sábado, 5 de septiembre de 2020

IZQUIERDA, SIN MÁS DETALLES

 

La Izquierda en el Poder nunca es Izquierda ¿qué tendría que hacer para ser considerada tal por sus votantes autoconsiderados de indudable y genuina Izquierda? Si hablamos de estructura socio-económica "profunda", y ateniéndome a los múltiples debates sostenidos en este y otros foros: "repartir la riqueza"


Por lo general, se sobrentiende que repartir la riqueza es ya de por sí objetivo tan claro, tan evidente, que se explica por sí mismo y no hace falta detallarlo. Y que resulta como mínimo una sospechosa provocación pedir estas explicaciones. Pero hay que pedirlas, aunque no se sepa muy bien cómo ofrecerlas. Ahí empezaría la labor del que se tiene por genuino e indudable izquierdista: repartir conocimiento inmaterial, antes de abordar el reparto material.


Repartir por ejemplo los cientos -¡o miles!-  de millones que atesoran los grandes empresarios del país. Bien, pero siguiendo con el reparto de conocimiento hay que llamar las cosas por su nombre: antes de repartir, se trata de confiscar (mi padre siempre me dijo que la palabra "robar" está muy fea).





Confiscar puede ser popular o impopular dependiendo de dónde, del momento, y a quien. Pero este "depende" es algo en lo que tampoco entra el Izquierdista. Puede que por una intuición latente pero nunca confesada que le previene de entrar a fondo en esta materia confiscatoria, por sospechar que una vez te pones a confiscar "te embalas", que irás "pasando pueblos", niveles socioeconómicos como estaciones de Metro, y ya no podrás frenar. La sospecha, en fin, que la idea de "justicia social", tan agradecida de blandir cuando se ve de lejos el momento de arremangarse, se vuelve un resbaladizo pez a la hora de cortarlo en tacos concretos, para personas concretas.


Aunque también puede que sea por no saber ni por dónde comenzar a confiscar y repartir, incluso entre los más grandes empresarios. En el caso de un empresario, el 90% lo constituirían los valores de sus propiedades. Y a su vez el 90% del valor de sus propiedades, valor mercantil.  Si ya de por sí el precio de un valor mercantil es volátil y fluctúa en el mercado con gran incertidumbre y más miedo que vergüenza, imaginemos sin propietario. O con tantos propietarios que ninguno entre ellos se da por aludido sobre la responsabilidad de aumentar, o al menos cuidar de mantener, ese valor.


Yo soy partidario de confiscar la tierra cuyos derechos de propiedad son confusos o se deben a la conquista. Y porque al contrario que la propiedad empresarial, la tierra siempre tiene un valor, mayor o menor, con independencia de la titularidad de su propiedad. Ahí sí hay margen de actuación, Gordillo y compañía, y su guerra contra la aristocracia terrateniente, latifundista, rentista. Pero nótese que sus rasgos tienen poco o nada de empresarial: sangre "guerrera" aunque ya extinguida, exagerada extensión de hectáreas, raquítica o inexistente inversión y absoluto desentendimiento de la productividad.


Y por último tenemos la legislación. La prueba del algodón izquierdista son leyes que protejan a los pobres de los ricos. Lo primero, impuestos progresivos; muy progresivos, extremadamente progresivos a poder ser. La progresividad fiscal llegando al límite de sus posibilidades físicas  -como la pendiente del Angliru en los puertos de montaña-  . Vendría a ser una socialdemocracia llevada al límite de sus posibilidades. Un momento ¿he dicho socialdemocracia? ¿esa historia de éxito y fracaso a la vez, de quiero y no puedo, de voy pero vengo?... da jaqueca sólo de pensarlo, y la Izquierda sin más no puede permitirse este lujo. El lujo de abordar estos ni otros detalles, al menos hoy no, que esta noche hay que dormir bien.


Mickdos