miércoles, 10 de abril de 2019

La España Vacía/vaciada



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Todo tema tiene título.

Un título es el mejor resumen de un tema, su síntesis. Reconozco, de entrada, que este título lo he plagiado. Voy a procurar, como compensación, a partir de aquí, personalizar el desarrollo, la hipótesis y la tesis. Anuncio así, que nadie espere nada interesante. Que todo será subjetivo, parcial, imperfecto y hasta erróneo. Que los diversos puntos de vista, surgidos de los avispados opinantes, pudieran enderezar algo este entuerto, y que, si las opiniones discurrieren por caminos ignotos, como es al uso, tampoco pasa nada.

Decir España vacía es un corolario o perogrullada, un oximorón o contraste, algo que “tokiski” conoce y algo tan sangrante que hasta los políticos (en periodo electoral) lo tratan. Menos mal que no cumplen, pues lo terminarían de joder. Todos, como todo.

El término “España vaciada” es un hallazgo, la descripción teórica de los inútiles, que encuentran culpables antes de poner soluciones sobre la mesa. Pero una genialidad, porque han dado en el clavo, consciente o inconscientemente. Es un diseño, como trataré de concluir.

Acostumbramos a introducir con un preámbulo, más o menos literario, como aval argumentativo, nuestros mensajes o posts: Nadie, Mickdos … arrancando incluso desde la noche de los tiempos. No me resisto a imitarlos, por la solvencia que los acredita.

Por tratarse de un tema demográfico, hemos de suponer que superada la revolución Neolítica, tan socorrida para este tipo de relatos, el flamante homo sapiens, se fue especializando en la vida en sociedad, fundo las ciudades milenarias en los fértiles zonas bajas de los grandes ríos. Desarrolló así una cultura de producción de alimentos paralelamente al descubrimiento y elaboración de todas las ciencias, leyendas y mitos. Descubrió la técnica, perfeccionó las armas, disfrutó del arte, en definitiva, entró en el progreso, sano y sostenible. Se inició también en el progreso insano y depredador.

No siempre las ciudades perduraron. A lo largo y ancho del mundo encontramos ruinas, ciudades que fueron abandonadas, por cambios de vida, por pestes, por razones climáticas, por guerras y en algunos casos no se han podido determinar las causas de tal tragedia.

Sobre la despoblación en España hay mucha información escrita, enlaces para aburrir en internet, PDFs, tesis , publicaciones de todo rigor y extensión.  Voy solo a perfilar unos simples y breves datos para dar paso, primero a mi opinión al respecto y, ya luego, al veredicto docto de los lectores.

En España la población ha aumentado en los últimos cincuenta años. Han crecido considerablemente algunas ciudades, Madrid, Barcelona, Málaga, Valladolid (por poner un raro ejemplo en Castilla-León) y han disminuido, a veces en proporciones alarmantes, otras. 14 provincias se encuentran afectadas por la despoblación, en estado crítico algunas, a la cabeza de las cuales estarían Soria y Zamora.

El 80% de la población vive en el 15% del territorio. Un 80% de los municipios son desierto demográfico, un páramo humano. De los 8. 124 pueblos de España cerca de tres mil han entrado en zona de peligro de desaparición sino han desaparecido ya.

En los pueblos no se escuchan los griteríos alegres de los niños, se escucha el silencio triste de los ancianos. Los pueblos huelen a muerto. Se llevan con ellos una cultura rural de subsistencia, sostenible, respetuosa con el planeta. Irrecuperable. Nada apetecible, pero valiosa. Hemos dejado de ser autosuficientes para pasar a ser dependientes. Del Homo útil al Homo inútil.

Sabemos por la historia que nos invadieron los Árabes y que estuvieron con nosotros desde el comienzo del siglo VIII hasta finales del XV. Como resultado de la ocupación el territorio se despoblaron amplias zonas. Con la Reconquista se repobló. Los trabajadores nunca fueron dueños de la tierra sino sufridores de sus trabajos y paganos de diezmos y contribuciones. El beneficio lo han llevado siempre los de siempre. Antes la Iglesia, la realeza y la nobleza y ahora los gobiernos que nos explotan como si fuéramos su granja. Aquel diseño de hace casi mil años hace hoy día aguas por todos los lados.

Y es que la última plaga, peor que las narradas en la Biblia, se llama capitalismo. Salvaje, si se prefiere, porque en su evolución, ha terminado siendo criminal. Acabará destruyendo la vida humana y degradando el planeta. La justicia y la igualdad las ha prostituido ya, amén de instituir la pobreza de muchos como rehén y aval para la opulencia de unos cuantos.

 No se ha descubierto todavía la vacuna o el tratamiento de semejante monstruo mortífero. Puede que no haya futuro. Nos ha traído un mundo al revés. Ahora los obreros votan a v0x y los intelectuales siguen citando a Marx, envejecido y obsoleto. Los políticos no tienen el poder, son los comerciales de los votos, los comisionistas del atontamiento general. Sólo los depredadores económicos manejan los hilos de las marionetas.

Todo ha ocurrido en los últimos 70- 50 años. Hemos pasado de una economía, una tecnología y una organización cuasi medieval a una aceleración vertiginosa de los adelantos y las técnicas ( mejoras envidiables, pero de adaptación traumática y resultados penosos) En toda la península interior había unas técnicas de explotación y utensilios muy similares, muy rudimentarios. 

La explosión demográfica de la postguerra, la dureza de la vida rural y la industralización de las zonas pobladas produjo una brutal emigración interior. Como consecuencia aparece la imposibilidad del mantenimiento de los servicios, que a su vez provoca más emigración, más envejecimiento  y  más disminución de los nacimientos.

Y aquí entra el capital y el diseño político en el juego. Las explotaciones familiares fueron obligadas a modernizarse para ser más rentables al sector industrial. Hasta la desaparición de todas las que no se mecanizaron o no pudieron organizarse humanamente. Aun hoy, aquella generación de explotaciones más modernas están amenazadas de desaparición a causa del diseño del sector industrial, el capital manda y el dinero no tiene patria, en complicidad con el apoyo político 
(los chupatintas del dinero) está dando lugar a una auténtica restructuración territorial con el despojo de las tierras abandonadas que nadie trabaja ni puede heredar, el cambio de titularidad o gestión a manos de multinacionales de la producción, la creación de macrogranjas e industrias transformadoras en las mismas manos, dueños de los alimentos, de los fertilizantes, de las semillas y de control total de la nueva clase de desheredados y expulsados del sistema. Cantera del nuevo esclavismo.


Proust