien intenta mantenerse de pie a pesar de que lo están empujando, trastabillando un poco en pequeños pasos, me fui adaptando a aquella situación, percatándome, al mismo tiempo, de una cierta sensación de pesadez que hasta ese momento no había sido usual. Era como si pesara más, como si mi cuerpo hubiese adquirido de golpe algunos kilos extras, como si la atracción que ejercía el mundo sobre mí se hubiese incrementado. A pesar de ello, de ese aparente lastre, no me causaba grandes esfuerzos para moverme con un mínimo de soltura. Cuando miré a mi alrededor caí en la cuenta de que muchos edificios, sobre todo los más altos, habían quedado sensiblemente inclinados, precisamente, en la dirección hacía donde yo todavía acusaba esa sensación de vértigo que aun me molestaba. Llegué a observar que algunos, incluso, habían caído al suelo de ese lado, como si una gran fuerza invisible los hubiese abatido.

El aire, hasta entonces quieto, empezó a soplar cada vez con mayor ímpetu, adquiriendo poco a poco una velocidad espantosa. Tuve que correr para refugiarme en el interior de una cloaca cercana, que me protegiera de lo que sin duda significaría mi final si seguía a la intemperie pues la fuerza del vendaval iba arreciando. Llegué a destapar la entrada e introducirme en ella justo a tiempo en que el fuerte viento empezaba a despegar mis pies del suelo. Era impresionante, desde aquel abrigo abierto, ver volar toda clase de objetos, arrastrados por aquel huracán que había surgido de pronto, de la nada, sin causa aparente que lo justificase. Y esperé durante horas a que amainase. Salí con precaución del sumidero, el viento aun se movía pero no lo hacía con la fuerza del principio y podía mantenerme en pie. 

Deambulé de un lado para otro y todo era desastre y desolación. Muchos edificios estaban en ruinas, con los ventanales hechos añicos. Vehículos, contenedores de basura, mobiliario urbano de lo más diverso y mil heterogéneos objetos, se esparcía por todos lados de manera informe y caótica. Muchos árboles, arrancados de cuajo, tirados por aquí y allá, añadían al lamentable panorama más confusión si cabe. Pero, el mayor misterio, es que no veía a nadie, a ningún ser humano, hombre o mujer, vivo o muerto.


Con el trascurso de las horas el aire remitió cada vez más hasta llegar a una quietud completa, total, absoluta. Sólo sentía que había atmósfera si me movía con cierta velocidad, pero si no lo hacía, o los movimientos eran los normales, no había ninguna sensación de viento, ni la más leve brisa. De pronto me di cuenta. Creo que desde que empezó todo habrían transcurridos 12 ó 13 horas. Según ese cálculo tendría que ser las 12 de la noche, por lo menos… Pero el Sol seguía brillando, ¡Y no se había movido de su cenit!... Pero… no es el Sol el que se mueve, es el mundo, en su giro constante sobre su eje el que nos transmite la sensación del aparente movimiento del Sol… ¿Entonces?... ¡¡¡No puede ser!!!... ¡¡¡Era una locura pensar aquello!!!… Pero ¿¡qué otra explicación podría caber!?... Por otro lado, al repasar los fenómenos descritos, vas cayendo en la cuenta de que no existe otra explicación posible… ¡¡¡por aberrante que parezca!!!... Pero…, pero, ¿¡¡¡cómo habría podido suceder aquello!!!?... ¡¡¡El mundo se había detenido!!!… ¡¡¡Había dejado de rotar sobre su eje!!! ... ¡¡¡Esa era la única explicación posible!!! … 

Me senté anonadado sobre una piedra porque las piernas, por el estado emocional en que me encontraba, se negaban a mantenerme en pie. Las rodillas me temblaban, y no era por aquella sensación de mayor peso, eso era soportable sin mayor problema, sino porque mi mente estaba desbordada, incapaz de asimilar lo que, a todas luces, parecía una pesadilla. Una evidente y horrible pesadilla. Cubrí la cara con mis manos, confuso, desesperado, sin saber qué hacer. ¿Qué iba a pasar a partir de ahora?, ¿Qué nuevos y extraños sucesos el destino me depararía?... El abatimiento y la confusión era total. Llegaban a mi mente pensamientos extraños que no me gustaban. Pensamientos que nunca tuve, por azarosa que a veces la vida pareciera… ¡Pero, aquella situación!... ¡No, no!... tuve que darme un puñetazo en la cabeza para despejar los fantasmas del suicidio… ¡Estoy vivo!… ¡He soportado todos los horribles sucesos de estas últimas horas!... ¡Tengo que ser fuerte para enfrentarme a lo que sea!...

Entre amagos de sollozos motivados por la desesperación comencé a escuchar un ruido sordo, indefinido, que se hizo cada vez más patente, como si se tratará de viento, aunque era evidente que el aire no se movía… Y venía… de arriba…

En menos de un minuto hizo su aparición. ¿Qué era aquello?... ¿Qué extraño aparato. por llamarlo de alguna manera, se iba acercando desde lo alto, cada vez más, sin apartarse de la vertical en donde me encontraba?... Me quedé quieto, expectante, me dije a mí mismo que no tenía sentido salir corriendo ante aquella aparición extraña, me daba cuenta que ninguna acción de evasión que emprendiese sería eficaz, podría dar resultado. Tenía la sensación que, si quisiera, lo que fuese aquello, podría cazarme como a un conejo, con toda facilidad. Así que esperé. En segundos, aquel “aparato”, se posó en el suelo…

¿Qué estaba viendo?... ¿Un “ovni”?... ¿Uno de esos artilugios que la ciencia ficción nos presenta como naves de otros mundos?... ¿O, lo que narran tantos investigadores que dicen haber entrevistado a supuestos testigos de naves procedentes de otros sistemas cósmicos?... Creo que mi preocupación y miedo eran superiores a estas pueriles preguntas especulativas que no me daban respuestas. No quedaba más remedio que esperar, a ver qué pasaba… 


A los pocos segundos de haberse posado en tierra aquel extraño aparato, de su pulida y lisa pared externa se abrió, surgiendo de la nada, una oquedad totalmente circular, proyectándose desde la base de la misma hasta el suelo una especie de rampa luminosa. Parecía ciertamente luz, pero compacta, pues el ser humanoide que hizo acto de presencia en la puerta comenzó a bajar por ella. Al llegar a mi altura me saludó con lo que parecía una tranquilizadora sonrisa y me dijo:

-Bien, cuando quieras, podemos llevarte.

-¿Llevarme?... ¿A mí?... ¿Adónde?...

-Fuera de este planeta –contestó el ser-

-¿Fuera del planeta?... ¿Por… por qué?... –balbuceé-.

-Bueno, esa fue tu petición, ¿no?...

-¿Cómo que esa fue mi petición?... ¡No entiendo nada!...


Aquel ser, mirándome con una especie de paternal paciencia, me dijo:

-De acuerdo, te explicaré.

-Existe desde el principio de los tiempos, desde que el Gran Demiurgo otorgó permiso para que toda la materia del anterior universo, acumulada en el último y gran super-agujero negro, se transformara en una fontana blanca, en un espacio diferente, ocasionando otra vez la liberación de la misma en eso que vosotros definís como el “Big-Bang”, y que dio lugar al universo actual, el que tú conoces... Existe, como digo, una Ley Cósmica, emanada de la voluntad del Gran Demiurgo, que otorga, a través de mecanismos que sólo él conoce, dentro de los miles de millones de deseos que sus criaturas emiten en todos los mundos de seres inteligentes, la posibilidad de que ese deseo sea cumplido… ¡Y te ha tocado!...

-¿Cómo que me ha tocado?... ¿Tocarme el qué?... ¡Joder, no entiendo nada!...

-¿Recuerdas lo que deseaste, antes de que empezaran todos los fenómenos que has presenciado y que ha dado lugar a que este mundo se parara?

-¿Qué deseé… qué?... ¿No recuerdo?... –dije, ya sin saber que pensar, entre molesto e indignado-

-Si, dijiste: “¡¡¡Me cago en to lo que se menea: Que se pare el mundo, que me bajo!!!”... Y eso es lo que ha sucedido. En ese momento la Lotería Cósmica, según los designios del Gran Demiurgo, “volaba” –por decirlo de algún modo- sobre ti. Y, como diríais vosotros: Te ha tocado… Y te ha tocado con todas las consecuencias que tal deseo conlleva.

-Pero… ¡Pero, eso es una frase hecha!… sin ningún sentido, estaba ofuscado por algunos problemas personales y la solté por desahogo… pero no es la primera vez, algunas veces la digo en situaciones parecidas a las de ese momento… ¡Mucha gente dicen lo mismo!...

-Sí, sí, de acuerdo, pero las cosas son así, y así está establecido desde el origen de todos los tiempos universales, tanto los presentes, como los pasados y los futuros. Obedece al Plan de los Hacedores de Mundos, quienes tienen la potestad para hacer y deshacer en todo los órdenes de su Creación… Y no hay más que discutir…

Pero…

Y sólo me quedé en el “pero”, porque cuando me di cuenta estaba a bordo de aquel aparato, nave, o lo que fuese, viendo como el planeta donde había vivido hasta ahora se alejaba haciéndose cada vez más pequeño. No sé cómo sucedió pero caí en una especie de letargo, un sueño profundo. Cuando desperté según me dijeron esos seres, semejantes a los humanos pero con el típico aspecto, según la iconografía fantástica que conocía a través de narraciones y películas de ciencia-ficción, de estar vestidos con una especie de mono blanco enterizo adaptado al cuerpo, había estado sumido en una especie de letargo artificial que mantuvieron durante varios miles de años si lo comparamos con la medida tradicional del tiempo a que estaba acostumbrado. No quise siquiera pensar en ello, me daban nauseas sólo considerarlo ya que me encontraba a merced de unos acontecimientos que me superaban y no aceptaba explicaciones que me eran imposible de procesar. Me dijeron que me iban a reubicar en otro planeta de las mismas características del que dejé atrás, con un Sol y sistema solar parecido al que me encontraba hace ya… ¿cuánto?… no sé, me dije a mí mismo una vez más que no quiero saberlo, que no tenía ganas de especular con ello. 

Continuara...

Flansinnata