jueves, 4 de abril de 2019

ELOGIO DE LA AUSTERIDAD


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Esto no tiene nada que ver con el Austericidio de Rajoy, con recortar los recursos de la sociedad para dárselos a los bancos y favorecer a las grandes fortunas y especuladores.

La primera vez que oí esa palabra fue en mi adolescencia, cuando aprendí la ley scout, cuyo 8º artículo se formulaba “el scout es austero, trabajador y cuidadoso de los bienes”.
Lo mejor de esa ley es que está formulada no con prohibiciones sino en positivo, y el hecho de cumplirla me hizo más libre y más feliz. Descubrí que hacían falta muchas menos cosas para vivir,
y que algunas que uno daba por obvias no eran tan asequibles cuando uno está en plena naturaleza:
de nada servía un billete de mil pesetas cuando se me había olvidado llenar la cantimplora y atravesábamos los campos yermos de Soria bajo el sol estival (con Machado en el corazón).

El mejor saco de dormir del compañero, relleno de plumas de ganso (el saco y también su cabeza de pijo), era inútil si no habías retirado cada piedra bajo la tienda. Y cómo agradecimos que en un refugio alguien dejara un paquete de arroz y una lata de foie gras que nos calmó el hambre: nos supo a gloria esa noche. Pero dejo las batallitas del abuelo Cebolleta y voy al presente.

Esta sociedad está construida sobre el consumismo, es lo que hace que se mueva el dinero, lo que marca la producción de bienes (la mayoría con obsolescencia programada) y genera la contaminación que puede hacernos desaparecer, o al menos enfermar gravemente. El capitalismo nos niega nuestra dignidad de ciudadanos y nos define como consumidores y productores de bienes, en colaboración cada vez más estrecha con las máquinas y robots.

Pero ese planteamiento es desmontable y tiene fecha de caducidad porque el límite de lo que la Tierra puede aguantar está cercano: el aire, los mares y los campos no aguantan tanta producción de basura y nuestra vida se va degradando a la vez que la Naturaleza a la que pertenecemos.
Nuestros padres vivieron otro mundo, y su vida fue más auténtica que la vida virtual que nos va ofreciendo el Gran Hermano de Orwell en una Matrix a la que la mayoría se somete como borregos.

¿No es suicida, por ejemplo, que los padres acepten que sus hijos jueguen al Fornite? Una página web (casualmente, con mi nick traducido al inglés) afirma con cinismo:
“Common Sense recomienda Fortnite para adolescentes de 13 años en adelante, principalmente por el chat abierto y la violencia, pero cada niño y familia es diferente, y tú sabes mejor que nadie para qué tipo de contenido está preparado tu hijo”

Eso hace que los padres (tan expertos ellos en educación, pedagogía y psicología) dejen que sus retoños de ocho y diez años gasten horas diarias en un juego tóxico que consiste en asesinar a todos los demás, humillar a los vencidos y cuyas mejores armas se pueden adquirir pagando dinero real:

“El pase de batalla es un objeto premium, y cuesta 950 paVos. Puedes comprar un pack de 1.000 paVos por unos 10 euros, o conseguir paVos in-game realizando distintas actividades”. 

Así la empresa desarrolladora del juego, “Epic Games podría haberse embolsado más de tres mil millones de dólares solo en 2018”.
www.20minutos.es/videojuegos/noticia/fortnite-epic-3-millones-dolares-2018-3528515/0/

Tal dato, que supera el PIB conjunto de los 9 países más pobres del mundo, se logra a que tiene 200 millones de usuarios. Cada cual tome nota.

Vuelvo a la sabiduría de nuestros padres:

“Pobre pero honrado”, “Prefiero una sardina debajo de un puente, a no dormir con la conciencia tranquila”, “No es más rico el que más  tiene sino el que menos desea”. 

Refleja la dignidad pura: una pobreza al estilo de Francisco de Asís, que nada tiene que ver con la miseria moral, con la envidia, con la impotencia. Es una actitud ante la vida de saber que está en manos de uno el saber vivir con lo necesario, el apreciar lo que nos rodea aunque no sea de nuestra propiedad, el reconocer la evidencia de tantos imbéciles que han acabado siendo los más ricos del cementerio después de haber depredado sin medida cuanto pudieron, generando sufrimiento por donde pasaban. ¿Quieren ejemplos?:

El Botín que se libró de la cárcel porque alguien amigo dejó prescribir su causa judicial; el Blesa de Caja Madrid que hundió nuestra mejor caja de ahorros; el recientísimo Álvarez Conde, que prostituyó la URJC hasta hundir el exiguo prestigio de la universidad fundada por el PP…

¿Por qué va a ser risible la “solución habitacional” que la ministra Trujillo proponía en 2012?:

alquilar 30 metros cuadrados para una persona o una pareja bien avenida, ahora que vuelve la burbuja y en Madrid se paga entre 3000 y 6000 euros el metro habitable. ¿Hay que seguir el ejemplo del Macho Alfa, e irse a una urbanización con una casa de 268 metros cuadrados, a casi una hora del puesto de trabajo?

¿Por qué perdemos el culo por los platos de diseño que nos ofrece Master Chef y los gurús de la Nueva cocina, mientras atiborramos a nuestros hijos con comida basura? Con las legumbres diarias y el ejercicio habitual que quemaba el colesterol, muchos de nuestros padres casi alcanzan el siglo, como olivos centenarios. Mientras nuestra sociedad está con un 20% de obesidad, sobrepeso, diabetes y colesterol, fruto de la mala alimentación y el sedentarismo.

¿Por qué decir que el acceso a la cultura es caro, cuando las bibliotecas públicas prestan libros, CDs y DVDs, cuando una entrada de teatro cuesta lo mismo que una cena mediocre, cuando muchos museos son gratuitos unas horas a la semana, cuando las galerías de arte están abiertas a cualquiera, cuando las conferencias son abiertas?

Pero parece que, para muchísima gente, las series de moda son el agujero negro de su tiempo, que acaban quitándoles hasta horas de  saludable descanso. Y bien que pagan la suscripción mensual, sin reparar en gastos.

El mayor tesoro de mi padre es una biblioteca que no alcanzará los mil volúmenes, pero que cada libro ha sido leído con interés, con deseo de aprender algo nuevo, significativo para la vida o para entender algún aspecto de nuestro mundo: la historia, la Naturaleza o la condición humana. Son miles de horas de sabiduría, de reflexión, de argumentos sobre los que conversar. Un paraíso comparado con el ruido mediático y de las redes sociales.

Esto es lo que yo considero “Civilización”. No me sirve el Progreso hacia ninguna parte.


Sentido Común